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95/ Corazón de Madera, La Nueva Luna

“Choque de cometas, caen las estrellas, el cielo lo descubrirá. Se fueron las lunas, solo quedó una, una luna de verdad, que con su reflejo, que con su gran brillo al mundo iluminará”

Corazón de Madera es el alter ego de Oktubre en la movida tropical. Así como el disco de la banda del Carlos relata el fervor social intuido en las peripecias de la Revolución Rusa, el primer trabajo de la banda del Chino y El Mago hace honor a la Perestroika y al advenimiento del capitalismo como el único modelo a seguir. Entre canciones aparentemente cargadas de amor y resentimientos, la metáfora está puesta en la desilusión comunista y el neoliberalismo como nuevo chongo.

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Corría el 86, Patricio Rey editaba su disco más iconográfico: Oktubre. El álbum representaba el ingreso a la modernidad de los Redondos desde una perspectiva muy distinta a la de las bandas del momento. No había Pumper Nic para sus autores, cuyo bagaje cultural se complementaba muy bien en un sonido new wave. Desde la poética del Indio hasta la estética de Rocambole, todos los imberbes, a partir de un lugar menos vanidoso, podrían percibir el clima de época que retrataba la obra.

Detrás del paredón los milicos todavía querían seguir jugando, pero era la democracia la que paulatinamente absorbía más adeptos. Algo de fervor había, no solo por el Diego, no solo en la juventud radical. Desde el titulo del álbum hasta su proceso de producción todo venia como piña para estar en consonancia con ese fervor. Fue en octubre cuando nació Lennon, fueron en aquel mes el día de la Lealtad y el asesinato del Che, también las elecciones del 83, pero iban a ser soviéticos los íconos que se llevaron la mayor cantidad de confites.

Nueve años después, La Nueva Luna publicaba su álbum debut. Corazón de Madera podría parecerse a todo menos al segundo disco de los Redonditos de Ricota. Sin embargo, en su lírica un concepto emergía. El denominador común con su alter ego estaba en las letras. Ellas ratifican también la temperatura de aquellos años pero desde un orden inverso. Era la emoción individual y no la critica de la razón ideológica el objeto de discusión. La substancia artística se veía embutida por la figura retórica de la metáfora. En once de los doce tracks la temática que más abunda en lo que desde Nueva Orleans llamarían Heart of Wood es la frustración amorosa. El restante, el track número tres, “Choque”, es de hecho la alegoría a ese nuevo mundo que estaba por ser “iluminado”. Un mundo flamante, antítesis de aquel que postulaban los marxistas, en el que siempre habíamos vivido pero que veinte años atrás penetraba en todos los rincones, de manera inquisidora y compulsiva, como un violador serial. Capitalismo Padre Grassi.

La desilusión advenida por el derrumbamiento de las alternativas socio-políticas podría encuadrarse como elemento a sublimar a través de dramas de tipo afectivo. Los cumbieros también estaban conflictuaditos y en vez de agarrárselas con el sistema como Nekro de Fun People se hacían el rollo con sus ex.

La tercera posición ya se la había robado el otro Carlos, en Harvard le daban cuerda al Consenso de Washington, en tu casa tu viejo se quedaba sin laburo y era la noche de bailanta, en el Mundo Bailable de Puente La Noria o el Maracaná de la rotonda de Llavallol, la que te ayudaba a superar los desconsuelos y darle la bienvenida, en un marco pleno de incertezas (“Mirarás el cielo, nadie entiende nada”) y botellas cuadradas de cartón, a ese nuevo universo de aperturas, privatizaciones y libre mercado. Batigol, Susana, los Stones y la movida tropical como TV Fuhrer de los años noventa.

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“Poquito a poco te conocí, poquito a poco me enamoré, poquito a poco me ilusioné poquito a poco yo te perdí”

Al toque de asumir la presidencia de la URSS Mijail “Antojo” Gorbachov inició la serie de medidas para paliar el estancamiento del estado socialista conocidas como Perestroika y Glasnot, dando cuenta así del abandono paulatino de la política ortodoxa soviética.

Los ideales se derrumbaban como también las piedras del muro meses después y eso que sedimentaba la cosmovisión de la mitad del globo en una noche de cristal se hacia añicos. No lo soñaste. “Y ya se fue y ya se fue, ya se marchó, se llevó todo, también llevó mi amor, se fue se fue y solo me dejó, con una pena grande en el corazón”, cantaba el Chino desde la canción dos. Las medidas dejaban a Friedman y Von Hayek como únicos próceres. Te hicieron creer, entre otras cosas, que Carlos Pellegrini y George Washington eran la misma cosa.

“Ven y dejate llevar por la magia del deseo y del amor”.

Todos recuerdan el día en que John conoció a Paul. ¿Pero quién sabe la fecha en que El Chino y El Mago se vieron por primera vez? ¿Quién podría recordarlo? En fin ¿a quién le importa? Lo cierto es que tras dos años de un modesto paso por el grupo Siete Lunas, estos pibitos de aires mesopotámicos decidieron dar el zarpazo y hacer la suya.

La aventura devino en un disco con sabor a EP en el que Marcelo González travestía su facha de colectivero cuatro de copas en un crooner gauchito con rasgos de arengador acompañado de las cuerdas de Ramón Benítez, exentas de efectos hi-fi pero con punteos e influencias de Dire Straits y la música del litoral santafecino.

Fue una experiencia deslumbrante y tal como muchos de los conjuntos de aquellos años, La Nueva Luna le cantaba desaforadamente al amor pero en su lado más doloroso, es decir, los himnos iban al desamor, al abandono, a la traición, a la desilusión, a todo el aserrín que conlleva tener un vínculo afectivo. Si prescindiéramos del relato del fin del comunismo cualquiera podría tildar a estos tipos de resentidos patológicos. Misóginos diría @Culo_Garcia. Sin embargo, preferimos seguir con la nuestra y creer que la desilusión y el rencor nunca son buenos. Con el tiempo supiste que Fukuyama estuvo equivocado.

Eso si, en el penúltimo track (“Lástima de Amor”) hay una puerta abierta para el Luche y Vuelve. “Si cambiara mi suerte, si alguna vez vuelvo al verte, si cuento contigo, si aún me quieres desde ahora estoy dispuesto a luchar para no perderte”.

 Walter Sosa

BURRA