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Castigo, Los Bybys

Con  la palabra  “Castigo” como leitmotiv y apostasía, unos mexicanos de Tequixquiac conquistaron latinoamerica para sumirnos en una melancolía plena nivel cuando lo echaron al Chavo de la vecindad al grito de “ratero”.

Te proponemos hacer rancho en México, para arruinarnos con vos, y repasar este hito en la discografía cumbiera lloraconchas: “Castigo” de Los Bybys en Burra.

Ahora que soy un niño psicoanalizado, puedo decir que entiendo y me fascinan las canciones de Massacre. Mi vieja nunca los escuchó y no me puse a llorar; ahrre el pelotudo de Fito Páez.

Sí me puse a llorar cuando mi padre emprendía tortuosos y larguísimos viajes por cuestiones laborales. Lo bueno de un mítico paseo por el norte en pleno Efecto Tequila, fue su regreso definitivo con la guantera llena de cassettes. Entre ellos, “Castigo” de Los Bybys. Love, love, love.

Update: ¿sabía usted que Los Bybys son mexicanos? Toda mi vida pensé que eran de Bolivia, teniendo en cuenta que mi viejo pegó su TDK en las tierras del Diablo Etcheverry. Que alguien me devuelva mi navidad.

Agrupación: Los Bybys (México).
Álbum: “Castigo”.
Año: 1992.

Castigo!

Llorar, llorar, llorar. Arrancamos tranca. El teclado es letal, parece que estuviera tocando la marcha fúnebre. Aquí no hay tiempo para sonreír, el título de la rola te avisa y no traiciona. Busqué la misma en youtube, y el chabón o chabona que la subió, puso la imagen de una chica con la cabeza hundida en sus brazos. Llanto y depresión a la vuelta de la esquina. ¡Castigo!.

Estoy llorando por ella. Siguen las indirectas en los títulos de las canciones. Al menos, hay que decirlo, el ritmo tropi te permite tirar unos pasos con fernet cola en mano. “Hoy me la pongo hasta el moño”, dijo no sé quién, y me conquistó.

El protagonista aduce: “Fue en una tarde, no quiero acordarme. Sin importarle, todo acabó”. Sí que querés acordarte, maestro. Por eso me lo estás refregando en los oídos. Querés desangrarte hasta que venga un Lagomarsino alado a rescatarte. Duele mucho y nos gusta.

Si tú me dejas. Ah, ese saxo inicial que me dan ganas de agarrarte de la cintura y que pinte el arrumaco. El alma máter de Los Bybys, Sergio Ramírez Prado, continúa con su registro vocal sollozo corte lloraconcha de Cristina.

“Dime qué yo debo hacer para tenerte aquí y amarte tanto”. Impactante. Si tú me dejas hago la gran Walter Olmos, madre. Re cargo de conciencia le dejaba a la mina; quien seguramente, se enteraría por los diarios que luego utilizaría para envolver los huevos en el almacén del rrioba. Lo pasado, finado.

Entrégate. Guiño, guiño. Sabe a primavera, a consumir naranjú en el tronco de un árbol con los pibes. “Sin miedo debes amarme, sin temor lo debes hacer”.

Una suerte de respiro entre tanta lírica plagada de desamores, desencuentros, desazón. Dos minutos y medio de esperanza que tarde o temprano se verá abolida por una nueva tormenta de sensaciones autodestructivas.

Márchate ya. Temprano. Violita tristonga, apachuchadita. Weeeee, onda que el escriba se había quedado sin adjetivos. Momento, esta interpretación musical se asemeja demasiado a Juan Gabriel. Un viaje de Tequixquiac a Parácuaro sin escalas. Seguimos hablando de la patria del Chapo Guzmán y los esquemas tácticos más boludos del mundo, claro está.

Baladita para dos. Baleadita, también, en un rincón que limite con los gringos.

Llegamos a la mitad del álbum, y con vida. Eso es importante. No es casualidad que Los Bybys hayan regresado a mí después de 20 años. Tampoco fue magia que estemos en enero, que haga calor, y que el cartonero Báez sea nuestro presidente.

¿Do you remember el verano de 1996? Campaña “Sol sin drogas” del Diego, José Luis Cabezas toma la foto que sellará su propia muerte al año siguiente, desigualdad social en aumento, el mapa político de América Latina privatizado hasta las tetas.

Navidad y año nuevo en el sur, Ruta 40. El cassette de Los Bybys gastado de sonar en el estéreo de la camioneta. De vuelta a casa, tendré el VHS de Soda en Videomatch y la noticia de la muerte de Tato Bores. Cumplo años y está mi viejo, ya nada más me importa. Ah, sí, el cassette de Los Bybys.

Esa mujer. Si percibís que estás sudando y que tu presa viene hacia vos con una birra de regalo, mirá al norte. Mientras tal cosa sucede, de seguro que estarás escuchando esta canción.

“Esa mujer me ha robado el alma, esa mujer me dejó sin ganas de amar”. Alza la mano si tú quieres llorar, alza la mano. Clap, clap. El tipo le entregó todo y quedó más tirado que Mitch en la puerta de una comisaría. Corte gil, corte basura.

Corazón barato. The great hit of the disco. Estribillo pegadizo, imbatible. Mi hermanito no paraba de azotar parientes con esta canción, escuchando la misma en su radiograbador del Mundo del Juguete de Jumbo.

“Yo tengo un familiar ahí”, nos dice una tal Alejandra Sánchez en youtube, sin revelarnos a qué integrante de la banda se refiere. Capaz que es el que la quedó hace un año.

Volviendo al tema, cuestión que el flaco vende su cuore a precio módico, y de casualidad que no lo cambia por un paquete de fideos en el club del trueque. Te re hice volver al 2002, aw.

Ya no hay amor. En la página de donde saqué los tracks de este disco decía “Ya hay amor”. Me ilusioné, aunque claro, tratándose de Los Bybys no podía ser real.

“Cuando estés en otros brazos y tú sientas que no hay nada que te haga feliz, pensarás en mi cariño y querrás volver conmigo. Amor, pobre de tí”. Bobi melanco con autoestima a la enésima potencia, warning. Si el Rifle Varela alcanzó la cima, por qué vos no.

Desde que llegaste tú. Una buena entre tantas pálidas. El arribo de un ángel guardián que le devolvió la alegría al choma de turno. Esto, como siempre, a punto de quebrarse en llanto y con un saxo compinche que hace más ameno el estilo romanticón.

Todo indica que el final de la peli va a ser pum para arriba y que lo posterior será el garche entre un nido de pochoclos, hasta que…

Por qué te vas. Porque no soporto que le prestes más atención a Virginia Lago que a mí, Mabel. El solo de viola en la mitad de canción es lo todo. Verbo “sufrir”, presente.

Nota: no es obligatorio que escuches este disco, yo ya lo hice por tí y quedé más fusilado que el Che. Igualmente, qué lindo arruinarse con vos. No todo es dicha, no todo es Palito Ortega; de vez en cuando hay que abrirle la puerta al dark, pero sin convertirnos en Nick Drake. Castigo…

Federico Durán

BURRA

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