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95 / No me digas adiós, Commanche

“Y te voy a besar como antes… y te vas a entregar de nuevo.”

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En 1995 comenzó CQC, pero todos los niños menemistas estábamos a upa de Marcelo. No hacía falta agacharse para conocerlo, ya que él mismo se ponía a tu diminuta altura, y se encargaba de apadrinar como un amigo mayor a tus ojos Disneylandiosos. Si le decías que eras de San Lorenzo, Marcelo te obsequiaba una golosina que conseguías a $0,05 en el kiosco. Si le contabas un chiste, Marcelo te lo festejaba y te hacía sentir el nene más capo del colegio. Si te quedabas callado porque le temías a la lente de la cámara, Marcelo te regalaba igual la Cajita Feliz porque él era Papá Noel. Ya habría tiempo para crecer, teñirte la ropa de negro, escuchar AC/DC todo el día, y pedir “Que se vayan todos”.
Ricky Maravilla se quedó, Alcides se quedó, Lía Crucet hizo lo propio, y tu hermana ni hablar. A mitad de los ’90, los próceres de la movida mantuvieron su status de ídolos populares, pero generosamente le fueron cediendo espacio a las nuevas generaciones bailanteras. Aunque claro, el problema de dejar las puertas abiertas de par en par, es que se puede infiltrar algún colado que se encarga de afear la fiesta. Ahre nazi, corte Inadi. No, denserio. El huevo Kínder vino con sorpresa.
Apa, te tiro huevo Kínder y te ponés a gritar a los cuatro vientos: “Turco, volveeeeee”. No te tenía tan neoliberal. Weeeee, se la daba de economista el wacho. Ahora entendés la escultura de veinte metros que le van a levantar en la entrada de Anillaco, ¿no? Habría que embalsamarlo, loco. Una caravana por el Conu con su cadáver a bordo, guiándonos hacia el futuro. Ya lo veo. La gente proclamando su nombre alrededor del Menemóvil como en los viejos tiempos, cuando se podía salir a la calle de noche y mirar Caramelito en barra. Se me pianta un lagrimón y todo.
Bueno, medio que me fui de tema. Cuestión que de repente cayeron unos pibitos que se hacían llamar Grupo Commanche, y que humedecían las bombachas de cuanta fémina se cruzara en su camino. (Personalmente prefiero la rusticidad pirotécnica de Pocho La Pantera, pero ese es otro cantar). Una boy band que supo conquistar los rankings musicales de radio y televisión, peleando palmo a palmo con grandes hits de la década noventosa. “Abarajame”, “La gota fría”, “Mal bicho”, “La guitarra”, “Mariposa technicolor”, y “Tonta”.

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Donda, como quieres que te quiera si me tienes trabajando. Donda, Donda. Lo cantabas de chiquito para que la parentela estallara de risa. La re-re era un hecho, tu tía se copó con eso de la convertibilidad y puso el gancho en la urna. El resto de la familia, neofrepasista de la última hora, ese domingo se fue a dormir con cierto gusto a jugo Suin en sus labios. Entre otras cosas, por si no te diste cuenta porque estabas muy entretenido con el joystick del Sega, el visto bueno a las privatizaciones implicaba darle oxígeno a especímenes como el grupo Commanche. Los 30 segundos de Warhol se estiraron un cachitito, quizá demasiado.
Hay límites. Eso se lo dijo Charly a Rodrigo, pero también se lo podría haber dicho Borges a Casciari. O sea, todo bien con los pibes, pero no. Igualmente, está claro que si le dedicamos un espacio a estos chicos lindis del siglo pasado, es porque supieron escribir una página importante dentro de la cumbia. Periodismo objetivo y sanguchero.

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“No me digas adiós” es un disco plagado de covers. Ricky Maravilla, Grupo Bronco, Grupo Ladrón, Leo Dan, Ricardo Arjona, y otros. Luego de “Tonta”, el buque insignia de la banda que conocemos todos y todas, llega “Nada le dí”. Un melodrama cargado de autocrítica que estremece. De lo más logrado de la placa, quizá porque el arranque siempre tiene que cautivar al público. Como pasa en los shows, como pasa cuando al principio le dijiste a tu jermu que hacías deportes y que te bañabas todos los días.
“Cómo te lo digo”, tercer track. Falta de palabras, incertidumbre. Corazón. Cabeza. Amor eterno, perdición. Lo que vendrá. Pasión, límites. Novela pedorra mexicana que atornilla a tu abuela al sillón. Nos salteamos “Pero esta vez lloré” porque resulta más de lo mismo, y vamos a “Completamente solo”. Pegajoso, inocente. Una historia de hombre abandonado con destino de hit, Los Decadentes style. Perro Serrano a full, sí. Aunque también la podría cantar Diego Demarco. Cuore desgarrado, ritmo de maracas y bongó.
“Sólo quedó”. Bailen, putos. Recuerdos. Frases para grabar en camisas hawaianas: “Nuestros cuerpos formaban uno”, “Un peluche que mira la pasión”. Cantos tímidos, bajitos, como hablándole al oído a una quinceañera. A esta altura, los Commanche te empiezan a caer bien, y hasta no te puede llegar a joder que sean los novios de la nena. Decí que después la embarran un poco mucho con “Para siempre” y “No me digas adiós”. El primero, una especie de Club de clan con psicofármacos que te invita a un picnic malogrado por mosquitos asesinos en plan primaveral. Melancolía. El segundo, si lo vemos desde una perspectiva benevolente, es una gran rola para franelear en el cumple más falto de presupuesto que hayas visto. Pero lo que vale es ponerle garra y corazón a la adversidad, ¿no cierto?.
“Besame”. Este es el Commanche que me gusta, el que no se parece a Commanche. Sebastián, ¿sos vos? Cuarteteando como un campeón por Panamericana, hasta incrustarse contra el inmenso cartel del narco candidato de turno. Por no decir cartel de Medellín, cuak. Para mí, tenés que pegar dos tizas como el logo de Encuentro.
“Quien diría”. Arjona. Dios mío. Poesía guatemalteca, así están. El peor tema del mundo. Por suerte, después viene “Agüita de melón”. Cumbia santafesina, picaresca. Algo así como escaparse un fin de semana con la jabru, los pibes, y hasta tu suegra; combinando estadías de carpa, pesca, y un TDK negro con cuentos de Landriscina.
Me voy corriendo a ver qué escribe en mi pared la tribu de mi calle: “Cuando ví que los cumbianchas tenían el pelo largo, me lo corté”. De los creadores de “Y los hippies que se mueran”, en efecto. Hoy, ahora, la Era de los pelilargos se terminó, y René Higuita se caga en eso porque es el puto amo del universo. El día que se lo corte Agostini, ya nada será lo mismo. Por otra parte, Passarella está gagá y sigue preguntando por Redondo. Los Commanche no sé qué onda, creo que volvieron para hacer algunos recis, y que su líder Ariel Casco continúa con su carrera solista. Buena suerte, y más que suerte. Groppi ganó, porque sabe más. Tú me quieres lastimar, sobre todo los oídos. Haz lo tuyo, Bernardo.

 

Federico Durán

BURRA