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10 Cumbias de los noventa

¿Vuelven los noventa? que vengan, se la vamos a tomar toda. Ahrre que batía intertexto heavy. En fin, 10 cumbias de aquellos maravillosos años en Burra:

Dani con el pueblo

En pie de guerra – Sombras

Piensen en el Mundial 86. Piensen en Maradona. Primer recuerdo o momento: el gol a los ingleses. Nadie dice el segundo a Bélgica. Y fue un golazo, pero el inmortal era el otro. Dani Agostini vendría a ser el Diego de aquellos años y Sombras Nada Más un discazo, que vivió a la sombra de Boquita de Caramelo. Básicamente es la historia de un mañanero del Flaco, ni más ni menos, que pudo haber sido su gran hit si un par de años antes no revolucionaba al gobierno menemista con La ventanita.

“No me voy a defender, no me quiero defender.”

 

Himno del cucumelo – Rodrigo

Disculpame Cabra y Las manos de Filippi, pero chori y fernet matan a tu pan relleno leyendo a Trotsky. Corte Pity Alvarez, después del pelo largo y antes de la tintura, también antecesor a la fama de A 2000, con videoclip tan lisérgico como los hongos. Solo él podía ir con saco y pantalones de cuero a Misiones a regar bosta para pegar falopa. Bueno, Duhalde capaz también.

“Conseguí pasaje, ya estoy en Misiones.”

 

Quiero vino – La Mar’k

En el 2001 cualquiera le cantaba al vino, pero había que hacerlo en el 95 eh. Mientras Mi vida loca de Los Decadentes se consagraba como el álbum fiestero por excelencia, un par de pibes decidieron apostar a la fórmula, sacarle el tono a Cucho y que el diferencial sea una negra bailando. Cumbia, ska, reggae, fermentación de la uva y a disfrutar de Mingo Cavallo.

“Dame un tinto, dame un tinto, dame un tinto.”

 

Lo escribí en un boleto – Poca Plata

Modernidad, horrible y puta modernidad. Hay que estar en el momento justo en el lugar indicado y PP lo estuvo. Hoy la SUBE se cagó en ese símbolo que era el boleto capicúa y anotar ahí el teléfono de línea de la pibita a la que le tocaste el orto sin querer en el bondi y miró con cariño. Sacá la nostalgia y el teclado, los trajes, el pasito, la voz, todo está mal. Un toque le cabió haber perdido el boleto, lo que hoy equivale a que se te tilde el celular y tengas que meter restaurar de fábrica.

“Lo escribí en un boleto, lo guardé como un secreto.”

 

Mi nena mi nena – Peluche

Todo lo contrario al histórico “pídeme la luna te la bajaré”. Una guitarra, chabón. No seas ratón, si acá no te ve tu papito. Peluche fue lo más parecido a AC DC que produjo Magenta, con guitarras sucias acompañadas por un acordeón y un siku. La inspiración de Ráfaga, por si alguien pensaba que Richard era innovador. La clásica boy band con sacos ostentosos y pecho al descubierto, pelo largo y húmedo y el abuso de “nena”. De la palabra, claro. Se supone.

“Mi nena, mi nena, me pide que le compre una guitarra.”

 

Contra la corriente – Media Naranja

Canción originalmente compuesta para Marc Anthony, esta especie de banda satélite de La Nueva Luna se ganaba un lugar en la escena cumbiera de fin de siglo. Martín Gallo cantaba parecido al Chino, la guitarra estaba afinada en el mismo tono que la del Mago y el “cumbia de la pura” acompañaba cada track. Y ya que estamos en plan de hacer homenajes, esta mélodica con olor a tango se cantaba a grito pelado en el baile, en la ducha o en la bici.

 “Tienes el control de mis sentimientos.”

 

El dolorcito – Epidemia

No fue una banda que trascendió, ni que hizo algo distinto a lo que estaba de moda, ni tenían nada raro. Dos cantantes, capaz. Pero fue el primer casette de cumbia que me compré. Algo me llamaba la atención en Epidemia, que describía el amor como algo tan simple como el masoquismo de querer sufrir. Pero la canción es otra y es más pegadiza que defensor uruguayo en la Copa América. “Qué dichoso me sentí cuando dijiste que era tu negro”. Chupala, Nino Bravo.

“Cuando no estoy contigo se me mete un dolorcito.”

 

Cartas de amor – Montana

Two hits wonder, pero qué hitazos metió Elio. Qué será seguramente fue el mejor, pero cualquier canción que incluya a un chabón leyendo cartas de amor, cuando hoy revisás si la mina de la otra noche actualizó Tinder, te llena de nostalgia el pecho. El coro de fondo del estribillo pudo ser grabado en Abbey Road, desde el baño capaz. Pero era dolor en serio, de ese que pensás “qué hija de puta”, lo dejó solo y condenado a recordar. O totearse.

“Fueron sus ojos, su boca, su piel y sus besos.”

 

Abrí la puerta – Luz Mala

Woodstock, 1969. Miles y miles de jipis pidiendo por la paz mundial. Sale Hendrix, guitarra en mano. No, ni él podría haber arrancado con el punteo de esta canción. Seguí prendiendo fuego guitarras que no te va a salir. Salta Luz Mala, con esa lechuza en la camisa, salta la tribuna de Tropicalísima y no es para menos. El dúo que conquistó corazones por un par de meses no solo abría la puerta para encontrarse una mina en bolas llorando abandono, sino las del éxito, efímero pero delicioso.

“Dame un beso, te perdono.”

 

Casi la mato – Los Chakales

Para el final, el Hola Inadi más grande de la historia de la música. Hoy todo estaría prohibido. Intento de femicidio por homosexualidad, tenés que mezclar el Ni una menos con la marcha del orgullo LGBT. Básicamente Julito, con su voz aflautada y sus trenzas bahianas, le explicaba al juez que le metió un corchazo a la novia por engañarla “de modo no natural”, o sea tijereteando. ¿El dato colorido? Las actrices del video fueron Samantha Farjat y Natalia Denegri, contratadas con las regalías de Vete de mi lado.

“No comprendí esta ironía de la vida.”

 Martín Burgos

BURRA