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95/ Tentadora, Lía Crucet

Atención. A ver cómo lo explico. Es como esos grandes acontecimientos que uno sabe que inevitablemente van a suceder. Una bola de nieve, gigante y arrolladora, que se llevará puesta tu prepotencia y tu pose de superado. Sí, usted que no quiere ser interpelado porque considera que ya lo entendió todo, va a recibir una sacudida que lo hará retroceder al primer casillero del juego de la Oca.

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Lía viene pisando fuerte. Tentadora es un disco bisagra de su carrera, llega en su mejor momento. Amor verdadero. “Nada”, un himno. La aventura, si no te jode, la dejamos para los que quieren ir al cerro Uritorco a flashear Fabio Zerpa. “Tentación”, interpretación a la altura de la temática sensual y libidinosa. Al coro, sublime por cierto, me lo imagino tirando pasos en “La movida del verano”. Si éste tema no fue jingle de una publicidad de helados “Fruttare”, es porque la injusticia azota a nuestra tierra.

No es lo mismo hacer el amor con otro, dice a corazón abierto. Si se tratase de un libro, ésta frase es para subrayarla: “Esa barba que raspaba como lija”. Hermoso, como se dice ahora. Lía expone las cosas que la perturban, suelta de cuerpo y con su carisma habitual. De ahí, salta a la picaresca, casi como un sello propio del ritmo tropical noventoso. “Déjala que se divierta”. La mujer del tipo es muy sociable, a punto tal que se la voltean todos. Rico.

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¿Qué sucede cuando una mujer generosa de cuerpo se enamora de un huesudo de 1,50 mts? respuesta: “Tenerte junto a mí”. Él hunde su cabeza calva en medio de esos dos medallones de carne, olvidate. Actitud posesiva. “Cumbia de moda”. Se bailó en lo de Mirtha, creo. No me sueltes, Carlos. La cinturita se mueve al compás del calor; vacaciones en Miami o Villa Carlos Paz, todo da igual. El ritmo lo pone Lía, vos encargate de bailar y de votar el domingo al PJ.

“A tu lado me hice mujer”, fuerte de verdad. Fatalidad femenina en su mayor expresión. Lía se desnuda ante su público. “Canto y canto”, es la idea. Artista del pueblo. Combatiendo las penas a toda música y optimismo. Sin alegría, el combustible espiritual se va por la canaleta de las drogas y el alcohol.

Después, ya casi despidiéndose, despliega un tono más bien dramático. La protagonista se encuentra cargada de decepción. Afirma que no sabe perdonar, que de eso se encarga Dios. Bien dicho. Trompetas a la mexicana, huele a serenata del profesor Jirafales a Doña Florinda. Heridas, “No quiero tu amor”. Una Lía despechada nos deja, con nuestra sabrosa certeza de haber caído en la tentación, de haber probado de sus atractivas mieles.

Federico Durán

BURRA