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95/ Heavy Metal y Cumbia (Cómo estás tú, Peluche)

Garrón cuando te sentís predestinado a un lugar en la historia y lo termina ocupando quien considerás tu enemigo. El drama, eterno dramón, del heavy metal argentino.

“Yo que por amor doy hasta mi vida, hoy sólo me toca sufrir. Tengo una pasión, pero que es prohibida…” 

Peluche

“Los que están podridos de aguantar el llanto de los que quieren paz”. “Basta ya de signos de la paz, basta de cargar con el morral”. “Hoy tu mente jipi ha de morir”.

Las consignas que vociferaba Ricardo Iorio a través de las cuerdas vocales del “Beto” Zamarbide eran claras. Y todas estas líneas pertenecían al mismo tema. ¿No será mucho, Richard? Neh.

A principios de los 80, el metal flashaba un cambio de perspectiva en la contracultura. Es más, respecto a esta coyuntura que supo atravesar el rock argentino, el periodista Pablo Schanton planteó hace un tiempo la teoría de la Triple V. V8, Virus, Violadores. Grupos emergentes que se paraban de mano frente al ocaso de la dictadura, cada uno a su manera. El rock oficial(ista) de Piero, la trova Rosarina, y demás lacras pseudo armoniosas, también debían morir. Momento de luchar. Pero no, el Barock 82 triunfó a fuerza de flit con Óleo 31 y flores de Bach. Todavía faltaba un año para recuperar el derecho cívico de quemar cajones libremente. Si bien la propuesta de conjuntos disímiles como Virus y Violadores rindieron sus frutos en los albores de la democracia, el bardo propuesto por V8 perdió antes de jugar y emprendió camino al sepulcro. Los 80 terminaron apresuradamente y le entregaron el poder de forma anticipada a los 90. Escenas de radicalismo-peronismo explícito. Se recomienda discreción. ¿Sería este nuevo escenario de crisis propicio para el destierro de los oscurantistas? Spoiler: no.

“Tango Feroz” se estrenó en 1993, y todos se volvieron a comer el tocuen del amor y paz. Lluvia copiosa de jipis anacrónicos. A vos que sos un purrete esperando ansiosamente tu viaje de egresados, adiviná si tus viejos en Bariloche cantaban “Rasguña las Piedras” o “La Revancha de América”. Jugatelá, no seas cagón. Mientras tanto, Hermética se disolvía un segundo antes de convertirse en la única banda grande del metal nacional y ¿se comía terrible boludeo de parte de Cris Morena? Es para indagar eso, amigo.

“Veneno, eres mortal como una estocada, de doble filo como una daga…”

A todo esto, tener el pelo bien largo implicaba siempre ser jipi o metalero. Sinónimos de inconformismo, juventud, rebelión, o que podías ir a cumbiar los sábados a Canal 2. ¿Quién iba a pensar que de esos “cursis-grasas-colorinches” saldría la verdadera renovación de la contracultura frente a la siguiente crisis?

“La cumbia villera os hará libres”. Juan el Cartero 8:32. Mala Fama, Flor de Piedra, y Pibes Chorros, serían la voz de la protesta. Mientras tanto, el corralito, los saqueos, y las zapatillas de Ruckauf, decoraban el país junto a un montón de señores de traje que (no son los mismos cinco gordos de traje que le robaron al ilusión al sobrino de Daniel Osvaldo) jugaban al juego de la silla en la Casa Rosada, en pleno auge teen de “El juego de la copa”. Repudio.

La onda era estar re duro y mover un poquito el esqueleto mientras se relataban las realidades y consecuencias del vaciamiento. Mentira. Aunque también la cumbia villera confluía con el mainstream, porque todos iban a tocar a lo de Tinelli, un bloque antes que aparezca a contar chistes el Heavy Re Jodido.

En fin; un rumor muy muy fuerte en la movida jedbanger argentina es que en determinado momento de la década del 90, una incipiente pero virtuosa banda heavy se juntó en una sala de ensayo. Al unísono, tiraron: “Muchachos, tenemos que hacer plata”. Al toque, se mandaron a bordar ositos de colores en la camisa. Sí, se llamaban “Peluche”, y tenían el point.

Sea cierto o no, si escuchás “Mi nena, mi nena” hasta la parte del solo, vas a encontrar cierto rugir de viola que conmovería al mismísimo Yngwie Malmsteen. Tiempo después, él formaría su propio grupo de cumbia. Tal vez, hoy la contracultura pasa por retwittear el legado de Fort en 140 caracteres. Lo cierto es que “Olvídalo y volverá por más” trasciende tanto el tiempo que tendría que ser nuestro himno nacional. De pie, y sin cajón peruano.

 

Pablo Sebastián Rojas

BURRA