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Chelo y Javito

revista burra 4

En un edificio de tres pisos viven nueve hermanos. Con sus familias. La torre de ladrillo a la vista se impone en el horizonte bajo de Caraza, más cerca del discurrir negro del Riachuelo que de Gomorra, o como le gusta a decirle a los locales, Lanús centro.

No está en la punta de la cubierta de un velero uruguayo ni lleva pantalón blanco y siete meses dedicados a leer las primeras 40 páginas de cada libro zen que encuentre, pero todo el tiempo hablará como si su realidad fuera tal. Lo primero que hace es avisar que va a despertar a su hermano, luego cubre su impune torso con una chomba roja. Cuando Chelo vuelve nos conduce por el enorme garage donde descansan un 504, un 406 y una Traffic todos blancos y nos hace subir hasta la cima de esta Babel donde se habla con un ligero acento  mezclado con un registro de jugador de fútbol, digamos, Buffarini.

Javier sale de una puerta que tiene un cartel con su nombre y “prohibido los intrusos”. Su mano es raspada por la barba de días y putea por no estar afeitado para las fotos. “Ya fue”.

El primero en despuntar en el firmamento noventoso de la cumbia fue Chelo, con Green. Gracias al éxito del grupo los escenarios se le abrieron a Javito y Red, la banda que complementa a la de su hermano y con el que editaron, en 1996, el split La Guerra de los Colores. Veinte años después los hermanos siguen bajo los reflectores, aunque sus shows ya no coinciden tanto y haya pasado mucha, bastante, agua bajo el puente.

Antes de las fotos de Burra, Chelo baja un cuadro. ¿Habrá un Ricardo Forster que sepa comer caliente de este momento durante el próximo lustro? El vehemente líder de Green hace ordenar la casa antes de los flashes, posa, le dice cómo posar a Javito, indica al fotógrafo cómo aprovechar la luz, hace que el cronista se siente entre él y su hermano, se descalza.

¿Cómo empezó la carrera de este cantante que combina los modos de Javier Martínez con la autoestima de un Roger Waters o un Victor Hugo Morales pasado de rohypnol después de leer Proust escuchando bossa and Ramones en una isla venezolana donde un paquete de arroz cuesta 168 dólares norteamericanos a valor de 1921?

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Chelo – Yo canto desde los siete años como aficionado y comencé en Green a los doce tocando las tumbadoras. Hubo un impasse en el que mi viejo habló conmigo y me dijo que no era para mí y entonces opté por el teclado, que es algo que siempre me llamó la atención. Empecé a estudiar en el conservatorio Mendelson, acá en Caraza; excelente. Gracias a Dios era excelente en lo que era teoría, práctica. Estudié dos años y ya lo básico era algo muy fácil. Si hubiese seguido hubiese sido un maestro de piano muy joven. Dejé porque no me daban los tiempos. A los catorce ya estaba en Green.

Javito – Nunca pensé en cantar, pero cuando mi hermano estuvo complicado de la garganta me tocó reemplazarlo, seguramente le habrán llegado comentarios a Chelo y surgió la idea de hacer Red. Contento con la gente que siempre, desde el momento cero, nos apoyó, no solamente de aquí si no de todos lados, la verdad que contento por eso. Cuando salió Red ensayamos cinco, seis meses para ir a tocar y después no lo podíamos creer. Hablábamos en joda que íbamos a tener dos, tres shows por fin de semana; yo feliz de la vida, porque mi sueño era simplemente laburar de esto. Y llegamos a tener 32.

– ¿Qué estarían haciendo ahora si nunca hubiese existido Green y Red?

Chelo  – Y… a mí no me gusta mucho el estudio. Prácticamente hice el secundario obligado, no me daban los tiempos. Dejaba y volvía, dejaba y volvía. Me saturó. Iba y sabía todo ya. Lo usaba más como cable a tierra, que otra cosa. A  esa altura ya teníamos giras de un mes.

Javito – Tampoco hubo escuela que nos bancara eso. Las 25 faltas te las pasaban sí o sí. A mí me iba muy bien en inglés, a Chelo también, pero lamentablemente tuvimos que dejar por el laburo. Mi vieja siempre me decía que estudiáramos, pero era una cosa o la otra.

– ¿Qué hicieron con la primera plata que agarraron con la música?

Javito – La primera plata volvió al grupo. Se compraron equipos, un colectivo, luces. No es que nos compramos castillos.

Chelo – Con el éxito de Green y el surgimiento de Red hice todo este edificio. Nosotros vivíamos en planta baja. Eran dos, tres, casa de loza y una de chapa. Dos piezas, comedor cocina con chapa. Creo que esta es una de las mejores inversiones que hice. No soy un tipo de patinar la plata. Son tres pisos, viste.

–  ¿Ven que las bandas que surgen ahora se manejan como ustedes en su momento o es muy diferente?

Chelo – No tienen ni idea  de lo que hacen. No saben lo que es venir desde abajo.

Javito – Hay muchos grupos que salen y los productores, que son los culpables de estos grupos, no se preocupan por la música ni por la vestimenta. Antes había una competencia más sana y… gente bien empilchada. Daba gusto pagar la entrada y ver un grupo de la movida porque estaban muy bien puestos. Había grupos que valían la pena. Hoy creo que no hay nada de eso. Hay grupos que salen en televisión y después no tocan. Eso no sé si…

Chelo – Son lavados de plata, acá nadie sale gratis en la televisión. Hay que pagar y no es nada barato. Se fue Fontana y quedó Serantoni hijo. Y desde que entró la cumbia villera se desmoronó todo. Antes se cuidaba mucho la estética, se cuidaba mucho pisar la televisión, que era algo privilegiado. Uno no se iba en short, remera de fútbol, pantalón de gimnasia, visera. Se cuidaba mucho la imagen. ¿Sabés lo que nos costó que la gente de clase media alta o clase alta vieran a la cumbia de otra manera? Y hoy por hoy cuando dicen “estos negritos cabezas” hay que darles la razón. ¿Qué les podés decir? Yo no me siento tocado. No me hago cargo, no soy parte de eso. Antes hablaban sin fundamentos: “esos grasas, esos negros” y escuchaban Green y Red en el Mercedes, en el BM. Hoy por hoy si lo dicen no hay con que darle. Tienen toda la razón del mundo.

– Por lo bien que aprovecharon sus ganancias, le deben bastante a la música…

Chelo – Noooo, la música me sigue debiendo a mí.  Mirá si yo le voy a deber cosas, boludo. Olvidate. A la música no le debo nada. La música me debe mucho a mí, muuucho. Siento que me sacó muchas cosas, ya tengo 41 años y el hecho de no haber formado una familia a temprana edad, eso se siente medio raro. Cuando tenga 55 voy  a ver a mi nene de 15 años. Los tiempos son distintos.

Javito – Vivimos momentos muy lindos y no sólo a nivel plata, a nivel todo. Fue algo que ni el fenómeno Rodrigo pudo superar en cuanto a presentaciones. Yo tenía 19 años, los otros pibes tenían 13, 14, 17. Podíamos bancar los shows. Media hora en cada lado aguantando sin droga, alcohol, ni nada. En esa faceta siempre estuvo mi viejo, cuidando para que no nos mandemos ninguna cagada.

– ¿Qué le dirían al pibe que recién arranca en esto?

Chelo – Y no sé, si no tiene una buena educación no va a durar en el ambiente. Se maneja mucha droga, mucho ego. Si no viene bien, quedate tranquilo que tarde o temprano cae en el pozo. Patina la guita, lo primero que se compra cualquier pendejo que agarra una moneda es un auto. Autito, no un autazo. No tiene ni dónde vivir, ni chapa tiene; compra un autito. Es otra mentalidad.

– ¿Y ustedes pudieron hacer amigos en el ambiente?

Chelo (solemne) – Amigo es aquel que en ningún momento va a estar en contra de lo que vos hacés. Siempre lo va a admirar. Y viceversa. Yo hasta hoy día, amigo amigo, tengo a Luis de La Cumbia a Adrián de los Dados Negros, Daniel Agostini, Jorge de Los Ávila.

– ¿Cuál fue su mejor show?

Javito – El más agradable de todos para mí fue el de Viña del Mar. Llenamos el lugar sin soporte ni nada, fue una linda meta alcanzada. Esa vez explotó todo, fue algo increíble. Creo que hasta murieron una o dos personas porque se habían caído de las tribunas repletas. Había lugar para 15 mil personas y había 18 mil. Todavía me puedo acordar patente, como si lo estuviera viendo ahora.

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– ¿Algún recuerdo malo?

Chelo  Lo más feo que me pudo pasar con mi hermano fue en el ‘94, ‘95, en un escenario. Él tocaba la batería y estaba muy enamorado de una salteña. Es más, la mina había venido a vivir en frente de casa. Le ocupaba mucho tiempo y nosotros ensayábamos mucho, muchísimo. Le absorbía…el tiempo, lo volvió loco.

Javito (sonríe)- Cómo no me iba a volver loco si… (Gesto universal de comer un helado de carne.)

Chelo  El chabón estaba dispuesto a casarse, dejar la música, todo. Le hablé a mi viejo y le dije ponele los puntos porque ya no da más esto. Mi viejo le habló, le dio un par de toques, la echó a la mierda…

Javito – Mi papá tiene un carácter especial, es paraguayo, tienen otra crianza, y gracias a él nos mantuvimos todos los hermanos juntos. Con respecto a esta chica, yo me había enamorado porque era chico, tenía catorce, quince. Fallé para mi viejo, pero flasheé yo. Fue lo primero que tuve como novia, ella había viajado para acá y me había hecho la ilusión. Pero en un momento mi papá no me dejó verla y tuve que dejarla porque se me iba a complicar con mi futuro. Hoy no estaría en Red si hubiera seguido. Les agradezco a mis hermanos el haberme abierto los ojos para que me diera cuenta de que no era una chica…santa.

Chelo – Una chica del ambiente se le dice… Nosotros vimos lo que hacen las chicas del ambiente, pero este estaba enceguecido. Para que se entienda el por qué del momento feo: él se fue sin ganas a tocar a un show porque quería estar con la piba. Tocábamos en el Patio Matador de Isidro Casanova. Ruta 3, km 24, más o menos habría siete mil personas. Y el tipo tocaba bajoneado. Loco, ponele, onda,  le dije.  “No, dejame de romper las pelotas”,  me contestó. Dale, pendejo, ponete las pilas. “No, no hinchés”. La tercera vez que le digo, me tira un palillo y me pega abajo del ojo. ¡Casi me lo saca! Ahí se me borró la cinta… fui y nos cagamos a trompadas ahí arriba del escenario. Yo escuchaba de afuera que la gente cantaba “¡Vamos, Chelo! ¡Dale Chelo!”, y es feo.

– Ligaron bastante con la música, se ve…

Chelo – Y si sos soltero, no hay problema. Igual,  desde que me casé, mi vida cambió totalmente. Antes…pfff… un tigre. No te puedo explicar. Venían a tocar timbre mujeres que ya eran casadas, con hijos. Mujeres que anduvieron conmigo cuando era chico. Mi vieja te puede contar miles de esas.

– ¿Hay vida  más allá de la cumbia?

Chelo –Yo escucho todo tipo de música, para mí la música es universal. Tengo un mp3, 16 gigas, todo música de toda clase. Cosas de afuera, todo.

Javito – Para estar en la música tenés que escuchar muchos géneros, porque b si no se te cierra la cabeza. Nosotros escuchamos mucha salsa, Marc Anthony, etc. Con las ideas de afuera se va abriendo la cabeza: escuchar metal, rock. Me gustan los Guns, Metallica, ACDC, pero también Marc Anthony, Bronco, Brindis, Los Temerarios, Arjona.

Chelo – A Arjona lo vi en el 98, en Paraguay… para mí hace siempre lo mismo. A mí me gusta que en los shows pasen todas cosas distintas. Era como esta obra de teatro con Moria Casán…Brujas, que duró 20 años y era todo lo mismo. ¡Yo escucho Arjona desde que tocaba en Cemento!*  ¡Jesús es verbo, no sustantivo! El fenómeno de él acá me asombra porque para mí todas las letras son iguales, le adivino lo que está por decir siempre. Algunas letras, se sarpa. Muy buenas. Pero después es todo igual. Y en el escenario olvidate. Acá hizo como 30 Luna Park, pero acá nomás eh. Porque en otro lado eso no pasa, te juro. Igual, buen artista, eh.

– ¿Se arrepienten de algo en toda esta trayectoria?

La cara de Chelo contesta por él los siguientes 40 segundos.

Javito – Yo creo que la vida está marcada desde el momento cero hasta donde de. No estoy arrepentido de nada porque sigo laburando y la compañía, los empresarios de los boliches y los fans confían en el  grupo.

Chelo – La pregunta me la guardo para la película que voy a hacer antes de fin de año.

– ¿Qué actor querés que haga de vos?

Chelo – Hay que buscar un negrito que por lo menos afine, je.

– ¿Y de Javi quién puede hacer?

Chelo  No, no, se trata más que nada de mí. De mí. Todo de mí. De mí… Todo de mí. O sea, va a mostrar cómo se crean los grupos, el seguimiento de Green, todas esas cosas van a estar. Pero se va a tratar más que nada de mí. Cómo llegué a todo esto y como lo até.

– A vos se te vio en varios programas de chimentos…

Chelo – Buena pregunta. Yo salgo en los canales de televisión, del 100 %, el 95% para defenderme nomás. De los ataques, de las acusaciones. Mirá, ponele que Tito de La Liga, La Liga, La Liga, Tito, Tito, ese. Para el canal de TV, Tito es Tito el carnicero. No lo conoce ni la clase media ni la clase alta. Un tipo así en un medio no genera rating, ventas, nada. Van a buscar siempre a una persona a la que le interese el pueblo ¿se entiende o no? Porque la TV es todo rating. Entonces inventan cosas para ponerme en el medio. Necesitan de lo farandulero para atrapar el rating. Pero bueno, muchas de estas cosas, todas las veces que salí en TV van a estar en la película.

–Y además estuviste preso…

Chelo – Estuve preso dos años, diez meses y once días. Fue una unificación de causas. Yo tuve en el 2000 un accidente…estaba manipulando un arma con mi chofer y sacamos el cargador pero no la bala que estaba en la recámara. Así que manipulando el arma, pum, se me escapa un tiro. Le entró por la mejilla y le salió por la nuca. Me quedó lesiones culposas. La Justicia me dio una probation. Durante 10 años no tenía que tener ni una entrada, nada. Y la denuncia primero por violación y después por abuso sexual de mi suegra, fue en el 2007. Tendría que haber salido a los dos años por ley, era mi primera condena. Pero no se me respetó el tiempo ni me dieron los beneficios. Cuando estaba por salir me negaron la transitoria.

– Si según vos fuiste inocente, ¿por qué te denunció?

Chelo – Había muchas cosas de por medio. El bienestar, el no preocuparse por nada, el rascarse la chuli todo el día total la plata la ponía yo. Muchas cosas. Que su marido no trabajara tampoco. Tener la heladera llena. Quería dos palos verdes.

– ¿Te quiso apretar?

Chelo – Quería dos palos verdes. Yo fui a juicio por ella, pero tranquilísimo. Todas las pruebas dieron negativo, todo lo que hicieron los médicos forenses tres veces. Inclusive uno declaró que para él la nena estaba inducida. O sea, le metieron cartucho para que diga siempre lo mismo. Aún así pedí cámara Gessel, todo. No me la dieron. Hicieron cualquier cosa. Si no se probó el abuso sexual cómo van a poner abuso sexual mediante amenazas agravado por el vínculo. No tenía sentido la causa. Si es así como dicen me tendrían que haber dado ocho, nueve años. Fue cualquiera.

– ¿Adentro cómo fue la onda con los pibes?

Chelo – Al principio rara. Pero mucha gente me conocía adentro. Había seguidores. Ellos me decían “Chelo, sabemos que lo tuyo es un garrón, loco”. “Yo sé que vos tenés la banda, tenés mujeres, no vas a ir a agarrar una pendejita si te sobran las mujeres”. Y tuve un par de roces ahí pero con pendejitos. Piensan que se iban a encontrar con un gil. “Eh, violín, tocanena, pitoduro”.  ¿Estás seguro? ¿Le preguntaste a tu hermana, a tu vieja? Ellos me querían herir pero yo los hería peor. Para mí fueron vacaciones largas.

– ¿Dónde estuviste?

Chelo – Primero estuve en Ituzaingó, después pasé a la 25 de Olmos, un penal chico de 120 personas, donde todos eran cristianos. De ahí pasé a la 42 de Varela. Ahí tenía más ritmo la cosa. Había pabellones tumberos, pabellones a todo ritmo se les dice cuando están a las chapas. Había de todo. Hay de todo. Había un pastor…  Era más tumbero que todos los presos. Pedí que me sacaran de ahí, me pasaron a otro lugar donde tenía consola, monitores, micrófonos, teclados. Contentos los guachos, cantaba Chelo.

BURRA