0

Burra en el santuario de Gilda

 “Rompo las cadenas de mi corazón”                                                      

no nos olviden-

No se trató de otra cosa. No conforme con ubicarse en un sistema productivo propio del macho activo dominante, no conforme con morir y ser un recuerdo, su trabajo por excelencia terminó siendo el de conceder milagros.

1

No pudimos convocar a Male Pichot para que diga algo contundente, o cualquier sandez para encomillar. Ni a María Laura, Florencia Peña, Mercedes Ninci o Mónica Farro. Hablar de Evita es tan fácil. Más en una semana como esta (Ver: Día Internacional de la Mujer Trabajadora).

Una mártir nacional que no iba a jubilarse entre plastilinas y germinadores. Una trabajadora que no iba a jubilarse adentro de la casa, atendiendo full time al marido y a los dos pibes. La muerte la encontró yendo a trabajar. No conforme con lo de música, muerta y mártir, eligió hacer milagros.

A Miriam le dijeron que no daba mandarse sola, ser la frontman porque el mercado tropical era íntegramente patriarcal y obsceno. Las botas largas eran condición excluyente de las bailarinas cuya función y reputación siempre fueron complejas en el mercado machista y voluptuoso.

Corrían los ’90, obvio. La historia de la movida tropical dejó de ser escrita sólo por los hombres, por los pelilargos trajeados que contaron de mil maneras cómo ser infiel, cómo sobrellevar la borrachera, cómo encamarse con la jermu del amigo y demás.

Miriam Bianchi, de libra. Nacida en el ’61 en Devoto parecía encomendada al destino previsto y gestionado por los tipos. Un padre que fallece y le cede una familia para mantener.

Gilda, por Rita Hayworth, obvio, hablaba de elegir, de tener un sueño, de emborracharse de amor, de la incertidumbre, de no ser correspondida, de romper cadenas con las botas de cuero que sólo le correspondían a las que sólo hablaban de amor con partes del cuerpo.

Gilda, Lisístrata suburbana, le cantaba a todos cómo no conformarse en el universo tropical y machista. Lisístrata, haciendo apología a la independencia, a saltar del escrúpulo a la sensatez, a no estimar la opinión de papá o mamá a la hora de amar, de salir por la ventana por más que el viejo o el Antonio o el Sergio no lo consideren e irse al baile a seguir el ritmo de alguna que otra piel. Apología a sacarse de encima al inmaduro, al que no va a cambiar, a mandar a volar al mezquino.

Un trabajo constante. Se alejó de la docencia para ir de bailanta en bailanta hasta la radio, el disco de doble platino y los escenarios del Mercosur y alrededores.

Gilda hablaba de amor con capas azules y una corona de flores que ya nos podía hacer creer en milagros cuando ella, simplemente, se inspiraba en “Corazón valiente”, su película.

La muerte la encontró yendo a trabajar, a hacer la bailanta. No la encontró ni con alzheimer ni con cualquier metástasis o ACV -no podía morirse en términos estadísticos-. Ni la encontró sola: junto con ella estaban su mamá, su hija y tres músicos.

En la banquina de la ruta, se encontró un casette con su voz cantando a capella que “toda persona tiene una misión en la vida”. Una premonición. Cuentan que, estando viva, Gilda ya hacía magia.

El colectivo en el que murió fue movido algunos metros para crear un monolito devenido en santuario junto con sus pintorescos y necesarios puestos de chori y merchandising.

Copia de graci

Bastante obvio que una muerte inexplicable y trágica por demás hiciera crecer una mística más que especial y surrealista. Si sus canciones ya esperanzaban a miles de terrestres, bastante obvio fue que se convirtiera en una intermediaria entre la incertidumbre y el milagro, en una mensajera entre Dios y los mortales, en una trabajadora, en una Santa.

Una mujer científica, una mujer piloto ya no sorprende a nadie. Afortunadamente ya es algo natural, aceptado y entendible. Una levantadora de pesas, una presidenta. Sucede que los milagros fueron dos mil años propiedad de hombres. Un tipo matando un dragón, un tipo creando universidades y escribiendo filosofía inaplicable, otro tipo recibiendo un atentado en su propio barrio. Complicado o no, los milagros siempre fueron patriarcales.

Sus amadores, más que encomendar sus milagros al Dios de todos, popular, mandón y descreído, se encomendaron al amor de ella.

Ni amarres definitivos ni la clave del éxito. Adentro del colectivo calcinado, cubierto de banderas, rosarios y flores plásticas-para que sean eternas-, una familia le agradece con una bandera bordada de lentejuelas la adquisición de un Fiat 147; otra, la estabilidad en un trabajo con una estampita de San Cayetano o haber podido sacar la licencia para camión, pegar algún numerito en la Quiniela, que el nene empiece con salud el jardincito o, simplemente, protección.

Las ofrendas son sencillas: esmaltes de uñas, un zapato de algún nenito o el camisolín, pensamientos de plástico, rosas, margaritas y claveles, peluches, placas grabadas con mensajes tan poéticos como insólitos, rosarios y retratos al mejor estilo Ecce Homo restaurado, cuya técnica es inversamente proporcional al amor que encierran.

Flores, fotos, más flores. Camisetas y banderines del ascenso, la foto de Néstor y Cristina, la de Julio Cobos, la de Ricardo Fort, cigarrillos y encendedores. Objetos tan personales como necesarios, que sólo representan un deseo. Allá, ella. Gilda, la milagrosa viendo el momento más adecuado para entrar en acción con la suerte de sus seguidores.

¿Silencio sepulcral? Eso se lo dejamos a los cristianos y a los llorones. Poderosa, en el santuario suena durante las 24hs la música de Gilda. Un mito que atrae más público que el que la aplaudía vivita y cantando. Una usina de milagros.

Copia de ecce homo

2

A los 18 años se casó con quien le dio infelicidad, y dos hijos: Mariel y Fabrizio. Otro hito en el que el destino de Miriam es gestionado por los hombres: postergación de sueños y la cuestión de hacerse cargo de la manutención del hogar.

Como quien no quiere la cosa, a los 29, se interesa por un aviso clasificado: convocatoria de vocalistas femeninas para un grupo musical. Se hizo presente y conoció a Toti Giménez, tecladista y hombre que se enamoró a primera vista.

Más adelante, Gilda contaría que a Toti lo conocía desde el principio de los tiempos. Alumno de piano de su mamá con el que se reencontraría en un viaje en colectivo yendo a laburar.

Gilda comienza su carrera como cantante, a la vez que conocía al hombre que elegiría hasta el final de sus días en la Tierra. Gilda grabó demos que superaron las expectativas de los gestores bailanteros. Y ya había olor a divorcio y al inevitable fin de una amistad devenida en amor.

En el ’93, después de ser rechazada por diferentes discográficas porque en el mercado de la bailanta no había cabida para las mujeres (sólo para las mujeres voluptuosas), gracias a Magenta sale a la luz “De corazón a corazón”.

“Corazón herido” lo editó Clan Music, una compañía de más problemática por las sensuales intenciones del productor que pretendía destruir el romance entre Gilda y Toti. Las relaciones profesionales de la dupla con la discográfica no tardaron en romperse.

Después vino “Pasito a pasito”, el tercero con el éxito “No me arrepiento de este amor”. La separación del productor se oficializó a pesar de las amenazas a su pretendida y a su familia.

Leader Music produce “Corazón Valiente”, el disco más vendido. Shows, giras, reportajes, la fama.

El 7 de septiembre de 1996, en el kilómetro 129 de la ruta 12, un camión embistió al micro donde viajaba todo el equipo de Gilda. Ella, su mamá Tita, su hija Mariel y tres de los músicos de la banda murieron.

Fabrizio, su otro hijo y Toti sobrevivieron. El cuerpo de Gilda descansa en el cementerio de la Chacarita, primer piso, tumba 3636.

La venta de los discos aumentó exponencialmente tras su muerte, a la par de su respeto y reconocimiento. Gilda fue ganadora en la categoría “Mejor Artista Tropical Femenina” en los Carlos Gardel del ’97.

anteulti

3

La mediatización de los milagros concedidos la ubicó al lado de la Difunta Correa y del Gauchito Gil, quien hizo rancho al lado del bondi calcinado y cubierto de flores. Ni siquiera la fe la pudo dejar ser una milagrosa independiente. Tuvieron que adjudicarle un pariente bien macho, con bigotes y espuelas, que la custodie.

ulti

Florencia García Alegre 

     

BURRA