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Cumbia Old School por Canal Encuentro

La señal del Ministerio de Educación acaba de estrenar Cumbia de la Buena, una serie documental que retrata a la movida tropical y toma como epicentro a sus artistas más prolíficos. BURRA se cruzó al Fanta, el responsable de todo este quilombo. Fundamentalista de lo auténtico, nos aseguró qué la cumbia es más grande que Los Redondos y Soda juntos.

“Un recorrido por los diferentes estilos del género y la historia de sus más grandes exponentes”. La sinopsis copypasteada da cuenta de la nueva propuesta del Fanta.  La que desde hace algunos miércoles a las 22 propone musicalizar con un poco de cumbia villera, colombiana y santafesina el aire de Canal Encuentro. Luego de juntar voluntades al productor se le dio por retratar otra vez a los más grandes de la movida. En esta oportunidad eligió a ocho, uno por cada capítulo: Antonio Rios, Dalila, Los Palmeras, Amar Azul, La Liga, Pablo Lescano, El Pepo y Luis Ornela.

La serie comenzó a emitirse el 8 de Julio de la mano de El Maestro y el segundo episodio estuvo a cargo de los autores del “Bombón Asesino”. La lista se va a ir completando en las próximas semanas. No hay caretas en este rancho.  Fáciles de meter en una misma bolsa pero tan diversos entre sí, los artistas son mostrados desde sus aspectos más humanos. Y el resultado puede que sea el deseado. En el escenario y en la calle, la estrella cumbiera pareciera ser inmune a las cámaras reflejando ser siempre la misma persona.

Puede que los treinta minutos que duran los capítulos te dejen con las ganas, pero resultan suficientes para intentar hacer una reflexión del género y del lugar que hoy ocupa en nuestro país. “Queremos que se muestre a la cumbia de una manera real, cultural, musical y creativa. No como una cosa berreta como la ven en muchos lados sino como algo de alta calidad”, sostiene arengando sus propósitos casi como un militante. Es que para el Fanta “Argentina es cumbia”.

Descubrir al país en la villa.

Del por qué el Fanta trabaja para que su música tenga el reconocimiento que se merece es algo que no solo su testimonio certifica. Sus canas prematuras y los años de laburo en la movida ratifican sus convicciones. No es la primera vez que el tipo se propone hacer el asado. Hizo un libro y hasta protagonizó una película.

En “Alta Cumbia” hace de si mismo. Corría el 2001, lo rajan de la productora en la que laburaba y se va a vivir a la villa. Se apasiona por la música del nuevo barrio y se la rebusca con un puestito de películas y compacs truchos. Lo van a buscar para que produzca un programa para la TV española sobre el origen del estilo del que es fanático y la cosa termina dando para algo más. Dirigida por Cristian Jure, consta de varias entrevistas a los principales referentes del género y se focaliza principalmente en el conflicto entre los prejuicios que viran en torno a la movida tropical.

¿Qué te había pasado en aquellos años?

-“Me pasó el 2001, descubrí a la Argentina en la villa y conocí a Pablo Lescano que me hizo escuchar a Koli Arce”.

Hoy, casi quince años después, es uno de los pocos documentalistas que retratan al género tratando de vislumbrar su aura y junto a otros referentes de la movida como la Romy DJ – la primera dj de la cumbia nacional – levantan la bandera de eso que denominan “Cumbia con clase”. “Con Romy tenemos una causa cultural común. Somos fundamentalistas de la cumbia de la buena, hecha por artistas”, manifiesta.

Bailan rochas y chetas.

Para el Fanta la cumbia es todo. Corresponde, según sus palabras, al “movimiento cultural más popular del país” y a la hora de defender estas ideas alega argumentos propios de un integrante de Carta Abierta. “Es más grande que el rock nacional”, expresa.

“Por ejemplo, Pablo Lescano te hace 30 mil personas en un fin de semana y bandas como Divididos en un Luna Park ni llegan a las 10 mil”, dice bardeandola de estadista.

Y esa grandeza no solo viene de la convocatoria sino porque su música ya no distingue clases. Aunque también se presta a ciertas aclaraciones. “También son muchos los que la odian”. En este sentido, explica que aquellos que la rechazan no lo hacen por “la música en sí” sino más bien “por la clase social que representa”. “Es que odian a los negros”, se lamenta.

En Cumbia de la Buena “no es que  precisamente haya una reivindicación del género”.  “Sino más bien un modo distinto de escuchar las cosas. No hay que prejuzgar, hay que escuchar la calidad de los arreglos, las formas de las canciones”, le dice a Burra aludiendo argumentos en primera instancia intrínsecamente artísticos.

Interrogándolo sobre ese arte, el productor no se presta a careteadas aleatorias como Agapornis u otros conjuntos a los que denomina “deformaciones”. “Aquellos grupos con base reguetón”, dice y uno automáticamente podría pensar en Nene Malo o el Apache Ness. El diálogo continúa. ¿Entonces no te gusta el reguetón? A mi el reguetón me gusta, pero en Panamá, acá no. La cumbia con base reguetón es la destrucción total.

A la hora de contestar sobre el último indicio de autenticidad en la movida no vacila en hacer referencia al ex cantante de los Gedes. “Lo ultimo que salió así real es el Pepo. No lo digo porque soy su productor sino porque es la verdad. El hizo de la cumbia villera algo más tumbero, es más joda todavía. Además tiene el carisma de grandes como Rodrigo”.

Con Antonio

Cumbia de la Buena.

“Menem arriba de la Ferrari es la cumbia de los noventa”. Dos décadas atrás se la mostraba de otra manera. “Salía un grupo y armaban otro igual haciendo de eso solamente un negocio. El resultado de eso tenia que ver con el imaginario que generaba la clase política de la época”. Tropicalísima en ATC. La cumbia de las boy bands. Mostrar el escenario sin intentar comprender su producción.

Por eso el Fanta recuerda, compara y no deja de hacer hincapié en la predisposición que tuvo la señal dependiente de la cartera de Educación para llevar adelante su propuesta. Hoy la cosa es diferente y es por eso que también se muestra afable con muchas de las medidas impulsadas por el gobierno nacional haciendo énfasis en lo cultural. La difusión de la movida tropical llevada a cabo por el medio estatal desde una lógica de producción de sentido es “algo que venía peleando desde hace mucho” porque era “importante” que los organismos gubernamentales reconozcan a la cumbia como cultura, “¿y cómo no lo van a hacer si la cumbia es de la mayoría de la gente?”.

 

Walter Sosa

 

 

 

 

 

 

 

 

BURRA