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Amor de Adolescentes

Ante la invasión de ambiguos grupos de carilindos yankees el sistema inmunológico del Conurbano respondió con melenas al viento y camisas naranjas sin botones. Braden o Javito. Pobre tu primo Javier, le dijeron Javito desde 1996 hasta 2007, cuando ya tenía 32 años y dos fideicomisos que levantar.

Red

Una boy band, según Wikipedia, es un tipo de grupo pop formado por varios jóvenes cantantes. Dicha fuente, también, nos confirma que el mexicanote de Art Attack la quedó. Triste. Las Bandana no son una boy band, por ejemplo. Es una pena que sean discriminadas en el presente informe, porque tienen joyas dignas de mencionar dentro de su estrellato fugaz. (Esto va sin ironía, vale aclarar, para los putos desconfiados). Mambrú, el engendro que vino después de las cinco guapas, en cambio, eran un conjunto ideal para aplicar el bullying feroz. Lo mismo cabe para los Backstreet Boys, el grupo más exitoso en su rubro. Igualmente, que levante la mano el que no imitó la coreografía de “Everybody” con sus amigos. Tu hermana, ya te lo firmo, los fue a ver a la Bombostera en el ’98. Y el chistecito que dice que éstos yanquis tocan en la cancha de Boca, y los capos de los Rolling en el Monumental, dejó de causar gracia cuando Farré te la mandó a guardar. Posta. ¿‘N Sync y Take That? Esos le toman la leche al gato; es menester bajarse la discografía de Robbie Williams y Justin Timberlake, directamente. Jackson Five, Iorio y Perón.

Magenta. Serantoni. Tópicos que nos remontan a los ’90. Allí, a principios de esa década, gracias a Dios y todos los evangelios, la lambada empezaba a caer sigilosa y lentamente. Abran paso que llega la música tropical, señores. Roberto Fontana, que en paz descanse, fue el gran artífice para que esto suceda. Empresario exitoso y de experiencia, por entonces, en uno de sus tantos ciclos de los días sábados, vio venir lo que pedía el mercado. Cerrando los ’80, fenómenos populares comoLa Mona JiménezRicky Maravilla y Alcides, ya daban que hablar en las bailantas y afines. “Vino”, “Petiso” y “Violeta”, tres palabras claves que hacían mover los pies de miles de argentinos, en cualquier pachanga que se preciara de tal. Así fue cómo, en el año de la convertibilidad (1991), la cumbia tomó por asalto la televisión y creció aún más en cuanto a repercusión.

“Sábados musicales” por “Sábados de súper acción”. Instrumentos por armas. Playback por doblajes. La sociedad ya estaba preparada para sacudir el polvo de las cerámicas, en el living de su casa. Lía CrucetGladys La Bomba Tucumana y Gilda, para todos. A mediados de los ’90, cuando los híper queribles Auténticos Decadentes ya habían probado las mieles tropicales para hacerlas suya, el suceso de la cumbia no dejó de sorprender a propios y extraños. Roberto Fontana, y su socio, Marcelo Serantoni, precursores en lo que se refiere a bailanta televisada, de pronto se vieron compitiendo contra programas como “Fantástico TV” o “Tropicalísima”. Éste último, se trataba del envío con mayor rating dentro de la vetusta ATC. Los mencionados ciclos, eran producidos por el sello discográfico Magenta. ¿Artistas que emergieron de esa cantera prodigiosa?RodrigoCommancheSombras y Los Pibes Chorros, entre otros.Magenta es la compañía más antigua dentro del mercado discográfico argentino, fundada en 1967. Treinta años después, se vería batiendo récords de venta.

“Nosotros lo inventamos y sabemos mucho de televisión. Ellos son empresarios discográficos”, declaraba Roberto Fontana, en aquel tiempo. Y tenía razón. Después de su trágico deceso, en 1999, el negocio de la cumbia en la pantalla chica quedó en manos, aún hasta hoy, de un clan difícil de desterrar en el ámbito tropical: los Serantoni. Primero, el padre (Marcelo), mano derecha de Fontana por años, y luego, sus hijos (Pablo y Adrián), los herederos de la movida. De este modo, los programas mutarían de nombre, para privarse de pagar derechos de autor, pero el contenido seguía siendo el mismo. Maratónica jornada de cumbia para todo el país, despidiendo el milenio a toda orquesta, ritmo y sustancia. Magenta, entre tanto, continúa actualmente con la producción de ciclos musicales, aunque relegados en señales de cable. Igualmente, ¿quién le quita lo recaudado a los Kirovsky, dueños de la compañía discográfica?. Sólo el avance de la piratería logró poner un freno a las abultadas cifras de ventas de su sello.

Y si al principio hablábamos de boy band, y más luego, de tópicos que nos hacen viajar a la última década del siglo XX, tenemos que referirnos a ellos; el conjunto que en sus inicios tenía integrantes que oscilaban los 12 y 20 años: Green. Este grupo nació en 1980 de la mano de Oscar Torres Ruiz Díaz, quien fallece inesperadamente al año. Después de esta tragedia, deciden continuar Mario, Nardo, Jorge, Javier y Oscar, todos hermanos Torres Ruiz Díaz. “Chelo”, como lo llaman sus amigos, se dedicó a componer temas y aprendió a tocar los teclados; Mario, el bajo, Javier (Javito), la batería, Jorge, las tumbadoras, Oscar (Catito), los teclados, y Nardo, se encargo de la parte técnica. En 1996 el grupo hace un cambio abrupto, debido a que Javito creó el Grupo Red, con la ayuda de Chelo. En sus inicios eran conocidos como el “fenómeno rojo”, debido a la popularidad que alcanzaron con su primer trabajo discográfico: “El color de tu corazón”. La banda surgida por entonces, había superado las 300 mil copias vendidas con su álbum debut. Durante 1998, su público colmó estadios argentinos y chilenos. Es allí cuando surge “La Guerra de los Colores”, entre Red y Green. Pero esa, esa es otra historia.

Hermanos

Federico Durán

 

BURRA

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