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100 notas, 100 cumbias de nuestros lectores

Esto que estás por leer es el artículo cumbiero número 100 que publicamos en Revista Burra. Es la nota más enamorada, caprichosa y exuberante de la historia universal.

100 notas cumbiamberas, 100 cumbias de nuestros lectores. 100. Nunca dejes de cantar.Juntos

1 Burra en el santuario de Gilda

“No se trató de otra cosa. No conforme con ubicarse en un sistema productivo propio del macho activo dominante, no conforme con morir y ser un recuerdo, su trabajo por excelencia terminó siendo el de conceder milagros”.

no nos olviden-

Corazón Valiente – Gilda
@gigirula

Sé que en estos días, a veinte años de su muerte y con el estreno de una biopic, decirse fan de Gilda es un cliché. Tampoco voy a mentir, en 1996 yo tenía 10 años y todavía cantaba canciones de Xuxa. Está bien, no la sigo desde Cemento o mejor dicho desde Terremoto Bailable, pero no miento si digo que desde mi infancia Gilda me acompaña. Y si tengo que pensar en mi cumbia favorita es obvio que la Santa Patrona de la Música Tropical es la primera que aparece en mi mente.

Mis primeros recuerdos de su música se remontan a los bailes en la escuela que se organizaban para que los pibes de séptimo pudiera hacer su viaje de egresados. Ahí mientras flasheabamos boliche con una bola de espejos, me cansé de bailar Fuiste y corear No me arrepiento de este amor. Hacíamos todos los pasitos de Volcán y Malakate. Con mi hermana comprábamos unas revistas que traían cassettes con cinco temas de cumbia de cada lado. Como siempre fui medio snob mi cumbia preferida en ese tiempo era Lo escribí en un boleto de Poca Plata, nada de mainstream corte Comanche.

No sé para qué toda esta disgresión si no hay que justificarse para tener una cumbia favorita. A la gilada ni cabida. En fin.

La cuestión acá es que uno puede cantar y bailar mil veces una cumbia. Pero llega un día en que finalmente le encontrás el sentido profundo a lo que apenas un instante antes era una conjunción palabras y sonidos. Esa revelación luminosa se hizo carne en mí cuando entendí cabalmente de que se trataba de tener un corazón valiente. Me di cuenta de que esa canción le calzaba a mi historia y a mis sentimientos mejor que cualquiera de los Reggae Jeans que se promocionan en Pasión de Sábado. La canté cual mantra para darme fuerzas. Obviamente caí en la trampa, bebí el veneno y no me importó nada. Los corazones valientes son así, prefieren arriesgar porque no están para quedarse con la duda de lo que podría haber sido. Para que les voy a mentir amigos, hoy estoy aprendiendo cómo duele el alma con un adiós. Pero todo el dolor se sobrelleva mejor si hay una voz amiga que nos acompañe, nos arrulle, nos haga sentir acompañadas, nos cuente que ella también estuvo ahí, que no nos preocupemos, que todo va a estar bien.

Todo eso es Gilda para mí. La afirmación permanente de que la vida sin cumbia y sin un corazón valiente es un error.

Duraznito – Pibes Chorros
@Galaninmaduro

Mi cumbia favorita es Duraznito de los Pibes chorros, una melodía triste y amarga que retrata el desengaño de un poronga tras barrotes que lamenta menos la cárcel y la pérdida de dinero que la mojada de oreja que les asestó el bobito del grupo.

Un irónico himno contra el bullying con reminiscencias tangueras.

Mara del Carmen – Andrés Landero
@condoblece

No podría decir cuál es mi cumbia favorita porque me enamoro de una distinta todo el tiempo. La de este momento es Mara del Carmen de Andrés Landero.

Además de que el vallenato es uno de mis estilos favoritos y de que Landero es uno de los que mejor lo supo tocar, esta canción habla, como tantas otras, de Cartagena, que es la ciudad donde la cumbia nació. Me gusta porque, como yo la entiendo, habla de la playa y de una mujer que le da sentido a la ciudad: el recitado del comienzo dice:  “Mara, cuando llegas a la playa/ te pongo dos celadores/ mandé a hacer la muralla/ para que nadie te robe”.

Me gusta de Landero que, aunque era un gran acordeonista, no pretendía pelar virtuosismo. Es una canción sencilla y muy hermosa que habla de una mujer que hace a una ciudad en sí y al mismo tiempo transmite muy bien el espíritu de esa ciudad y de esta música, que son una sola cosa.

Olvídala – Los Palmeras
@jardinextranio

Mi cumbia favorita en estos días es Olvídala en la versión de Los Palmeras. Me gusta porque tiene bolero, rap, sinfonía y gospel. Para mí es cumbia progresiva ¿Nunca se imaginaron a las cuatro cabezas de los de Queen cantando olvídala mejor olvídala, arráncala de ti, ya tiene otro amor en el video de Bohemian Raphsody?

Esos coros me emocionan, hermano. La parte en la que Cacho rapea comohagocompañeropadecirlequenohepodidoolvidarla es genial, transpirado con el pecho al aire, tieso. Le ruega que vuelva pero al toque le dicen la posta. El chabón sabe que bardeó pero lo intenta igual. Lo tratan de convencer de que la deje tranquila y al final afloja. Querés drama, ahí tenés drama.

Cumbia con introducción, nudo y desenlace. Cumbia con todas las propiedades. Amor, deseo y nostalgia. 

Con la misma canción  – El Polaco
Jazmín Spanarelli

Eran las diez de la noche/ y no podía dormir/ tomé la llave del coche/ y dije voy a salir/ llegué a una discoteca/ de fama popular/ apenas entré en el área/ me empezaron a shockear/ el dj la cabina mi música a sonar/ pero yo nunca imaginé con qué me iba a encontrar…

Esta es la cumbia que elijo y la elijo con fuerza porque habla del tipo mambeado, pensativo, sensible, que se cuestiona la casualidad.

Una letra que intenta explicar cómo su amor usa sus palabras, palabras que  él le dedicó a ella en otro momento, para cantárselas a otro.

Un tema que abre para pensarte toda la historia, a él en su cama volviéndose loco, subiendo al auto, parando en una Esso a comprarse un mecano, entrando al boliche, personas que lo saludan, empieza a sonar te conocí o deja de llorar  y él se sonríe, las chicas menean y agitan los brazos como si no hubiese un mañana, la gente se abre y se arma un círculo perfecto donde él la ve a ella cantándole el tema a otro macho.

Esta canción tiene a un polaco que no la puede creer.

Que dolor que siento  – El Polaco
@JulioFalcioniDT

Un Samuel Coleridge de campera de jean rescata una flor de un sueño.

8. Boquita de caramelo

“All you need is love. En 1995 el país entró en recesión. Porque la vida, la devaluación de la moneda mexicana, el recordado Efecto Tequila, sumado a importantes sequías y por ende la creciente necesidad de divisas y el constante endeudamiento generaron un clima de incertidumbre y desocupación que en los barrios poco a poco comenzó a notarse. Vos en cualquiera, sólo necesitabas Xuxa, amor, convertibilidad y televisión. Eran tiempos de precios estables y ratings estallados. La cumbia tomaba por asalto ATC“.

Boquita

La Ventanita – Grupo Sombras
@Lantos

Yo tenía 12 años, cursaba séptimo grado y estábamos de viaje de egresados en Villa Carlos Paz. El boliche era Keops, creo, o el Molino Rojo. Como fuera. La cuestión es que yo era parte de la primera promoción de una escuela bastante nueva y en mi clase éramos 11 ó 12, no más. Así que para el viaje nos emparejaron con otra, una pública de Villa Pueyrredón, no me acuerdo el nombre. En ese grupo, que compartió con nosotros toda la semana, hotel, visitas guiadas y salidas nocturnas, estaba Vero.

Todos amábamos a Vero. Era alta, morocha, con el pelo larguísimo y ojos enormes. La clase de chica que te gusta cuando todavía las categorías “tetas” y “culo” no entran en tu radar. Todos amábamos a Vero pero yo fui el único que me animé a sacarla a bailar, esa noche, en Keops o en el Molino Rojo. Yo, que nunca antes había bailado; yo, que tenía menos ritmo que un lavarropas; yo, que era más tímido que una ardilla, la vi sola, momentáneamente alejada de su grupo de amigas y la saqué a bailar. Sonaba La Ventanita.

Era la época en la que cumbia empezaba a romper la barrera de la General Paz para comenzar a sonar en los bailes y las radios chetas. En Fm HIT pasaban Comanche, Sombras, algo de Peluche o de Volcán. Yo, un niño de clase media intelectual, en plena transición a la adolescencia, no me permitía disfrutar de esos placeres culposos, hasta que en ese viaje de egresados caí rendido a sus encantos. Al volver, ponía cumbias en casa. “¿Ahora te gusta la cumbia, Nico?”, me gastaban. “Si. Es la música que le gusta a las chicas”. Esa era mi excusa.

Fue un romance bastante fugaz. Volví a Buenos Aires. Con Vero salimos un par de veces a tomar helado o al cine y después a Mc Donalds, hasta que se puso de novio con uno más grande, de su barrio y no volvió a darme bola. Yo decidí que la cumbia ya no me gustaba tanto y retomé mis consumos culturales de toda la vida, mientras incorporaba nueva información: descubrí el rock, después el metal, por último el punk. Crecí. Formé prejuicios; me deshice de ellos para formar otros más actualizados.

Casi diez años más tarde, ya casi adulto, ya un poco músico, volví a interesarme por la cumbia. Entré por ese compilado de cumbia peruana psicodélica que estuvo de moda la década pasada, me quedé por los clásicos de Colombia, me fasciné con el sincretismo talentoso de Lescano y redescubrí, al fin, los temazos de la que para mí es la época dorada del género en este país: la segunda mitad de los 90s.

Más allá de Vero, aunque no pueda separar la canción de ese recuerdo, La ventanita sigue siendo mi canción preferida. Quizás porque logro identificarme más con el romanticismo sufriente de su letra que con el estereotipo de macho superado más habitual en las poética del género. Digamos que yo soy mucho más desde que me dejaste no hago más que extrañarte corazón que que llore, que sufra esa malvada.

A veces me gusta pensar a La ventanita como un tango tropical: su temática, cierta cadencia en el fraseo de Agostini en esa canción, la sutil melancolía escondida detrás de una melodía enérgica, todo eso me remite al pathos tanguero. Probablemente es un delirio que no pueda sostenerse en una discusión razonable entre dos personas sobrias. Pero este es mi texto y digo lo que quiero. Como sea, se trata de una de las mejores canciones de amor que se escribieron en este país en las últimas décadas (quizás la mejor que no haya escrito Jorge Serrano) y por eso (y por Vero) es mi cumbia favorita. Ahí tienen. Lo dije.

@ontologa

La ventanita es un hit. Cae completamente por fuera del hermetismo cumbiero más hardcore. La ventanita es un hitazo noventoso del romance, los días de calor y el cachengue. Pero lo elegí no tanto por el tema en sí mismo, sino por cómo marcó una bisagra en mi vida: el tránsito de la infancia a la adolescencia rebelde.

Cuando era chica, según me decían en el colegio, en la familia, en el barrio, la cumbia era “cosa de negros”. Yo viví siempre en el mismo lugar: el conurbano profundo. Pero en mi barrio, un poco más cajetilla que otros, la cumbia era “cosa de negros”. Claro que cuando sos chica no entendés qué carajos quieren decirte con “cosa de negros” (es tan abstracto el “cosa de” como el “negros”), pero entendés que es algo malo, sucio, de lo que te tenés que alejar. Cuando era chica mi destino estaba marcado: ir al colegio privado, ser una niñita ejemplar y escuchar pop para divertirse.

En 1995 sonaron los primeros punteos de La ventanita y revolucionaron todo: mi entorno, mi cuerpo rollizo y mi sensibilidad. Yo tenía 10 años y La ventanita era eso que me describían como “cosa de negros”, pero de repente todas las chicas del colegio privado queríamos aprendernos el pasito, soñábamos con los rulos morenos e interminables de Daniel Agostini (¿se acuerdan cómo revoleaba esa cabeza de un lado para el otro mientras cantaba?), lo poníamos una y otra vez en los asaltos, para bailar entre nosotras o para dar vueltitas con los compañeritos antes de jugar al semáforo o a la botellita.

De repente, en esas radios en las que pasaban pop para divertirse, La ventanita sonaba todo el tiempo – previo aviso de que ellos no eran de pasar esa música (“cosa de negros”), pero que hacían la excepción por la popularidad inusitada de ese filtro de amor hecho canción. De repente en el colegio, en donde solíamos hacer actos de Disney, se rindieron y nos dejaron actuar de “Siempre Sábado”: los compañeritos hacían de Grupo Sombras y nosotras de bailarinas. Mi mamá me puso un vestido de flores, sandalias doradas, un cinturón de monedas que hacían ruidito y me planchó el pelo por primera vez. Me pusieron a bailar en primera fila porque el ritmo tropical me corría por la sangre, aunque yo no lo sabía. Brillé. Estaba bien adentro en eso que era “cosa de negros” y de lo cual supuestamente me tenía que alejar.

20 años después escucho La ventanita y se me pone la piel de pollo. Es un hitazo, sí, pero para mí representa la libertad de un destino torcido, el rechazo a toda esa gente que me quiso llenar la cabeza de mierda, a esos que pronuncian impunemente el “es cosa de negros” con una mueca de asco. Nunca más volví a escuchar ese pop para divertirse. Desde La ventanita, la cumbia romántica me acompañó siempre: incluso cuando fui metalera, punk, alternativa, dark y todas esas mutaciones adolescentes que acompañaban mis humores. El Grupo Sombras, Gilda, Leo, Dalila, Los Charros, La Nueva Luna, Los Leales le ponen música a mi sentir: hondo, romántico, sentimental, bien bien grasssa.

Dicen que es el rock el que te despierta de la tutela de los mayores. Bueno, para mí fue La ventanita: moviendo las caderas le hice fuck you a toda esa manga de caretas, les exigí a mis progenitores que me llevaran a la escuela pública, leí Bakunin y salí a la calle. Destino torcido por una ventanita tropical.

@ElSimonPeter

Que difícil elegir sólo una canción. Es como que me digan si quiero más a mi papá o a mi mamá. Mi vieja, obvio. Pero acá se me hizo más difícil. Hice una lista mental y había varias para elegir, la que escuchaba cuando apretaba en los asaltos, la que mi viejo no me dejaba escuchar por los mensajes subliminales de la droga, amuforropamuf, al estilo yvanehtnioj.

Por eso me fui al primer recuerdo que tengo de la cumbia. En casa había dos tipos de música el rock nacional de mi viejo, Sui Generis, Virus, Papppo Blues, Spinetta, y las cumbias de mi vieja.

Que mi viejo escuchara rock no quiere decir que sea un ortiva pero mucho no le cabía la cumbia villera. Sobre todo cuando yo era un adolecente que no paraba de mandarse cagadas.

En un momento apareció en la casas de mi vieja un cassette de los primeros que debo haber visto. Me acuerdo del color marrón, la tapa con los pelos largos y mojados de Daniel Agostini y unos peinados raros del resto del Grupo Sombras, un beso con rouge al frente, todo me acuerdo.

Hasta el equipo doble casetera donde lo escuchábamos. Desde que me dejaste la ventanita del amor se me cerró son las primeras estrofas de las cuales tengo un recuerdo. No el arrorró de mi vieja o el himno en el patio del colegio, una cumbia. Esa, –La ventanita del amor– Tenia 8 años y la calle ya me gustaba más que las milanesas con papas fritas de mi abuela. La cuadra del barrio eran batallas de DJ. Cada tres casas sonaba una  canción diferente, era algo así como cumbia, folclore, cumbia, rock nacional, cumbia y esa es la que más me rebota en el cerebro ahora.

Uno recuerda pocas cosas de la infancia. Tiene que ir eliminando algunas para guardar datos inútiles y contraseñas. Tengo flashback tipo Memento de aromas, o momentos. De cumbias sueltas, del día que murió Rodrigo o de las canciones que bailaba en las fiestas de 15. Sabrán los psicólogos porque recuerdo tantas cosas de La ventanita.

En mis 28 años fui refinando el oído y eligiendo que escuchar y que estilo me gusta más dentro de la cumbia. No es mi favorita pero es la piedra angular. Después vinieron Damas Gratis, Leo Mattioli, las cumbias colombianas.

Con La ventanita del amor de Daniel Agostini y el Grupo Sombras arrancó algo que por más que quería disimular no podía. La cumbia es como el Paco, la escuchaste, moviste el pie, tarareaste una canción. Fuiste. No las dejás de escuchar más.

Pega la vuelta– Grupo Sombras
Enrique Pinti

Una canción furtiva que escapa entre contracciones pop de una mitología que todavía no fue construida.

El Tano Pastita– Pibes Chorros
@gostidero

La letra de “El tano pastita” es una obra de arte. No, no voy a bajarla de esa categoría. Las cumbias de por ahí, del 2001, tenían la magia de no decir las cosas directamente. Todas jugaban con los dobles sentidos, pero ninguna lo hace tan bien como la del tano, porque es sutil y es una verdad: los tanos no te cortan la pasta. De yapa, siempre me dan ganas de comer ravioles, pero los posta, los de pollo con jamón de la fábrica de pastas. Y si las prepara con tanto amor, mirá si no me voy a tentar.

Espumita loca– Moycanos
@pabloavelluto

Una especie de imaginario chamánico psicotropical con coqueteos de blando Jodorowsky y explícita ufología.

Hoy quiero amanecer – Néstor En Bloque
@LariGarrcia

Si bien hay muchas canciones cumbieras que me gusta cantar y bailar todos los días, no fue para nada difícil elegir al tema de Néstor como MI CUMBIA.

Principalmente por la historia que cuenta. De ese amor que sólo existe en sus sueños y que tanto anhela; que sin haber llegado a “nada” es tan intenso que sigue latente en su corazón y con el que se encuentra cada vez que se siente sólo; porque ese tipo de amor, del cual se siente esclavo, en sí representa su soledad. También, Néstor En Bloque es (por afano) mi intérprete favorito de la movida tropical.

Lara Garcia, 17, Llavallooooool dale.

Amores como el Nuestro – Los Charros
@elbombin

La que gana es Amores como el nuestro de Los Charros, la que quedó puerteando el culo es Cómo te voy a olvidar de Los Ángeles Azules. Pero bueno, picaron en punta Los Charros porque algún oscurísimo sentimiento de pertenencia nacional (?) les dio un plus.

En fin. Esta cumbia me viene acompañando de guachín, de repartir mis días ente Pompeya y Bajo Flores. En ese entonces usaba una cebolla en el pantalón…digo, no, en ese entonces era un joven idealista y punk, lleno de odio. Ahora también, pero estoy viejo. Cuestión que en esa época yo no escuchaba cumbia, pero estaba en todos lados, en todos mis amigos, en mi hermana, en tu vieja, en los bailes del Nueva Pompeya, en todos lados. Y este tema siempre me pareció maravilloso, incluso en esos tiempos de no escuchar cumbia y gritarlo a los cuatro vientos. Pero este no, este me gustaba.

Mas luego entendí, asimilé y me encanté con la cumbia. Y este tema sigue ahí, siempre. A diferencia de los unicornios, no va desapareciendo. Cuando me mudé con los pibes, en todas las fiestas este tema reventaba. Y lo escuchábamos en previas, en la vida misma, en asados, en todo. Y seguimos. Qué sé yo, hace como 15 años que esta acá. Y si bien en los muros casi nadie pinta corazones, algunos seguimos pintándolo, y llevando el barrio, la cumbia y esta canción en el corazón. En el del muro, y en el propio.

Nada le di – Commanche
@marquitospena

Un spot sentimental de aceptable orientación al electropop.

20. Cómo te voy a olvidar, Los Ángeles Azules.

“Otro lloraconcha al que dejamos en banda para flashar demencia con Los Ángeles locos. No hay letra: está tan bien medido que, si termina y vuelve a empezar, no sólo no lo notás sino que te salva la noche. Imaginá y transpirá, bebé”.

Los_Angeles_Azules-Como_Te_Voy_A_Olvidar-Frontal

 

Cómo te voy a Olvidar – Los Ángeles Azules
@agimenez

Pocas cosas sacuden el espíritu como cuando un sonido nos sorprende, nos paraliza e internamente sabemos que ya nada será igual. La música, en cualquiera de sus formas y estilos, tiene esa capacidad de llevarte a lugares de ensueño donde por algunos minutos todo lo demás queda en segundo plano mientras te entregas al ritmo.

De pendejo no tuve grandes guías que me introduzcan en el mágico mundo musical, dado que en casa mis viejos nunca le dieron mucha bola al tema y el resto de la familia tampoco ayudaba. Así que, como era de esperar, fue en el colegio donde aparecían personajes que compartían gustos adquiridos, heredados o descubiertos.

En los últimos años de la pizza con champagne, llegaba a mis 15 años y empezaba a conocer esa etapa encantadora donde uno descubre que de noche pasan cosas mágicas. Curse primaria y secundaria en un colegio bastante careta de Caseros, haciendo amigos por todo el partido de 3 de Febrero y alrededores. Y fue justamente en estos alrededores, más específicamente en el fundamental reducto de San Martín, donde empecé a ser conquistado por la cumbia y su armonía tropical. Bailes en el colegio, cumpleaños en la casa de algún pibito con padres piolas y matinées fueron mis primeros pasos en ese momento glorioso del día que empieza cuando el sol se deja de joder.

Y como era de esperarse, el enamoramiento con los bailes fue inmediato. No solo por el clima, las minas, el escarnio, los amigos y todo lo que uno suele descubrir en esas épocas de la juventud ideal. En mi caso, promediando los 16 abriles, tuve un flechazo sonoro que me acompaña hasta la actualidad: descubrir a Los Ángeles Azules y, en consecuencia, a la cumbia sonidera.

Me acuerdo patente el momento en donde el boliche queda a oscuras, empieza a sonar de a poco la percusión de uno de los hermanos Mejía y la pista se ilumina completamente con un foco azul que hoy nos haría flashear Avatar. Ese momento fue un shock (como diría famosa conductora de tv con la cual no estoy relacionado), sentí que me elevaba sobre mis amigos y entendí que ese ritmo se había ganado inmediatamente un lugar en mi corazón.

Ese himno de la banda de Iztapalapa marcó a toda una generación que hoy en día superamos las tres décadas de vida. No solamente por su letra acaramelada que conquistaba estrofa tras estrofa, sino que las voces de Carlos Becíes, Jonathan Martínez y Memo Palafox eran melodías angelicales que nunca habíamos oído por estos pagos del sur.

Desde las primeras estrofas nos hipnotiza la voz principal que le habla a un amor perdido, enumerando todo lo que la extraña con lujo de detalles y con deseos de reconquista. El ritmo va sumando instrumentos, aparecen trompetas, los timbales se endurecen y todo nos va llevando hacia el flechazo total que es el estribillo/cierre de tres partes:

Si en rosa estas tú/ Si en cada respirar estas tu/ Como te voy a olvidar/ Como te voy a olvidar. Primera piña que entra derecho a la zona hepática, que te hace tambalear y que te mueve la estantería. Si besando la cruz estás tú/ Si rezando una oración estas tú/ Como te voy a olvidar/ Como te voy a olvidar. El golpe religioso es más duro que el anterior y el corazón empieza a latir de tal manera que parece que te va a romper el pecho para ir a bailar con la monada. Si te clavaste aquí en mi corazón/ Y de amor has llenado mi alma/ Y tu sangre corre por mis venas/ Y tu sangre me hace estremecer/ Ven conmigo. Un jab al mentón, un KO total que te deja bailando en el cielo mexicano del cual no te querés ir nunca más.

Si bien la canción habla de un amor perdido (y probablemente fallecido por el cierre del estribillo), la música de este tema lo instaló durante varios años en todo tipo de eventos bailables y fue la puerta de entrada al género para muchos que no teníamos ni idea de que existiese una combinación tan armoniosa.

Los Ángeles Azules siguieron su camino, cambiaron mil veces a los cantantes/músicos, vinieron mil veces a la Argentina y vaya uno a saber hasta cuando seguirá su historia (y la nuestra). Más allá de lo que nos depare el futuro, cada vez que suene en algún lado Cómo te voy a olvidar recordaré esa luz azul que hizo volar ida y vuelta al DF desde las entrañas de San Martín

Federico Lamas

Hay momentos que son completamente prescindibles. Es raro, porque uno tiende a acordarse cosas llamativas o que le causen alguna emoción, pero la memoria a veces juega pasadas extrañas y te hace recordar una situación que, básicamente, no significó nada en tu vida.  Los Ángeles Azules estaban sonando. Era una de las primeras fiestas de mi adolescencia, ponele en pleno año 2000, meta De la Rúa. Esas fiestas que antes eran asaltos y que en pleno Conurbano nos daba vergüenza decirle así pero para darle una explicación a nuestros viejos, se lo decíamos de esa forma. 

La fiesta cerca de mi casa en Pablo Podestá. Se ponía Leo Mattioli, Rodrigo, Trulala, La Nueva Luna, los momentos orgásmicos de Malafama y Flor de Piedra. Gritábamos bailábamos y nos hacíamos los capos aunque eramos pendejos y casi todos de una clase media culposa. Casas grandes, con comodidades y solas. Los viejos se iban y nos dejaban todo a nosotros.  Los pibes eramos clasemedieros que nos poníamos locos con la cumbia, nos encantaba, y la disfrutábamos. Pero después, en otros momentos, no la escuchábamos. Quizás medio cagones, pero era así.

Después de toda la joda, había un momento en el que nos volvíamos gedes. Si, en ese momento sonaban Los Ángeles Azules, Los Ángeles de Charlie y las canciones románticas de Leo Mattioli. Gedes, tirados en la escalera, acurrucados con el chape de la noche esa que, por esa noche era tu novia, y después no. Y no sabías que onda.  Ahí, en todo eso, siempre sonaba el lento. Y, cuando desaparecieron los lentos de los boliches, lo que se bailaba era el sonido de México.  “¿Cómo te voy a olvidar?”. Y claro, Cómo te voy a olvidar, adolescencia si son las cosas que me marcaron y que me dieron calle.  Al final, esos recuerdos significaron algo y no fueron tan al pedo.

Ahora, sin la culpa de escuchar “musica de negro”, la escucho acá, en mi casa, en el trabajo y en el auto. Siempre. El mejor sonido de todos y, por supuesto, tiene las mejores trompetas del mundo.

Cumbia sobre el mar – Los Palmeras
Diego Lagomarsino

Fantasías de ensueño menos efectivas que un fin de semana de spa.

Esa pared – Damas Gratis
@capulina142

Es una canción que siempre me pone de buen humor, me da ganas de limpiar y de ponerme gede.

Me hace acordar a la mejor etapa del año: vacaciones de verano. y en particular a unas vacaciones alla por el 2009 cunado con amigas nos fuimos a San Bernardo, y teníamos unos vecinos oriundos de Villa Lugano y Villa ….. Riachuelo.

Había uno en especial, “El Barna”, del cual me enamoré, pero me enamoré mal, no por lo físico, no por lo intelectual, sino por lo gede. Sombrerito playero de boca, nextel en el elástico del short de baño, peugeot 206 negro y tatuaje de boca en el pecho.

A “El Barna”  fan de Damas Gratis le dediqué esta canción, siempre que suena me acuerdo de él y de las vacaciones y de lo feliz que me hace damas gratis y la birra.

Hotel California – Bandidos
@GmezAgus

Paso a dejarles mi cumbia preferida. En realidad, es más de una pero si arranco ahora no paro ni con una orden judicial, bue. Hotel California por los siglos de los siglos.

Bandidos supo transformar un tema her mo so de Eagles en un bailable genial apto para todos. Si me quiero hacer la cool (?) canto welcome to hotel californiaaa such a lovely place (such a lovely place); peeero, si de pegarla se trata esta versión es LO MÁS.

Un largo camino al cielo – Rodrigo
@seprin_arg

El artista polaco Pawel Kuczynski con un trazo contundente y sencillo condensa en sus ilustraciones una intensa crítica al mundo político, a la sociedad de consumo y al espejo mediático panóptico. Su obra es reflejo fiel de la obsoleta letanía universal en la sociedad de información. Un discurso comprensible en bios de Facebook y manifestado en forma viral por voluntades sobrescolarizadas, con un grado de compromiso ocre, ficcional, que roza la careteada sacra. Devoción por el icono, no así por el rito.

Adicto a ti – Walter Olmos
@mijail_kbx 

Dicen que el amor activa los mismos centros neurológicos de recompensa que la cocaína y que el desamor podría ser percibido por nuestro cuerpo con el mismo dolor físico que un síndrome de abstinencia. Una tortura, una violenta y continua búsqueda de alivio electrizando cada una de nuestras células. Imagino.

“Soy un adicto a ti” es el mayor hit que pegó Walter “El Negro” Olmos. Dicen de él que la novia lo volvía loco, que le cagó la vida, que ella lo mató. Dicen que él era un tipo dulce y débil, que estaba viviendo muy rápido y que eso lo aterrorizaba.

Dicen que el día de su confusa muerte -“confusa”, así la describieron las redacciones de crónica policial entonces- El Negro regalaba sonrisas y alegría, como siempre. Se preparaba para una de esas largas giras por la noche porteña, esas en las que miles pegaban sus cuerpos a puro sudor y se contoneaban bajo el embrujo de su aguardentosa voz.

Dicen también, las malas lenguas, las versiones no oficiales, que El Negro tenía los ojos vidriosos, ausentes, la sonrisa desencajada, el rostro y el cuello marcados por fieros rasguños.

Mi imaginación me dicta que tranquilamente todo eso puede ser cierto. Ambas versiones. Al fin, lo sabemos todos, esas son las caras del desconsuelo.

Las mismas malas lenguas de arriba, en medio de la desgracia, no se ahorraron adjetivos ni estacas para crucificar a la novia del Negro, una descomunal rubia llamada Vanesa. Esa a la que la cumbia rebautizó como Laura y que hasta el más gil recuerda gracias a Damas Gratis.

Vanesa, aka Laura, repitió hasta el cansancio que Walter era el amor de su vida. Se amaban, eso seguro. Aunque sea lo de menos. Porque mi imaginación también me obliga a pensar que hay vicios y dolores y amores que el cuerpo es incapaz de aguantar y que los del Negro pertenecían a esa categoría.

Dice su madre que Walter estaba cansado, que no podía más, que estaba convencido de su fugacidad, pero que igual le temía a la muerte, a terminar su vida trágicamente, como Rodrigo, El Potro, el mismo al que parecía estar destinado a suceder en el reinado del cuarteto cordobés.

Meses antes, cuatro, para ser exactos, El Negro, paseando por su natal Catamarca, se había salvado de morir en un choque con su 4×4. El Potro había perdido la vida así, en un accidente de tráfico, de esos absurdos. Al parecer a la muerte no le gustan las repeticiones.

un adicto

soy un adicto a ti

eres la dosis de amor

que llega a mi corazón

y que me ayuda a vivir

Así le cantaba El Negro a la dosis perfecta, esa que lo mantenía vivo, que lo mantiene vivo en nosotros. Pero las adicciones, en realidad, son todo lo contrario: la dosis disparatada, descontrolada, estúpida. Dosis bruta. Amor bruto.

El Negro era un adicto incurable, un enfermo terminal. O eso nos gusta imaginar, para perdernos en sus lamentos, “para ahogarnos en mujeres y alcohol” en su compañía. Hombres brutos de dosis brutas.

Compartían la habitación 22 de un triste hotelucho y él jugaba con una pistola calibre 22. Para la numerología, esa ridícula, todo muy sospechoso. Sin embargo, nadie sospechaba.

Dicen que antes de volarse la cabeza Walter apuntó a algunos de sus acompañantes. Gatillaba el arma y sonreía y no pasaba nada. Hasta que la improvisada ruleta rusa le cedió el turno y decidió hacerlo ganador.

Uno de los testigos, de esos que vieron atónitos como una bala caprichosa perforaba un cráneo por la sien derecha, dice que antes del disparo, una sonrisa, después, apenas un suspiro.

Como quien presiente y recibe el alivio eterno que a veces el azar decide conceder. Imagino.

un adicto

soy un adicto a ti,

y ahora que ya no estás

que ya no te puedo amar

ay, yo prefiero morir.

El Negro Olmos murió, se mató, se salvó, se curó, un 8 de septiembre de 2002, en una habitación 22, con una calibre 22.

Cumbias
Nadia Schiavinato

 Mis elegidos (uno es imposible):

 A decirme qué de Los Lirios. La mejor cumbia es la santafesina y el mejor tema de la historia (buen) es este.

– Internacional: Yo la veo de la Sonora Skandalo (o Dinamita, no me acuerdo). Tema 100×100 Tropitango.

Cumbia sobre el mar muy mal conocido como “Marta la Reina” de Los Palmeras.

Y qué de mi de Dalila para llorar a los gritos en la ducha, donde todo suena mas o menos bien.

La barca de Jambao. Igual creo que es un cover de Grupo Maravilla.

-Calor de Calor de Grupo Simba. Lo pasan en el velorio de mi papá y lo bailo igual.

Más loco que un marciano –  Damas Gratis
Rodrigo Vera

Si bien  la ufología no parece ser tema recurrente en la cumbia autóctona (a nadie se le ocurrió todavía mezclar un Pasión de Sábado con algo del estilo Sagan, ponele) Lescano y Damas Gratis dan un paso al frente y parecen decirnos:”yo sí, gato” o algo así.

La intro etérea, fantasmagórica, narra cual Stephen King del conurbano la historia de un pibe piola que por culpa de la cocaína termina más loco que cualquier ser humanoide de ojos desproporcionados imaginable.

No  hay referencias a Alf o E.T en la letra, y  la idea de adentrarse a planetas bajos por parte del protagonista (como la San Martín) parece ser un simple conducto hacia la reverencia musical cliché  que se le propina a la merluza, la que tomaba el Diego hace no tanto, antes del chamuyo Alemán.  Pero nombran un marciano chabón, en tu cara Bowie (RIP Ziggy)

Recomendable sobre todas la versión de los 10 años de oro, con ese cenit deudor de joda a nivel cerveza diosa que produce el enganche con no tomés si no sabés tomar. Viaje intergaláctico asegurado.

El tranza – Los Gedes
Adolfo Pérez Esquivel

La revolución es una máscara de la frustración y otros aforismos para post adolescentes biónicos que no saben crecer.

24 Las cumbias de D10S.

Somos de los que van a pedirle a la Virgen, de los que caminan a la catedral, y de los que sienten el gran privilegio de peregrinar la Virgen de Luján, pero Navidad la festejamos todos los 30 de octubre”.

finde

Made in Argentina – Mala Fama
@LautaroAndro

Nunca pensé que existía algo más difícil que definir si me gusta más la pizza o el asado. Bueno, por culpa de Revista Burra descubrí algo más complicado: elegir mi cumbia favorita. Creo que no tengo, o al menos, no puedo elegir una sin arrepentirme de dejar afuera, al menos, unas 20 o 30 que podrían calificar.

No me considero un experto en cumbia ni mucho menos, pero si un tipo que disfruta de escuchar este hermoso género todos los días. La elección se me hizo difícil, por eso primero quise ser más específico en el estilo y me decidí por la cumbia villera o testimonial como me gusta decirle. Sin embargo aunque hice esa primera elección seguía sin poder elegir, pero bueno, como tenía ganas de escribir para este hermoso medio cumbiero, hice tripa y corazón y me decidí por una: Made in Argentina.

La decisión la tomé anotando en un papel las cosas a favor y en contra de cada canción y en esta en particular encontré casi todas a favor. Primero es de Mala Fama y sin dudas la banda de Hernán Coronel es una de mis preferidas. Este amiguero nos ha regalado con el correr de los años todo su talento musical y su histrionismo y carisma arriba del escenario. Me parecíó bien que como un pequeño agradecimiento elija una canción suya.

Made in Argentina, además está en un disco hermoso como es Ritmo y Sustancia que es una catarata de hits cumbieros. Tiene un comienzo épico y el toque característico de la banda, ese que hace que con solo escuchar dos acordes sabés que está sonando Mala Fama.

No todo es flores, tiene un punto negativo, mi corazón no lo tengo pintado celeste y blanco, es bien rojo como la casaca de mi amado Independiente. Pero bueno sé que debo evitar ser tan termo entonces obvié eso.

Volviendo con lo bueno, considero que Made in Argentina es junto a Alma Blanca (esta fue la otra que peleó para ser la elegida) un verdadero himno de la cumbia villera. Casualmente dos canciones que desprecian el conchetaje, porque si, amiguitos. La cumbia es amor, pero a veces también bardeamos un poco.

No puedo dejar de lado que se nombra a Diego Armando Maradona, una de las personas que más quiero en este mundo. Es clave que destaca el orgullo de nacer en la misma tierra que D10S y el vino. Empatía 100%, anótenme como otro orgulloso compatriota de Maradona, pero pongan solo Lautaro porque mi apellido es más difícil que elegir una cumbia.

Alma Blanca – Meta Guacha
Fernando S. Monke

Estandarte de una nueva era. Uno de los iconos del último gran golpe de la cumbia a la Argentina como género, incluso se la dió en la pera a la cumbia misma. No sólo no esquiva la marginación a la que los someten día a día sino que se le plantan con su verdad y hace que todo el país se las haya gritado con las yantas en el suelo y las manos para el cielo. Marca el territorio, marca pertenencia y se para de manos con tremenda altura exponiendo orgullosamente su condición de peregrino, de no tener nada más y nada menos que su fe. Porque yo soy de la cumbia, soy de la resaca hoy elijo Alma Blanca como mi cumbia favorita.

Voy a Olvidarme de Mí – Mario Luis
@megiclik

No puedo describir exactamente desde cuándo me cabe tanto la cumbia. Hace unos días en twitter decía que empecé a escucharla por una cuestión de rebeldía:

  • A mi vieja no le gusta/ba
  • Estaba mal vista
  • Era marginal y hablaba de cuestiones desconocidas para mi

Cuando iba a la primaria estaba de moda la cumbia villera: tengo un recuerdo de estar en un baile de la iglesia (sí, había bailes) cantando una de Yerba Brava: Yuta, compadre, por fin hoy lo soltaste. Yuta compadre…

Tiempo más tarde, más precisamente en 2005, empecé la secundaria y todo era tan histérico como hormonal, así que me enamoré temporalmente (¿temporalmente, Noelia?) de Román, el original. Lo veía en lo que hasta hace un tiempo fue Pasión de Sábado y me hacía sentir cosas lindas.

Pero ahora llegamos a lo que, después de horas de escuchar cumbia santafesina y demás lugares del país, puedo decir que es “mi cumbia preferida”.

Se trata de la versión de Diego Armando Maradona de Voy a olvidarme de mi, que según lo que cuenta el ex futbolista en La noche del Diez es de Carlos Vives (el que ahora canta la de la bicicleta con Shakira). Aunque la conocí primero versionada por Mario Luis.

La canción reúne todo lo que tiene que tener una cumbia: el recurso de las palabras para graficar lugar y situaciones. La voluntad de corregir los errores (voy a afeitarme y a tender la cama, voy a ponerme mi mejor vestido…) y la ilusión de la vuelta de un amor, pero un amor transformado y mejorado (que me perdone si no me di cuenta que fui tu dueño y quiero ser tu amigo…)

La versión es que canta el Diego a la Claudia es más lenta, aun así no deja de ser una cumbia; ¡encima ellos! Quienes en mi humilde opinión son como “mamá y papá”. Diego es la excepción de la regla, el villero que salió adelante y que como todo escorpiano no le es indiferente a nadie: lo amas o lo odias.

Diego se equivocó y pagó. Pero como lo único que nos mueve es el amor (o al menos así me gusta plantearlo) esta canción es ideal para explicar lo que siente él por ella, por más que la haya grabado hace once años.

Es para bailar abrazados o como fondo de un atardecer de cervezas en la terraza o vereda.

Voy a olvidarme de mí, yo puedo hacerte feliz…

La mala gata – Grupo Sombras
@claumadominguez

Nos mambea un toque como si estuviera inventándose una canción para tirar un speech efectivo en terapia.

Cumbia
Bruno Ubaldi

La cumbia es magica.
Tiene ese nosequé que obliga al cuerpo a menearse y sacudirse.
Te alegra el día
Es el prólogo de cualquier noche de cacería
Está presente en cualquier juntadita con los pibes
En todo asado
En cualquier previa
Es la sal de la vida
Por eso, desde mi Barracas natal, les mando un abrazo, les deseo lo mejor, y a seguir cumbiandola toda!!
“Ha sido un dia agitado me estoy muriendo de seeedd… En la esquina la vagancia tiene algo para bebeeerr..”

Firma: Brunito

Su florcita – Agrupación Marilyn
@cuervotinelli

“Bardo Thodol” es el libro tibetano de los muertos, eso lo sabés si a veces colgás con History Channel.

Mariposa fría – Granizo Rojo
@gran_pecad0r.

¿Cómo elegir una sola cumbia? ¿Cómo elegir una sola banda? ¿Cómo elegir un sólo tipo de cumbia? Imposible, elijo entonces un momento de mi vida y lo asocio a una cumbia. ¿Elijo una banda por cercanía geográfica? No, voy a elegir mi cumbia por la cantidad de alcohol que tomé. Un cassette de Granizo Rojo, un grabador con autoreverse y un amigo.

Elijo Mariposa fría de ése cassette, terrible historia.

Empezábamos a la tarde y amanecíamos escuchando Granizo Rojo y tomando. Días y días así, la adolescencia…

Estoy buscando un Amor – Néstor en Bloque
@Giulianoski

Podría hablar de muchos grupos, de muchas canciones que me vuelven loco.

Pero me voy a detener en un artista, al que yo considero uno de los mejores por lo que hizo y hace, estoy hablando del señor Néstor en Bloque, y uno de sus temas que más me gusta es Estoy buscando un amor del disco Mi único amor, ya como comienza el tema te transporta a otro mundo. Esa introducción a “preparate para un TEMON wachoooo” es increíble.

La canción te hace sentir el pibe que quiere enamorarse al grito de ‘Dondeee estaaas corazoooooon que no puedo encontrarteeeeeee’, o quizás sería una  indirecta a la wacha que siempre gustaste, pero que nunca te le declaraste tu amor porque sos lento como una tortuga.

Para estas cosas el gran Néstor es un maestro, un romántico, un loco lindo, como este tema que a mí personalmente ya cuando arranca, me transporta a otro mundo.

Ladrón de porquería – Ángela Leiva
@ladygaga

El falsete enrarecido en paredes de sonido domesticadas por una nave espacial es droga para mí.

26 Locura tropical, Los Wawankó

“Esta semana se cumplieron 60 años de la fundación de la única multinacional que le dio alegría a la vagancia: Los Wawancó. COMETE ESTA SOJA VENOSA, Monsanto”.

Wawanco-LocuraTropical

Atlántico – Los Wawancó
@Cascara_Sagrada

Puesto a pensar, elegí a Los Wawancó. Y más específicamente, elegí Atlántico, un porro colombiano (con perdón, que así se llama) de Víctor Vargas.

Los Wawancó lo grabaron e incluyeron en diferentes ocasiones en su discografía. En simple y en longplays. Elegí esta pieza por dos razones: primero, porque forma parte del primer longplay de la agrupación; segundo, porque es instrumental.

La cumbia argentina no es sólo sus letras —fiesteras, amorosas, barderas, de crónica villera, graciosas, antiyutas—; también es su música.

Lo que me parece más interesante en nuestra cumbia es su música. ¿Qué hace cumbiera a la música de la cumbia? Pensando en la enorme distancia entre las letras de la cumbia de los años 60 y las de la cumbia villera: ¿qué es lo que une a Los Wawancó, Grupo Sombras, Gilda, Supermerk2 y Mak Donal? ¿Por qué escuchamos cualquiera de las cumbias elegidas por los lectores de Revista Burra y no dudamos un segundo en pensar “esto es cumbia”? Pensar en las letras no es una respuesta. Tampoco la estética cumbiera es la solución. ¿Cuál es el vínculo entre los ritmos e instrumentos acústicos de las primeras agrupaciones con los teclados flasheros de la cumbia villera? Esta semana, cuando le pregunté a un amigo si consideraría a Atlántico como un porro o una cumbia, me respondió que no estaba seguro pero que su instinto le decía “cumbia”.

Que los cumbiólogos estudien estos fundamentos. Nosotros, irresponsables lectores, podemos tirar hipótesis con impunidad. La cumbia, para este humilde casto, es esta intuición, este instinto del oído argentino. También hay una tradición con sus influencias, sus guerras y sus alianzas. Por supuesto. Pero para el oyente lo que hace a la cumbia es eso: que es una cumbia y nada más. Atlántico, para mí también, es cumbia. Y es mi favorita.

Yo tengo un Ángel – La Liga
@ehburgos

Acá, transmitiendo desde La Plata para elegir un temita. Yo tengo un ángel, La Liga. No tengo la mínima duda de que La Liga es la banda musicalmente más revolucionaria de la última década de la movida. Y Tito es un frontman que lleva el barrio al escenario, completo, te mete de lleno en toda su emoción. Y cuando agarra canciones con una carga simbólica de la concha de la lora como esta del maestro Tego Calderón demuestra por qué. Un soundtrack villero por excelencia para que sobrevivan los códigos.

La colaless – Altos Cumbieros
@HambreCero

Te permite descansar en cierto oasis de histeria de karaoke primal, aunque también provoca cierta internalización culpógena que no te permite clavarla a volumen nivel acto de la UOCRA en el último asiento individual del bondi en hora pico.

Amor de chat – El Original
@Radamir_

Besos por celular/ las momias de este amor/ piden el actor de lo que fui

Escribe Ricardo Mollo en el otoño de 1999 -información no del todo chequeada-, la que sería una de las estrofas de la magnífica Spaghetti Del Rock. Luego de sobrevivir al Y2K sale a la calle junto a otros 12 temas, es Narigon Del Siglo.

SDR es votada en Rolling Stone como la mejor canción de la década, explica la posmodernidad dicen.

¿Quiénes lo dicen? evidentemente gente que sabe, o al menos sabe el significado de la palabra. Wikipedia define la posmodernidad como amplio número de movimientos artísticos, culturales, literarios y filosóficos del siglo XX, que se extienden hasta hoy, definidos en diverso grado y manera por su oposición o superación de las tendencias de la Edad Moderna -verso-, si me preguntan a mí -no lo hicieron pero les digo igual- prefiero la definición de Moe Szyzlak, o sea puras locuras.

¿La cumbia se ha dejado influenciar por esta corriente? claramente, y se observa en una de mis cumbias favoritas.

Amor De Chat es justamente eso, la lucha de un hombre por comprender eso que le sucede, el sentir de un outsider en un mundo a la medida de los millennials.

Parte de “Identidad”, un disco corto de 13 temas, Amor De Chat explota en los bailes, se hace de abajo junto a Salud por ellas, Tú eres, un cover de Montaner, entre otras.

Luego de recibir tu e-mail se me alegró la vida imagine tu rostro
tu voz y tu sonrisa acaricie despacio en silencio esa pantalla fría
y al sentir tu calor pude presentir que la distancia no existía

@verbitskyH

Se ponen densos corte Thom Yorke, pero es sólo una falsa alarma, la canción logra convivir entre puentes digitales y  transformarse en un inquietante outtake de Revolver.

 Vengo de la casa de ella – Puro Movimiento DJ
@valencrem

EL POR QUÉ: Mi primer encuentro con la cumbia fue a los doce, cuando empecé a salir a las tertulias (un sinónimo del interior para las matineé) que organizaba mi escuela primaria de Venado Tuerto. Hasta ese momento había escuchado algunos grupos uruguayos a través de primos orientales, pero recién empecé a identificar temas de cumbia cuando empecé a bailarlos. Vengo de la Casa de Ella sonaba mucho ese año que para mí es gimnasios escolares con chicos bailando y olor a hamburguesas y micros de viajes de estudio.

Encima es una de corazones rotos. No hay playlist nostálgica en la que falte.

Déjala – Puro Movimiento DJ feat Román, El Original
@rodrigolaguzzi

Adolecer, a todo remix.

“Plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”… Para José Martí, tres cosas que una persona debería hacer durante su vida. Y vale, quizás allá, por el siglo XIX, no lograron trascender al dedicar “Déjala“, u otras canciones de amor en la radio. No lo sé, pero podría recomendarlo con la misma seguridad que el autor cubano.

Tal vez sea porque a partir de melodías como la de los pibes, Made In San Francisco Solano, supe experimentar una especie de Kermés de Sensaciones.

Una historia de amor y desencuentros. De amigos y una tercera en discordia (Con Román, como partícipe fundamental, siendo lo más promisorio en cuanto a trascendencia se refiere). De alegría y nostalgia: Ésta última viéndose acrecentar con el paso del tiempo. Y más aún, con el regreso de la agrupación hecho piel, luego de casi diez años de su disolución.

Banda de sonido pre-adolescente, siendo el ABC de una hermosa etapa: Asaltos, Barrio y Chapes. De películas que nadie mira. De miradas cómplice. Dónde no corría Facebook ni WhatsApp, y lo instantáneo tardaba un poco más.

Dónde la pasabas, y las divisiones no eran más que un cálculo matemático. Años de inocencia, con rasgos de felicidad, propio de una inconsciencia lógica que salen a flote como si fuera el más ‘melanco’ de los tangos, reflejado “en las letras que la consuelan”.

Creo que d̶e̶ ̶u̶n̶a̶ ̶v̶e̶z me volví grande y, sin darme cuenta, termino cayendo en una subjetividad absoluta. Creyendo que todo pasado fue mejor. Pero, si fuera el caso, a José Martí nadie lo discute. Y espero humildemente la misma retribución.

Se te ve la Tanga – Damas Gratis
@tampocoestanasi

Buenos Aires, año 2000. Justo antes del estallido social en el que derivó el Gobierno de la Alianza, y mientras el Boca de Carlos Bianchi gana todo lo que juega, un pibe de 20 años, postrado en una cama luego de un accidente en su moto, compone en su teclado los temas fundacionales de un movimiento cultural que sacudiría para siempre la música popular argentina: la cumbia villera.

Nacido en San Fernando, hijo de un ama de casa y un repartidor de gaseosa, Pablo Lescano empezó a tocar a los 14 años en el grupo Sueño de amar pero fue en 1999, mientras producía y escribía para Flor de Piedra, que compuso la canción que le abriría para siempre las puertas de la popularidad.

Antes del #NiUnaMenos, Lescano se anticipó a todos los hashtags y relató en 4′ 22” la historia de Laura, una mujer que es a la vez sujeto y objeto, que baila de minifalda y no puede esperar que la lleven de la mano, que la inviten a un hotel, pero que no lo hace por dinero, sólo lo hace por placer.

Se te ve la tanga, así el título del tema que abre el disco “Para los pibes”, el primero de estudio para Damas Gratis, fue la catapultaa definitiva para que ese flaco, de pelo largo, rulos y el torso escrachado con la frase 100% negro cumbiero se convierta en el Dr. Dre de los barrios, enseñándole a tocar a todos.

Luego de eso, la historia es conocida. Parodia en lo de Tinelli incluída, con el actual Embajador de Panamá y su Mamás Gratis, Se te ve la tanga fue una auténtica revolución que puso a la cumbia en el ojo de la tormenta  cuando en 2002 el COMFER duhaldista sumó a su lista negra la mayoría de los temas de Para los pibes y Operación Damas Gratis con un documento titulado Pautas de evaluación para los contenidos de la cumbia villera, en el que se advertía del peligro de las letras del género por hacer referencia a la realidad social imperante en los barrios marginales –tal como la delincuencia, la persecución policial y la escasez de recursos–, al rol de la mujer y al consumo y tráfico de sustancias psicoactivas.

Lo demás, es Historia. Camisetas de fútbol, altas llantas y la cumbia sacándose los volados que la habían llevado hasta las fiestas menemistas de la pizza y el champagne. Las letras de Lescano hablaban de los mismos temas y de la misma manera que esos pibes que no podían sacar la cabeza del agua en un país que se hundía cada vez más. La esquina y la birra y un enemigo en común lo emparentaron con lo más crudo del punk local y la una lírica pro-cerveza y anti policía terminó de convertirlo en El Rey.

Amar Azul, Los Gedes, Flor de Piedra, Jimmy y su Combo Negro, Fidel Nadal y Los Fabulosos Cadillacs son algunos de los nombres con los que Lescano tocó. El mismo que consiguió, con un videoclip sin prentesiones grabado en una sola jornada en las orillas del Riachuelo, que todo un país respondiera a su Roland AX-1 con un g y las palmas de todos los negros arriba.

Aunque no escuches cumbia

Aunque tengas doble apellido.

Aunque hayas ido al Champagnat.

Si conocés alguna “Laura”, fija que le cantaste esta canción.

Llévame contigo – Los Palmeras
@RFFiori

El tema tiene todo lo que hace buena a una cumbia: el ritmo básico para mover el cuerpo, el bandoneón que toca fibra sensibles y una letra para cantar a los gritos, incitando a bailar. Hasta te tira data para no fallar: dejarse llevar en la rueda del cumbión, que se peguen los cuerpos (rico apretaíto) y mover las caderas (para que bailes mejor).

La letra evoca el hechizo, el amanecer, lo más íntimo del ser… y bailar y bailar y bailar. Los Palmeras son parte del ADN santafesino. La voz de cachito es la de un familiar. La cadencia de sus canciones tiene cosas del Paraná. Lo que genera la bailanta carga la humedad del ambiente del litoral.

En definitiva, debía que elegir una, entre los cientos de temas clásicos de The Palmers. Y es la que me lleva siempre a sentirme entrando en la rueda del cumbión.

El Parrandero – Los Palmeras
Ignacio Arias

Soy capaz de dejar todo abandonado, por un rato de parranda yo me muero. La cumbia en una frase. Un palabrerío con pinta de poco, pero con el poder de reanimar hasta al campeón de los opas. Porque a cualquiera que tenga sangre en las venas, y mucho más si la misma está mezclada ocasionalmente con la sangre de Cristo (?), lo da vuelta el “imposible resistirme a lo que quiero”. Porque no es para preocuparse ese vino que otra vez -otra vez- tuvo la culpa de todo. Al contrario: es para preguntar (x2) “¿qué pasó?”, y esperar la explicación justa para que no quede otra, entre decenas de opciones, que elegir esta canción de los Stones de la cumbia como mi favorita: “Qué yo he nacido negro y parrandero”.

Fuera – Karina
@deboraplager

Funciona como una síntesis expansiva de esta ficción de reportes sensoriales y ambivalencias cósmicas.

54. Interminables

“Así como existen dos lunas en Arrakis, también existen dos Tambó-Tambó en la movida tropical”.

Interminables

Querida – Tambó Tambó
@agustingeno

Fácilmente podría decir una comida, un color, un perfume y hasta la calle que más me gusta pero ¿la cumbia de mi vida? ¿la que me hace estremecer al mismo momento que levanto los brazos hacia el cielo con los ojos cerrados? ¿mi cumbia preferida? Difícil tarea, amigueros burris.

Hay dos que instantáneamente vienen a mi mente. Sin reprimir ni un instante esa vorágine, empiezo éstas líneas al mismo tiempo que abro dos ventanas de mi navegador y las hago competir, como si fuese posible poner a prueba durante 5 minutos mis recuerdos, los años que pasaron, los boliches, los pasos tirados. Imposible. Descarto esta batalla donde el único herido seré yo con mi nostalgia a cuestas.

Florece la elegida. Siento pena por la que no queda, la que no será reconocida en los anales burreros pero que tantas alegrías me (nos) dio. Reconocimiento especial para Gonzalo Ferrer, creador de esa canción y del género de la cumbia villera. Pero como dijo George Orwell, la historia la escriben los vencedores, y si bien en una de las canciones más reconocidas del grupo que hizo mi cumbia preferida el cantante se declara perdedor, amigos y amigas de Revista Burra, quiero contarles que mi cumbia preferida es el himno “Querida” de la legendaria banda de cumbia santafesina Tambó Tambó. No recuerdo desde cuándo ni la situación que hizo que esto fuese posible pero me basta con escuchar esos primeros repiqueteos en la percusión seguidos del acordeón y la dedicatoria de Diego Mujica a Pepe Gozalo para introducirme una alegría inconmensurable, para ser feliz. Musicalmente santafecina, veraniega, con momentos para el chape furioso y para bailar. Una cumbia que fue parte de mi vida, con la que reí y también supe llorar.

Aprovecho la misiva para felicitarlos, rezarle al Tata Dios para que sigan en este sendero de hacernos felices a los que queremos y nos gusta sin caretas la música tropical. ¡Aguante la cumbia, Revista Burra!

@Agustinm90

El tema originalmente es de Juan Gabriel, pero en el barrio decidimos prescindir de ese dato y se la adjudicamos a la banda de Diego Mujica. Querida es un tema de Tambó Tambó y listo. La intensidad de la canción va subiendo, por eso es ideal para cantar en estado de ebriedad a las 4 de la mañana con un vaso de escabio en la mano.

Fue parte del soundtrack de Boca Campeón del Mundo 2000. Hay material audiovisual del plantel bailando este tema post partido con el Real Madrid en Japón. Nada de giladas de cumbia pop.

Me atrevo a decir que Querida es un himno de la movida tropical nacional.

Maribel – Tambó Tambó
Agustina Gómez Blanco

Hija de (ahora negados) medio hippies y rollingas, estuve a punto de tener Maribel como único nombre gracias a un tema de Luis Alberto Spinetta. Gracias a Dios me pusieron Agustina primero. Igualmente todos mis conocidos se acuerdan de mi cuando en mitad del baile suena YO QUIERO QUE ME TOQUE UNA CUMBITAAA YO QUIERO QUE LA BAILE MARIBEEEL QUIERO VER SU GRACIOSA FIGURITA A A MOVIENDO LOS PIESS LOS PIESS LOS PIESS. Llegué a odiarla y, por ende, mi nombre, pero muy en el fondo admito que cada vez que suena pienso aggg como me subiria a una tarima.

En fin, ese es mi humilde aporte. Se me habian ocurrido muchos temas más que me volvían laaaaca en mis epocas de bailanta (ahora soy una piba rescatada que estudia y no tiene mucho tiempo), como por ejemplo Ingrata de damas gratis mi amorrrr si supieras que yooo por darte todo me he quedado aquiii enroscado re manija y con la bolsa vacia; vengo de la casa de ella; y no sé, si empiezo ahora no termino más. Seguro mando otro mail. Muy largo, me despido y larga vida al león santafesino que lo extraño todos los días.  Aguante revista burra.

Falsas Promesas – Tambó Tambó
@Damian_rgz

Año 1998. Después de la explosión de principios de los 90 con los one hit wonders que todavía suenan en versión bizarra (Pocho la pantera, Gladys, Alcides), llegó la segunda oleada de boy bands cumbieras que no podían ser tomadas en serio pero salían en la tele: Commanche y los Chakales. Después de eso, todo parecía suceder a baja frecuencia hasta que a puro ritmo, tiro y sustancia llegó la explosión de la cumbia villera junto con el 2001. Pero entre el auge neoliberal y su posterior caída, llegó un suceso atemporal, con aires colombianos y los infaltables trajes distinguidos: Tambó Tambó. El perdedor empezó a sonar por todos lados y fue un éxito inmediato, con la ayuda del gran Chino de La Nueva Luna en la voz complementaria. Y así lo vivimos, rebotando en pared sin revocar y tío borracho que bailaba los domingos después del asado o en las primeras salidas nocturnas de la secundaria. Descubríamos el dolor del rechazo amoroso, pero lo disfrazábamos de pasos cortitos y agarrar por la cintura a esa compañera de colegio con la que soñábamos por las noches. Y durante un momento, mientras nos aferrábamos a la pizza de Ugi’s a $1,80 nos permitimos ser felices un ratito.

La de la paloma – Rocío Quiroz
@cristina_mucci

Un drama de cotidianidad ordinaria y opresiva.

Guampachata – Mala Fama
@angeldebritook

Un popper sofisticado y exótico que comunica profecías.

71. La Nueva Luna Chamamecera 

“Ajapotama significa lo próximo y alude directamente al futuro, es una letra muy triste en la que el muchacho se despide de los del barrio”.

La Nueva Chamame

Te Vas a Arrepentir – La Nueva Luna
@fedebareiro

Creo que no tengo que aclarar en esta revista lo que significa La Nueva Luna para este país, pero sí puedo intentar bajar a palabras lo que despierta en mí esta canción, que ya está a la altura de himno.

El arranque: El inicio de este temazo con ese punteo de guitarra y teclado en simultáneo provoca el efecto que quiere en menos de 2 segundos. Escuchar el comienzo del tema es zambullirse en eso que quiere contagiar la canción. Y además, conforme va pasando el tiempo, gana en memoria emotiva cuando alguien lo vuelve a escuchar después de muchos años. Probalo en un asado, probalo en una previa. Haceme caso.

Es melancólica y alegre a la vez: Parando la oreja te das cuenta que la letra es un cacho de corazón tirado en una canción pero, en espíritu, el tema te contagia ganas de sonreir como ningun otro que yo conozca. De todos modos, abro el juego a otras sugerencias del lector.

Cantan los dos: Me pueden esos temas de La Nueva donde también canta ‘El mago’.

Es un gran cover: La Nueva Luna ha versionado a Marco Antonio Solis en varias oportunidades. En este caso la canción es de Los Yonic’s, a quienes le agradecemos haberla compuesto y posibilitar a LNL hacer esa versión y transformarla en lo que para mí significa.

Por estas cuatro y por mil cosas más es que elijo a Te Vas a Arrepentir de La Nueva Luna como mi cumbia preferida. Canción inoxidable y siempre vigente. Yo no sé quién pierde más aquí, en esta despedida.

Choque de Cometas – La Nueva Luna
Emiliano Nieto

Para mí, el que suscribe, no puede faltar Choque de cometas de la La Nueva Luna. Es el tema que suena en vivo que hace que todos los presentes canten al unísono ¡ILUMINARÁ! Sin que ningún burgués opresor pueda acallar el grito de esperanza del proletariado.  Es un grito que revienta y dice, todo puede estar mal, pero siempre va a estar la viola del Mago, los timbales del Sebi, el güiro de Carucha y la voz de Marcelo González y por consecuente si todos esos elementos se juntan: ¡Se va a iluminar!

Dejando de lado la boludes, es un tema que te lleva a gritar a los cuatro vientos, que proyecta hermandad entre los lunáticos y ¡no importa más nada! La Nueva Luna sentimiento nacional.

Estoy escabio, recién llego y nada.

No llores – La Nueva Luna
@MarEuyi

¡Hola cumbiamberos! Estaba tratando de elegir una cumbia y me resulto ´veri dificul´ así que opté por una que volví a escuchar hace poco, por chusmear alguna que otra playlist cumbiera en spotify y me pegó el sacudón nostalgioso.

Mi cumbia elegida es No Llores, de La Nueva Luna, me agarró de capa caída, cayó como anillo al dedo y además viviendo en Córdoba hace varios años, también me retrotrajo a mi casa, en Caleta Olivia (Santa Cruz), donde se escucha mucha cumbia, de todos los estilos habidos y por haber y en los asados familiares siempre se escuchaba La Nueva Luna, Charros, Leales, Dorados, Sombras, Tambó Tambó, etc. Era la época dorada (?) de Tropicalísima y nos musicalizaba el día, por eso me dio nostalgia, de cassettes, de niñez, familia, de asados y del hogar, claro.

¿Viste cuando un tema te cae en el momento justo? Bueno, así cuando hace poquito volví a escuchar No Llores, y ahora que lo pienso, va al frente siempre, no solo para desamores, aplica para todas las relaciones y parentescos, todos los vínculos y ellos te la cantan así, porque la vida siempre sigue, y lo mejor es vivirla intentando ir sin rencores, sin mochilas, siempre para adelante y con mucha cumbia.

En tu pelo – Lía Crucet
Fer de Boca

Conduce toda su voluptuosidad ritual y hedonismo espiritual hacia un gran  hipertexto y eso es suficiente para acercarse a una obra de arte moderna y para acercarte al delirio.

No me arrepiento de este Amor – Gilda
@Elproximoayer

Hola burra. En vez de hablar de mi cumbia favorita, les voy a hablar de la primera cumbia que me gustó. Corría el año 1997, yo tenía 17 años, época en donde estaba descubriendo la vida nocturna. Había unas fiestas  a las cuales concurría con mis amigos, bastante seguido por ese entonces, eran las fiestas de “Pepe Grillo”, el sótano de un pequeño videoclub, en Coghlan o Urquiza.

Tengo que decir que yo era un pibe que siempre había escuchado Rock, desde muy chico, y mi ídolo era y sigue siendo Charly García. Cabe destacar que la cumbia por ese entonces estaba en un momento de expansión, hablando de repercusiones, estaba empezando, quizá, a expandirse, y yo como cheto, que no soy, pero para algunos debo ser, y rockero, digamos, tenía bastante prejuicio hacia esa música, que veía muy…no sé…vulgar, triste, pobre… No sé, no recuerdo cómo lo ponía en palabras en aquel entonces, era una moda que nada tenía que ver conmigo.

Esa noche pasó algo inolvidable, que me pasó muy pocas veces en la vida, quizá solo dos, y fue el hecho de que el amor irrumpió prepotente, cagándose en mis prejuicios, cagándose en mi mente. El corazón fue el que gano ahí, como pocas veces, y fue ese instante donde descubrí que No me arrepiento de este amor, cantada por Gilda, me estaba tocando el pecho, me emocionaba. No elegí que me toque, me tocó.

Fuiste – Gilda
@volcandeideas

Era chica cuando murió Gilda. Como a tantos, la muerte le llegó de manera absurda, cuando comenzaba a tener fama. Sin embargo, no hay manera de no haberla escuchado. No hay fiesta en la cual no bailemos, cantemos y ambas, las canciones de Gilda.

En ese contexto de la música tropical, de letras de amores frustrados, de mujeres sumisas y, sobre todo, en ese medio dominado por hombres, donde apenas se asoman, cada tanto algunas féminas, con sus cuerpos voluptuosos y sus ademanes exuberantes, irrumpe Miriam.

Mucho hemos escuchado y leído estos días, con el estreno de su biopic. Interpretada nada más y nada menos que por Natalia Oreiro. Ríos y ríos de palabras analizando su vida, su éxito, su permanencia en el imaginario popular.

Aprovecho la posibilidad de escribir acerca de por qué en ese mar de machismo y patriarcado, Gilda escribe sobre amores reales, pero sobre todo, de mujeres que arriesgan, sufren, pero siempre dueñas de sí mismas, siempre con posibilidades de salir de ese primer estado de duelo.

¿Han escuchado Fuiste con atención? Es una canción con un ritmo alegre, contrastando con su letra, que habla de una relación que se acaba. O no.

Gilda nos habla de una mujer que un día abrió los ojos y se dio cuenta  de que estaba desenamorada. No es poca cosa, ¿no? No nos da detalles de la relación. No nos dice si es su marido, si tienen hijos, si es un amante casual, si es su novio. No nos da rótulos. Se centra en ella y en sus sentimientos.

Una mujer que se enamoró de la inmadurez del otro y que cuando supo lo que pasaba, se dijo “Basta, basta para mí”. Destaco el uso del verbo plantar. Ella dice “yo me planto y sigo basta, basta para mí”.

No parece que vaya a ser fácil separarse o alejarse (como si alguna vez lo fuera). Pero ella está decidida. Y lo que es mejor, como nos dice en otra de sus cumbias (Corazón valiente) amó, se arriesgó y lo perdió. Las mujeres de Gilda amaban con coraje, con pasión y con seguridad. Con fuerza y la certeza absolutas de que, aunque eligieran mal, se plantaban y seguían adelante.

Si hubiesen sido canciones pop, probablemente resultarían  pegajosas, melosas y hubiese tenido mayor o menor éxito. Pero son cumbias y ahí está su mayor legado, y por eso hago su música mía y nunca pierden actualidad: Amamos, ganamos, perdemos, pero siempre con ritmo y sabor.

 

Tírate un paso – Wachiturros
Jorge Asís

Son la muestra de una tragedia afectada que a esta altura no te importa.

72. Rodrigo, campeón argentino del cuarteto

“Son personajes que ponen el cuerpo, que captan multitudes, que encarnan en el ring la metáfora de la lucha cotidiana”.

 

http://www.clarin.com/extrashow/musica/Rodrigo_Bueno_0_1381662012.html

http://www.clarin.com/extrashow/musica/Rodrigo_Bueno_0_1381662012.html

Amor Clasificado – Rodrigo
@archilexema

Espero que una canción de Rodrigo sea calificada como cumbia. Son las tres de la mañana y me quedé escuchando Amor clasificado porque me pone de buen humor. Rodrigo me gusta desde que soy chica y cantaba Lo mejor del amor con mi hermana y mi vecina en Tristán Suarez. No entendíamos por qué iba a matar a su novia en vacaciones (mejor dicho dársela con todo a la amante en un telo).

Siento que esta letra se quedó estancada en el pasado, como cuando en las películas nacionales hablan de un sueldo de $800, pero que nos puede representar a todos. Pienso en el hoy por hoy: el aviso en el diario La voz es bajarse Tinder con pocas esperanzas; que el que ama sin día ni horarios es un freelancer treintañero que te invita a la casa a las dos de la tarde o a las ocho de la noche, total no tiene que salir.

El periódico de hoy es el estado de Facebook, la canción compartida con una indirecta: ya no estás en pareja.

Todos fuimos (¿somos?) Rodrigo con ganas de ponerla pero sin los recursos necesarios. Exigir locura esperando lo opuesto, contradiciéndonos en la misma estrofa y admitiendo que durante la búsqueda le vas a dar a lo que venga.

Es mi cumbia favorita porque la dejo en loop cuando la escucho y la bailo, porque borracha en un colectivo mandé un “estoy chapando mientras escucho Amor clasificado“. Porque siento una empatía terrible.

Porque en casi seis minutos es conciso: conseguir pareja no es fácil.

Daniela Martínez

A Rodrigo lo matamos todas las que no le respondimos el aviso que puso en el diario “La Voz”, eso fue lo primero que pensé cuando me despertaron los gritos de mi vieja aquel sábado a la mañana. En casa solo teníamos un televisor sin cable. Un Crown de 20 pulgadas. Los cinco canales decían lo mismo. Hacíamos zapping hacia adelante y hacia atrás, y lo mismo. En esa época, yo era tan inocente que deseaba que todo fuera una joda. Me escondí para llorar. Trabé la puerta del cuarto con una silla y puse un cassette del Potro (un TDK que me había grabado una amiga). El primer tema que sonó fue “Amor Clasificado”. Me escondí para despedirlo bailando. Subí el volumen para que no se escuchara mi llanto. Daba vergüenza bailar en semejantes circunstancias. En casa apenas teníamos teléfono pero si sabía que podía salvarlo hubiese hecho todo para contestar su aviso. Todo. Después me acordé que le habían cortado la línea por falta de pago. Lo nuestro iba a ser imposible. Ahora más. Seguramente ya habría encontrado con su amigo Alejandro. Seguramente no quería dejarlo solo. Se nos adelantó a todos. Ahora debe estar con Walter, Leo y Gilda haciendo bailar a San Pedro. Los ángeles hoy tocan cuarteto no quieren tocar el arpa.

Jesucristo – Gilda
@luis_delia

Un híbrido fatal ensamblado con pruebas de fe.

La Motito de Carlitos – Mala Fama
@Gonzabentancurt

Obviamente, la conocí por uno de sus éxitos. Aquel tema que relataba cómo un pobre laburante se veía obligado a caminar al trabajo por culpa de algún amigo de lo ajeno. Me enamoró por su sublime teclado magiquero y una rima digna del mejor poeta griego. A partir de ese momento, la cumbia malafamera se incrustó en mi cerebro y se ganó mi corazón, levantándome el ánimo y sacándome una sonrisa después de cada día difícil.

Los incuestionables hits de la banda eran sólo la punta de un iceberg musical de una calidad (a mi gusto) insuperable, que logró mantenerse e incluso mejorar a pesar de profundos cambios en la producción y en los integrantes del grupo.

Recuerdo vívidamente la vez que conocí a Hernán en el escenario; su humildad y su carisma no tienen igual en el mundo de la cumbia, y pude ver cómo realmente disfrutaba el agite de su público, que lo esperó casi hasta la hora de cierre del boliche para bailotear al son del ritmo y la sustancia. El amor de la gente por ‘el carapatras’ queda fuera de toda duda, y él lo retribuye regalando firmas y fotografías con sus admiradores. Es por todo esto que durante la semana espero  el tan ansiado anuncio: la banda vendrá a tocar al pueblo.

Una vez más voy a estar ahí, para curar las penas con un inolvidable y malafamágico show.

La Segunda del boxeador – Repiola
@delconurbano

La segunda del boxeador, de Repiola, retrata lo que era, es y ¿será?, para un pibe, vivir en el Conurbano. La letra no es muy extensa, ni rebuscada, ni poética, pero relata en pocas palabras lo que te toca vivir en el barrio, si es picante la convivencia. Hay que plantarse, o cobrás. No hay mucha vuelta que digamos. Así era, es, la historia en muchos barrios, así lo dice la canción. Es como Miyagi explicándole a Daniel San de qué va la cosa con el karate, pero acá nomás.

El ritmo hasta te lleva a tirar jabs al aire (me permito tirar un mini conocimiento de boxeo profesional porque pintó) de lo contagiosa que es. Es difícil que la música pegue así con la letra, más siendo bastante corta, y La 2da del boxeador lo hace muy piola verdaderamente.

Para terminar, como buen galán, el cantante le habla a su dama y le muestra que si pinta bronca, él se planta como buen macho heteropatriarcal violento (?) al que no le queda otra, porque sino lo fajan.

PD: Yo te Amo – Grupo Sombras
@NotInPlace

Como hijo de los 90’s + madre y padre (y demás familia) tucumanos clase media media, crecí con  Canal 2 (luego América 2) sintonizado en la TV los fines de semana, por lo que la cumbia siempre fue parte de mi vida. Obvio que fuera de casa, negaba rotundamente que lo veía… Sólo para enterarme bocha de años después (o sea HOY) que TODO el mundo lo veía igual y hacía lo mismo en su momento. Si te gusta, putitBUENO.

Los días de semana la cumbia (y el cuarteto) igual estaba, eh: la colección de (atentos) CASSETTES, originales y TKDs de 60 y de 90 con compilados grabados por mi viejo (hasta que un poco después llegaron los CD’s) musicalizaba generalmente el ambiente en casa.

¿A qué viene todo esto? Como justificación de lo DIFÍCIL que fue encontrar UNA favorita dentro de tantas. Gracias a internet pude revisar discografías, y temas puntuales que quizás no fueron hits, pero que por mi historia particular y personal recuerdo con mucho cariño y descubro que todavía sé de memoria la letra completa (y que proporcionalmente, debo haber olvidado datos importantísimos para almacenar estos).

Así pasaron por ventanas de Youtube Los Leales, Los Dinos,  Los Cartageneros, Sebastián, Trulalá, Gary, Siete Lunas, Gilda, El Sexteto Imperial, Los Ángeles Azules, La Nueva Luna, La Mona y bocha de bandas / solistas en mi búsqueda desesperada de LA canción.

Después de una larga selección, opté por el exponente máximo de la cumbia noventosa a mi entender: Daniel “such a man” Agostini, tomó la posta del Grupo Sombras después del Negro Ávila y, como diría el presidente de aquella época, lo remontó rápidamente a la estratósfera para dejarnos un legado de joyitas cumbieras de la talla de Boquita de caramelo, Pega la vuelta y La (al día de hoy, imposible de cerrar) Ventanita, entre otros hits.

Pero lo que les entrego hoy como elección, estimadxs burris, es más bien una carta. Una llena de amor y tristeza, de palabras simples y un pedido honesto, desesperado y a la vez esperanzado de no ser olvidado. Un adiós y una declaración de amor a la vez, enlazados con 7 u 8 acordes, punteos de guitarra maravillosos y la voz de ÉL diciendo lo que todos decimos cuando nos dejan y extrañamos.

Su florcita – Agrupación Marilyn
José Sebreli

Te sobran las ganas de vivir en el año 3065 y mandar un bebo índigo capo mafia al pasado a través de un  sistema de tuberías neumáticas instalado en un agujero de gusano que le garpe alguna gira desértica y psicodélica a esta agrupación.

75. Mak Donal, su credo

“La vanguardia como ruptura artística, en una escena que desde lo mainstream suele vincularse con su público a través de una construcción dogmática de la nostalgia”.

Mak Donal

Siempre me llama – Mak Donal
AVNK

El ícono es la pretensión estilística y el rito es el resultado.

Cada vez te quiero más – Trinidad
Nadia Lopez

Preparen sabanas, whisky, cigarros… y mucha cumbia santafesina.

Cuando a uno se le pone la piel bien caliente, no hay nada que te frene, nada que te rescate. Sí ese amor te hace transpirar el corazón y todo el cuerpo,  si te agarran las ganas cada tanto,  ya son razones suficientes para hacer cosas bonitas.

En Cada vez te quiero más, la necesita así, loca. Tiene oído sordo a lo que dirán de ella. Ama sus ganas de hacer el amor hasta dejarlo en la cama rendido.  La quiere cerca su corazón.  La necesita como amante,  al menos un ratito.  Lo llena de ganas, lo llena de vida.  La quiere.

Piolisima versión en vivo se mandó  Leo en la grabación de Piel con Piel donde las guachas se apoderaban de los hombros de los pibes y cantaban desaforadas Leo, Leo, Leo…. Mientras el rugía.

Único e  indiscutible como siempre el sonido del acordeón que genera pura miel a mis oídos cumbieros.

Cada vez te quiero más cantaba el León Santafesino.  Nosotros acá abajo lo queremos cada día más… Bajá Leo, aunque sea un ratito nomas.

Tontas Cartas – Grupo Sombras
@marianofusco

Amigos burrilivers, mi cumbita es Tontas Cartas de Grupo Sombras. Un tema que marco mi época de despertar (?).

Es el fin de un amor pero con más ritmo que bajón. ¿Sombras? Solo te pido que se vuelvan a juntar.

Koli Arce
@jonypringles

No puedo elegir una cumbita en sí,  pero sí un artista y desde ahí recorrer sus canciones. El gran Mario Cecilio Arce,  más conocido como “Koli”,  marcó un antes y un después en mi vida desde la primera vez que escuche su música. Cada vez que suena una canción de él en algún boliche me da una sensación de alegría y de cortar una botella para prepararme un vino y cantar a voz alta. Himnos como Mujer endemoniada, Amor de tvAñoranzas,  Cuando hay amor entre otros tantos, los cuales de solo escucharlo te empiezan a bailar los pies automáticamente. Y como olvidarme de Doble Vida, esa canción que narra la historia de un hombre que no sabe que hacer con sus dos mujeres,  a mi parecer,  uno de los himnos en la movida tropical. Difícil quedarme con alguna canción de él, todas muy buenas, prefiero elegirlo a él y quedarme con su música. En cada boliche va a seguir sonando su música,  en cada esquina del barrio donde estén los vagos tomando vino va a estar él alegrando el día a través de un parlante, sin ir más lejos,  en algún estadio de fútbol va haber alguna hinchada cantando sus temas.

La farmacia – Cumbianchala
Víctor Schillaci

Todo lacio, pero nunca lograron componer su “Ain’t No Grave”.

87 El eje sandrístico en Leo y Dárgelos

“Leo Mattioli, sin embargo, nunca utilizó palabras como ‘oropel’ o ‘comodato’ para demostrar destreza poética en una canción. A él le bastaba dibujar una línea de arte en el aire con frases como: ‘Contigo en la cama es como hacerlo en el cielo’, o ‘Lo que siento cuando estoy cerca de ti es un fuego que me atraviesa la piel’. Además de su fama de intérprete, es digno de destacar su poder de cantautor. Cumbia santafesina con acordeón, de calidad, hecha por sus propios dueños”.

Dárgelos y Leo Mattioli

Como un ángel – Leo Mattioli
@usainbolt

Tiene sensibilidad New Order y  es lo que podría hacer Thom Yorke si tuviese buenos amigos.

Quiero yo saber – Leo Mattioli
@ezepagnucco

No sé si es mi cumbia preferida en términos bailables, pero sin dudas la que más me marcó en mi educación sentimental. Año 2001. El país al borde del precipicio y yo en el final de la escuela secundaria. Daniel Felippelli, un agitador profesional en el aula, se la pasaba cantando desde los bancos del fondo los estribillos del León Santafesino, con esporádicos ¡Ay, amor! que aparecían en la clase de Inglés, Biología o Contabilidad sin previo aviso. Un influjo que caló hondo en mí, al punto de ir a comprarme el CD Ese soy yo (inolvidable tapa: Leo Mattioli con cara recia mirando a cámara, una dama ligera de ropas durmiendo en una cama detrás). El track 6 es la perla que elijo: Quiero yo saber. En el contexto de las canciones del León -que cimentaron una fama de amante apasionado desenfrenado y tramposo-, Quiero yo saber es un canto al amor adolescente, casi una mirada nostálgica a su propio pasado. Leo se pregunta dónde está el amor, que ya no se ven las parejas caminando bajo el sol y añora a esas niñas que al salir de la escuela dibujaban corazones en la esquina.

Y más allá del poder de la letra, es una canción que pide baile: en solitario, como en las fiestas de casamiento donde uno no conoce al resto de los invitados, o bien en pareja, para reafirmar en el cuerpo a cuerpo lo que clama la lírica. Mientras cortineo con la canción para escribir esto, veo que alcanza casi 160 mil reproducciones en YouTube.

No dejen de escucharla y disfrutarla.

Leo Mattioli – Jambao – La Champions Liga
Manuel Barroso

 No encontré forma mejor de elegir UNA cumbia (si, solo una) para escribirle una nota -y ubicarla como la mejor canción de cumbia del mundo- que imaginarme borracho, agitándola con los pibes y yendo al boliche con el Toro viejo dominado.

Tarea difícil si las hay. La primera que se me vino fue una del León, un tipo que tiene más hitazos que conquistas femeninas en su haber. Después de mucho pensar, me decido por Mujer divina. Gracias por volver, no habría podido vivir un día más sin ti canta, con una conmovida voz que denota arrepentimiento por una traición innecesaria y le ruega que no se vaya más. Tranquilamente podría haber sido el soundtrack de un video de Messi con sus mejores goles en la selección, con el que le hizo a Uruguay en el último lugar.

 Tú no te mereces sufrir, mujer divina, ángel del amor.

Mientras continúo cantándola mentalmente, aparece en mi cabeza un estribillo de Jambao. El grueso de los lectores imaginará que se trata de Se parece más a ti, canción cábala de la selección española en el mundial de Sudáfrica 2010 y melodía mil veces repetida en los estadios del futbol local. Pero no, no se trata de esa. Estar enamorado es el título del tema. Primera frase: 25 horas al día, 8 días a la semana. Queda en evidencia que se trata de un amor full-time, un kiosco 25 horas al que le compramos puchos, birra fuera de horario y unos flin-paff yendo a la facu.

¿Lo mejor de este tema? Claro, el estribillo que combina el THC puro de la sangre de Bob Marley con esta música hermosa que nos hace bailar y la melena divina de Néstor Ameri, la voz de Jambao: Juntitos los dos, a lalala long, haciendo el amor, a lalala long. Sublime. La dejo correr en mi cabeza, surge otra frase estar enamorado es pegarle mordiscos a la luna, estar enamorado es, tal vez, lo que siento. Inmejorable.

Tan pronto como muevo el pie marcando el compás de esta canción aparece  la que, para mí, combina ritmo con melodía pegadiza y poesía de la cual todos desconfiamos por habernos creído los protagonistas de esta historia. Yo he sido fiel, y he nacido para amarte canta Hernán, al palo. Me extrañaras cuando yo este muy lejos, donde ya no puedas verme. No ignores el amor, no te vayas por favor. Sí, La Champions Liga.

Temón. Primero de este podio mental que fui armando. Año 2010.

¿Cómo quieres que me marche y olvide aquel día que hicimos el amor a orillas del mar? ¿Cuándo el celaje de la luna te ilumino la piel, dime, quien te hizo mujer?

No creo que exista persona en el mundo que se haya acordado de algún amor primerizo que le quedó grabado para siempre y al cual recuerda cada vez que escucha este himno nacional titulado Me extrañarás.

90. La Champions Liga

“Escuchar un Hola, ¿qué tal? y completarlo con ¿tú cómo estás? es una especie de batiseñal de cumbieros línea championliga y muy posiblemente el comienzo de una hermosa charla o un precioso play en Youtube”.

Hernan-Y-la-Champions-Liga-Desde-El-Alma-CD-2016

Me extrañarás – La Champions Liga
@FacuNavarro87 

Arranca con un repiqueteo digno de las épocas del Cumbietón y la inconfundible voz autotuneada de Hernán, al que se lo banca profundamente. El reproche es hacia #Ella quien tiene el deseo de dejarlo ir -por celosa-, aunque él nunca le haya sido infiel y además nació para amarla. El momento más alto llega cuando Hernán comienza a recordarle todo lo vivido, incluida una escena romántica a orillas del mar, donde menciona el “Celaje” de la Luna, palabra que solo la Champions tiene permitido usar, y la construcción de un “castillo de cartón” –si alguna vez tengo una banda de cumbia, quiero que se llame así- al que se lo puede relacionar con una casa en la 1-11- 14 o bien con un castillo fabricado con cajas de Vasija De Oro. También le recuerda el famoso juego del papá y la mamá y cuando todos los recuerdos que le tira Facebook se le agotan, le tira, casi gritando, la infalible frase de Borges “¿Dime quien te hizo mujer?”. Una vez que pasan todas las escenas la cumbita se va desarmando junto con la voz de Hernán que sigue repitiendo “no te engañes por favor”.

 

Dime si eres feliz – La Champions Liga
@barvelez

Enya sin derechos humanos. Incluye delfines y pop inocente para el movimiento raeliano.

Nunca me Faltes – Antonio Ríos
@GuRusconi

La cumbia que elegí es el éxito del gran Antonio Ríos Nunca me faltes, que data del año 1997, previo al boom de la cumbia villera con sus letras más sociales y callejeras, que denunciaban el maltrato policial y la indiferencia política ante la pobreza. Las líricas de Ríos trataban sobre la devoción de su amor, muy distante a la frivolidad que muestran las cumbias actuales donde lo único que importa son cuantas rochas se suban a tu coche.

La canción empieza con unas notas inconfundibles “pa pam pa pam pam pa pa pa pa pa pam” y quien no se pare a bailar al escucharlas que se dé por muerto, ya que difícilmente le quede algo de sangre en las venas. El video que ilustra la canción muestra una cuidada coreografía por parte de Ríos y su banda. Esta es una cumbia de traje y zapatos, elegante y respetuosa, casi minimalista. Los pies se mueven solos, como si cobraran independencia al escuchar  las palabras del cantor que dicen que sin el cariño de su amada no es nadie, que sólo busca decir bellas cosas en su oído, ¿y acaso no es lo que queremos todos? Una compañera (o un compañero) a quien endulzar con palabras y que nos devuelva un poco de esa pasión que Antonio Ríos tan bien supo plasmar.

Mucho más no puede ser dicho de esta canción ideada para bailar con la camisa afuera y un poco copeteados, solamente que siempre que suene cumpliré con el destino que fue traída a este mundo. Y ojalá siga sonando, que nunca nos falte.

Suena mi bajo cumbiero – Mc Caco
Johanna von Puttkamer

Es marcial, desacomplejada y bailable.

En pie de Guerra – Grupo Sombras
@ramaliebana

Difícil elegir, tantos grandes grupos con tantos tremendos temas. Pero después de un rato, bastante largo por cierto, me decido por: En pie de guerra de Grupo Sombras. ¿Motivos? Muchos recuerdos más que nada, de muchas fiestas familiares dónde la voz de Agostini al palo se fundía con la nuestra cantando: Voy a rendirme a tus ojoos, voy a rendirme a tus laaabios, voy a rendirme a tu cuerpooo, no me voy a defender, no me quiero defender no me voy a defender no nooo. También muchas salidas con amigos, dónde recuerdo que hasta habíamos ensayado un paso al compás de la canción. Por eso, y también porque esa es la definición del amor para mí. Alguien que sepa cómo poder con uno y no se aproveche de eso, sino que lo use osea la seducción, para la risa, la diversión y el crecimiento de la pareja.

En fin, es un hermoso tema, como tantos otros que tiene Sombras, como tantos que tiene nuestra cumbia. Pero elijo En pie de guerra porque cada vez que suena, mi cara cambia, el ánimo sube y disfruto cantarlo, en la calle, en casa, en la ducha, con amigos o con desconocidos. Amo este tema, que me puede, que me pone en pie de guerra pero cuando suena esa guitarra, ya me puede. No me deja defenderme, aunque tampoco quiero defenderme, me rindo a disfrutarlo.

 

Recordando a Natacha –  Grupo Sombras
@cintiagcaseres

Verano del 92′. Garín, mi localidad. Plena época de Corsos. Se anuncia show de Sombras. De inmediato les pedí a mis papás que me llevasen a verlo. Los harté durante días, aunque no hacía falta. Llegó la noche, pero se me pasó lenta, tenía que ver a todas las murgas, a los pibes jugar con los pomos de nieve, esperar y esperar.

Hasta que a las 5 AM arribaron los músicos. Empezaron a sonar los primeros acordes, estalló el público con la primera estrofa de mi tema. Yo estaba feliz y mirando todo desde los hombros de mi papá, a “cococho”. Inolvidable.

 

Papá Noel – El Basura
Ricardo Roa

La alquimia de Brian Eno subido a sus musas más invitantes.

El viejo de arriba – La Bersuit
Rodrigo Ramos

Fue en noches de carnavales que escuchamos al pasar la pregunta de aquel niño ¿qué es una CUMBIA mamá? CUMBIA, CUMBIA es un MIRLO que en su romántico vuelo, barriletes de ilusiones va recortando en el cielo

*mensaje*

– Elegiste tu cumbita?

Si por cada paso tirado hay que reconocer una estrella en una canción, tenemos el cosmos ¿Quién puede elegir una cumbita entre todas las que bailó? ¿Cómo podés?

Repasé muchas, de El Maestro a Leo, de Lavoe a Pablito, de Rodrigo al Perro Serrano. Las que me sabía de memoria, las que tarareaba como quien canta canciones en un inglés de mierda y de las que no tenía la más puta idea que me acordaba, como Maribel (ponela un rato…).

Bailaba con mi mamá, la tabla de planchar, zucoa en la mesa y algún cierre de cortina de tv con sonidero popular para venderte un marciano chupatierra. Muevamueva 20 segundos y vuelta a la realidad.

Ella tiene la cadencia de la rumba mesopotámica y sus pasitos estaban más cerca del chamamé que de otra cosa, pero me dio un mapa para los pies a la hora de encarar pibitas en los bailes del colegio (una vez un padre careta cortó el sonido por Laura y hubo un bondi hermoso, para otra historia),  pero las pibas a los hasta los 12 nos tuvieron asco.

Un mundial después, sin padres a la vista, con el luna park lleno, agarrar o ser agarrado por alguna cumbiambera disfrazada de bersuitera era el summum.

El viejo de arriba no sabe vivir no dejo que pinte mi cielo de gris ni de ningún modo voy a permitir que me entristezca.

Un flow inexplicable con una traza sónica en el punteo que te sellaba el acta de defunción si no movías. El galpón de box lleno de renegados queriendo apretarse unos con otros en un solo pasito generalizado con la pera y la frente en 180, buscando un cielo en el techo, elevando un grito de libertad y rebeldía envuelto en la cintura de ella y cortitos un-dós, un-dóNADIE LO PODRÁ IMPEDIR ESTA NOCHE IRÉ HASTA EL FIN *agita el brazo, hijo*

A lito le faltaba una gamba desde que el mitre lo agarró distraído de chiquito en el andén, y ahí estaba el culeado entre un mar de gente alejándome de la equis con su pata ortopédica gritándome en la cara CON LOLOCO LOBORRACHO CON LAS PUTAS Y LOWACHO y que él te suelte y mires para otro lado, reloco y te agarre una amiga que “no, con ella todo bien, no pasa nada” y te lleve a su rincón de un juego desquiciado y te chape de prepo si hay una cumbia que suene de fondo durante el próximo par de años, marcando el compás de los mambos que vendrían.

La reducción de un montón de cosas que existen por unas notas y unas frases que salieron de un parlante que sonaba mal, pero que cumplía su cometido. Con un mensaje que se baila, que no importa nada más, porque tiene en su grito el ego del amor y la libertad.

Las cumbitas ¿no hablan todas de lo mismo?

El Canguro- Máximo Consumo
@dolliirigoyen

Es perfecto para este Pasión distópico, pero desconfío de todo lo que se presente como distópico.

95. La reina del tex-mex

“Empezó su carrera de muy pequeña, como Andrea del Boca, pero sin subsidios ostentosos. Integraba una banda junto a su hermano en bajo, su hermana en batería, y su padre como creador de la criatura y manager: Selena y los Dinos. Se hizo de abajo, como Rolo de La Beriso, realizando sus primeras presentaciones en bares y fiestas de 15 o casamientos”.

entre-a-mi-mundo-selena

Como la flor – Selena
@luverdun_

La primera vez que escuché Como la flor fue en la película de Selena, un sábado a la tarde por canal 9, yo tenía 10 años más o menos. En una escena, ella (Jennifer Lopez haciendo de ella) tenía que dar un show  pero el público estaba re gede queriendo armar bondi, entonces empezó a cantar Como la flor, les hizo gestito de silencio y se quedaron todos re pillos. Y si Lisa, después de ver el tango de la muerte quería bailar, cuando terminé de ver la película de Selena, yo quería ser cantante (y tener tetas, obvio). Como en La bella y la bestia en Como la flor la flor es una suerte de metáfora para el amor en la que Selena deja su enorme sonrisa de lado y, aunque sigue enamorada de su guacho, se banca como una campeona que él no le pase más cabida. Abanderada de las superadas para siempre.

Acá Dalila y Los Charros hicieron sus versiones de esta gran cumbia de la reina del tex-mex.

Para siempre – La Rosa
@stolbizer

En modo literatura rosa, cuando quizás el camino más deseable es Depeche Mode en modo Manuel Puig.

96. Corazón valiente

“Corazón valiente nos invita a plantarnos. Sin falsos rencores, habla de cerrar la puerta y de abrir otras que saben de amar y del amor verdadero (y de emborracharse con él). Corazón valiente nos invita a hablar con el corazón en la mano sin mariconear porque nos clavaron el visto, sino todo lo contrario”.

corazon-valiente

La puerta – Gilda
@danielavendra

A veinte años de su muerte,  Gilda está más viva que nunca. Película, especiales de televisión, entrevistas y notas repasan cada detalle de su vida y de su obra. Sin embargo, más allá de la conmovedora historia de una chica de barrio que triunfa en la movida tropical, hay otra cosa para decir sobre ella.

¿Cómo se canoniza a una artista popular? ¿Por qué una cantante de cumbia es de pronto considerada una santa? ¿Alcanza con morir en un accidente de ruta para que te construyan un santuario? ¿Por qué las madres llevaban a sus hijos enfermos al camarín de Gilda antes de sus shows, y no al de Lía Crucet? ¿Por qué las amas de casa la veneran a ella y no a Gladys la Bomba tucumana? ¿Qué mensaje transmitió Gilda para que tantas mujeres lleven su estampita?

Una ex maestra jardinera se sube a los escenarios más machistas del país y les canta a las pibas que no se dejen forrear, que si el tipo las maltrata no le sostengan la vela y cambien la cerradura. No importa si te mantiene o es el padre de tus hijos, siempre podés cerrar la puerta. Imagino esos versos coreados por cientos de chicas en alguna madrugada bailantera y no se me ocurre feminismo más puro.

Gilda, empoderada, santificada, se para de manos y grita: ¿quién te dijo que mi puerta/ tiene que estar siempre abierta?

Jime Acosta

Durante las tardes de siesta en Sarandí, subía a la terraza, a ese lugar que estaba casi prohibido para ella. Ese sitio que la exponía a lo más público, y lo más privado de su familia.

Susi ponía su casette de Gilda, ese que había comprado en la feria que se armaba los viernes, en la calle Cordero, en la que se mezclaba la venta de productos pirateados, con el pescado fresco, los anillos de fantasía y la ropa deportiva.

Prendía el radiograbador negro y comenzaba a bailar y cantar, sin romper demasiado el silencio vespertino. El olor del cuarto que antecedía a la terraza, el humo acumulado del encierro, era típico de su niñez.

En la vieja biblioteca, llena de tierra, atesoraba su música. “Te cerraré la puerta en la cara” exclamaba Gilda, como en una especie de reivindicación feminista conurbana. “Te cerraré la puerta para que aprendas”, decía y Susi, la imaginaba como una  heroína, colorida de flores, bella y guerrera.

Cantaba y se sentía ella, sentía en su carne el dolor y el amor. Bailaba como en un escenario, y sacudía todo su cuerpo con tal gracia, que le hubiera gustado que alguien pudiera disfrutar al verla. Allí  se guardaban secretos.

Y en ese cuarto, que Susi habitaba en las tardes, no había puerta que pudiera cerrarse. Nada la protegía de las escenas que allí, se daban con regularidad casi compulsiva. Susi soñaba con una mujer a la que admirar, que la enorgulleciera. Pero, a cambio de esa fuerza femenina y musical que anhelaba, ella recolectaba las tucas que su madre desparramaba por la vieja biblioteca. En su realidad, la puerta siempre estaba abierta, de par en par.

Gracias – La Nueva Luna

Nunca dejen de cantar.

Los lectores de Revista Burra

BURRA