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95/ Corazón valiente, Gilda

Ni Virginia Woolf, ni Emma Goldman, Simone de Beauvoir, Silvina Bullrich o Carla Conte. Miriam Alejandra Bianchi.

En 1995, la mujer de Libra parió su cuarto material discográfico (Leader Music) cuya tapa, con Gilda envuelta en una capa azul y coronada con flores, inspira más fe que la cúpula de la Capilla Sixtina. Lejos de ser una colorida compilación musical, maduró, sin pretenderlo, en forma de manifiesto para los corazones de las chicas que, históricamente, fueron reclusos de la pedagogía del macho.

Corazón valiente marca el fin de la Historia cumbiera escrita por el patriarcado: por esos tipos infieles, tramposos, inconformes, rencorosos y vengativos.

Corazón valiente nos invita a plantarnos. Sin falsos rencores, habla de cerrar la puerta y de abrir otras que saben de amar y del amor verdadero (y de emborracharse con él). Corazón valiente nos invita a hablar con el corazón en la mano sin mariconear porque nos clavaron el visto, sino todo lo contrario.

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PLAY. Con su introducción inconfundible, “Fuiste” es una oda a los finales harto anunciados. Si podemos repetir la letra corte salmo durante setenta y dos horas, nuestro corazón sanará en su totalidad del último espanto y estará listo para una nueva batalla.

“Yo me planto y digo basta, basta para mí porque estoy desenamorada de tí”. Tomá.

Si hay que ser valiente para dar el portazo, también hay que serlo para abrirle el pecho a otro galán. “Ámame suavecito” expresa la valentía de poder decir sin rubores cómo queremos que nos amen. Una valentía que es mayor cuando nos podemos dirigir en paz al que queremos que nos ame y no al simple voluntarioso que te manda fotos de gatitos por DM.

El estribillo, lejos de arrogar apriete sindical, es pura ternura.

Cuando cambian las luces y empieza a gestarse el trencito, llega No te quedes afuera”, una posición mucho más pragmática que la del nefasto Carpe diem que tenés tatuado en el antebrazo. Gilda te invita a compartir los placeres del vivir. Si la vida no es un carnaval carioca eterno, los que elegimos estudiar Ciencias Sociales porque no queremos llorar en un shopping, estamos en problemas.

Spoiler Alert: El track 12 es su versión remixada, con un atisbo rapero y con muchos más silbatos. El remix tiene los compases justos para poder hacer palmas hasta el desmayo. Pasan las horas, pasa la vida, pasa sin darnos cuenta. Para vivirla, para gozarla, no te quedes afuera”.

Hasta acá con la fiesta de quince. Antes de todo, contamos con otra introducción inconfundible; aparece el “Yo soy Gilda” que está marcado a fuego en las hojas de la Historia: Llega el momento de “Paisaje”¸ el cover del italiano Franco Simone, cuya versión original no tiene tanta magia como la de nuestra Santa que comparte su mayor dulzura en esas estrofas.

El diamante: “Corazón valiente”. Ni Juana de Arco, Olympe de Gouges o Eva Perón pudieron explicar su entrega con palabras tan atinadas como las de Gilda. “Y no me importa nada porque no quiero nada, tan sólo quiero sentir lo que pide el corazón”.

Amar es pararse al frente del batallón ya sea para conquistar un territorio y fundar una Nación o para comerse cada una de las balas del ejército enemigo. Es el riesgo, Gilda lo alza cual estandarte:Prefiero amarte, después perderte.

Antes de cumplirse los veinte minutos, llega “Te necesito”, una cumbita devenida en rock que se instala humillando a Patti Smith. Con crudeza, Gilda describe la desesperación de la que espera. “Suena el teléfono y tú no estás, si no te encuentro no tendré paz”. Duele, la última canción que escuchó Nisman antes de irse al Cielo con Leonardo Simmons.

En el Cielo, Un amor verdadero”. Es una canción que agrego al celular cada vez que le doy besos a un chico que parece bueno. Es efectiva, calma la ansiedad y evade los malos presagios. Hasta acá con mis desencuentros románticos; “Un amor verdadero” más que una canción, es una plegaria que es escuchada. Es lo bueno que llega, que se instala, que alimenta y que ayuda a crecer. La intensidad va in crescendo, hasta que viene un fraseo dulce y etéreo para que abramos los brazos hacia el Cielo:

Vida, soy tan feliz que quisiera que lo nuestro sea hoy y sea siempre. Pero, si no es así, al menos seamos felices por habernos conocido y por saber qué se siente cuando nos toca vivir un gran amor… Te quiero”.

La octava estación del doble platino es “Cómo marea”. Otra muestra del amor actuando químicamente de manera análoga al alcohol y otras sustancias. “Fue tanto, tanto el amor que mareadita quedé. Sin una gota de alcohol, de ti yo me emborraché”. Está claro que el estribillo pega tanto como *inserte droga afín*.

Otro cover: Si supieras” que, a diferencia de Paisaje”, desató la polémica entre los seguidores de Luis Alba (compositor jarocho) ya que el tema sólo había trascendido en la voz de Karolina con K, exponente del tecno-merengue.

Al margen de la discusión, podemos apreciar que la versión de Gilda y su banda es una delicia. Hacia el final, la canción expone un “solo” de teclado al ritmo del son cubano destacando, con justicia, la naturaleza de la versión original.

“Hasta el amanecer”, conflictos en SADAIC mediante, podría haber sido incluida sin modificaciones en Nada Personal, pero a nuestra fortuna fue compuesta por Gilda y su marido, representante y productor Toti Giménez.

“Y tu voz susurrando cosas, y tu boca mordiendo mi boca. Y tus ojos desnudándome hasta el amanecer”. Revancha. Gilda le canta a la traición y a la neurosis de abandono, sí, pero en brazos de otro. Ya va a pasar, se trata de un corazón valiente.

En otro orden, en los casi dos mil años de la Iglesia Católica, Gilda firma un precedente: “Jesucristo”. En tres minutos, Santa Gilda comparte una alabanza que atraviesa el plexo solar de los que miran al Cielo y le atribuyen el universo a un espíritu omnipresente y mandón. Sencilla y contundente, se opone a la versión original del brasileño Roberto Carlos que ni penetra corazones ni expresa bien el español.

Florencia García Alegre

BURRA