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95/ Cartas de amor, Montana

elio monatana

1994, Estados Unidos. Fenece Nirvana, y por consiguiente, también el grunge. Todo bien, igual, pues la muerte joven proyecta a los artistas. Si Kurt Cobain viviera, su obra sería mucho más interesante de lo que fue. Si Jim Morrison estuviera aquí, pegaría una novia en Banfield corte Dee Dee Ramone. Si Rodrigo la contara, sería militante de Justicia Legítima. El Club de los 27.

Mismo año y país mencionado al principio: allí se realiza el 15º Mundial de Fútbol. Un Maradona azulado resurge de las cenizas con un golazo ante Grecia, pero al partido siguiente, su final es tan spoileado como el de Sexto Sentido. Por esos días, entre los nenes de primer grado circula un chiste de moda, cuyo remate es: “Menem USA Bomba Chita”. Otro siglo lo explico.

Elio Maximiliano Sueldo, remisero. Su sueño de ser cantante. Viaja diariamente a bordo de cuatro ruedas. La NASA, no lo entiende. No entiende su verdad. Un día, alguien le avisa que se busca vocalista para una banda de cumbia ya establecida. Elio toma la dirección y se dirige hacia allí, con ciertas dudas, pero sabiendo que no se trata de un viaje más en su vida. Telefonazo a los 15 días, y adentro. Su camisa cruzó la barrera de la realidad.

Así como Cobain tuvo su abrupto punto final, y al Diego le cortaron las piernas, algo hermoso nacía como contrapartida a todos los males de este mundo: Montana, flamante grupo tropical con nombre de estado yanqui. Convertido en artista de la noche a la mañana, Elio cayó a la agencia de remis con su vestimenta de vaquero, y absorbido completamente por el personaje se despidió de la recepcionista: “Soy un cowboy, nena”.

Juego de roles. Vivir en una constante fiesta de disfraces y recibir dinero a cambio de ello. Ya no más trabajar vestido de civil ni hacer sonreír a la señora que alcanzás hasta su domicilio, sino que darse el lujo de ser el centro de atención de una gran masa, y de ese modo entretener a una familia entera que asiste a tu exposición artística sobre un mega escenario. Psicodélica alborada con amantes entrenadas, preguntándome en silencio en qué ciudad estaré.

Montana, Cartas de amor. 1995. En el éxtasis del flash.

Cartas de amor
“Atrapado por una mujer (Cartas de amor)”Sujetado al pasado, terror. No puede romper las fotos del ayer, esa mujer se la dio de frente. Tropicalismo norteño.

“Llegaste tú”Cumbias para enamorados, ¿acaso tú lo recuerdas?. Dulzura a flor de piel, aquí está tu hit.

“Amor mío”. Cumbia amena, enganchadita. Ella se toma el palo, él lo sufre; nosotros también. Caricias de guitarra. No quiero verte con otros jugar.

“Espinas”La mejor balada del mundo. Tremebundo. Banana Pueyrredón y Sergio Denis se pelean por posesionar el cuerpo de Elio. “Conmigo ya no”, hola Barone.

“Amor escondido”. Vuelve todo a la normalidad, cumbita a la mexicana. El coro se parece mucho a Los Bybys y demás artistas melosos/lloraconcha que habitan al sur de los United States of América.

“Por ti yo volveré”. Más despedidas y desencuentros. Acordeón adrede, acordes de circunstancia. Incidentales. Lágrimas que recorren las mejillas del alejamiento.

“Monedas de oro”. Habla del 1 a 1. Hay que destacar que el ritmo es más o menos el mismo, cosa que hace bailar exactamente igual a las personas tema a tema. Mueva.

“Aunque no me quieras”Intro, recitado, pianito. Dramatismo. Él la sigue queriendo, como quien no quiere aceptar la situación. Se aferra a la última esperanza inútil. Stamateas.

“Como quieres que te quiera”Verbo “querer” es TT, a esta altura. De relleno, no aporte ni quita nada.

“Cuando quieras, donde quieras”La violita del principio le rompe el orto a Joe Satriani y David Lebón juntos. La interpretación vocal de Elio hace que el mundo sea mejor.

“Acariciame”. Lo que Cae jamás pudo lograr.

“Por si querés saber”Picarón, para terminar con tanto momento difícil de novela. We, tampoco tanto. La música pegadiza ayuda, pues no la lírica. Está con otra y se olvidó de vos, te cabió.

“Lograré olvidarte”Con fe, con esperanza, con optimismo. “Olvidar”, otro verbo presente track tras track. Repetitivo, quizá, pero querible hasta el fin de los días.

Homenaje a sus fans

Federico Durán

BURRA