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De Monstruo a Dios: Hasta siempre, Sebastián

En las últimas horas de ayer, el legendario cuartetero perdió su última batalla contra el cáncer y pasó a la eternidad. Conocido por canciones fiesteras como “Movidito, movidito”, hay que decir que fue mucho más que eso. En Burra lo recordaremos como un artista que vivió en la desolación y siempre supo poner la mejilla de la alegría y el amor.

“Hay que cantar con ganas y romper cadenas”

sebastian un sentimiento

VIDA

Sebastián nació el 14 de agosto de 1953 en Córdoba bajo el nombre de Daniel Humberto Reyna, portando así el apellido de su madre, Rosa Reyna, quien falleció cuando él tenía 5 años. A partir de allí, su crianza estuvo a cargo de sus tías Basilia y Petrona.

A su padre lo pudo conocer recién a los 50 años. La versión de Daniel es que el encuentro ocurrió en un viaje de avión hacia Córdoba que ambos compartieron de casualidad. Humberto Grumelos, dueño de la fábrica Caroyense, se acercó al músico y le tocó el hombro diciéndole: “Yo soy tu papá”.

“Sentí que el mundo me daba un abrazo y que Dios me volvió a besar en la cara”, manifestó al respecto el cantante, que nunca guardó rencor hacia su padre abandónico, ¿y cómo no creerle?

El haber sido un huérfano durante la mayor parte de su vida lo acercó a las drogas en primera instancia y lo convirtió en un familiero empedernido ya entrado a la adultez. Con su esposa de toda la vida, Patricia, fue padre de Yamila y Germaín Reyna, también cantante de cuarteto, quien le dio tres nietos que fueron su devoción.

Hasta los 12 años Daniel simpatizó con Talleres, pero el novio de su hermana era el futbolista de Belgrano Juan Carlos “La Milonga” Heredia, y lo hizo del Pirata de una vez y para siempre al regalarle una de sus camisetas. Aunque probó suerte con el fútbol de niño, su verdadera vocación siempre fue la música.

OBRA

Por ahora es una biografía más acorde a terminar cantando en Nine Inch Nails, y sin embargo, Daniel eligió alegrarle el alma la gente por medio de su mantra personal: el cuarteto.

Su debut en público fue, al igual que el de Carlitos Tévez, a los 17 años en un cabaret porteño con unos cordobeses.

Se trataba del Chantecler y la banda era un trío melódico del que nadie sabe el nombre. Poco después, se convirtió en el primer cantante del histórico grupo cuartetero Chébere, proyecto que se vio interrumpido cuando lo convocaron para la Co.Lim.Ba.

En 1975 se aleja definitivamente de Chébere y, después de probar suerte en Buenos Aires, regresa a Córdoba para grabar con el nombre de “Sebastián y los pobres”.

Había elegido llamarse Sebastián para “tener un seudónimo que concuerde con la personalidad”. Vaya uno a saber.

Luego de dicho ensayo que tampoco prosperó, se sumó al grupo de Carlitos Rolán, donde ganó más experiencia, y a principios de los 80 se largó como solista. Gregorio “Chichi” Ledesma fue su mecenas por ese entonces.

Un par de años después decide poner una pausa y salir un poco del circuito cordobés para recorrer otras provincias. Pero sin dudas el éxito lo encontró en el terruño. “Mi Córdoba Linda” del disco Como Siempre (1984), se vuelve fundamental para captar a su primera camada de público. En el Club las Palmas, junta más de 7.000 fervorosos fanáticos cordobeses.

Semejante momento le permitiría compartir escenario con Los Pimpinela y Palito Ortega en los años posteriores.

El Monstruo siguió creciendo, hasta que en 1989 editó Al Rojo Vivo, el álbum más vendido de su carrera y el segundo más vendido del cuarteto en Argentina. Este disco, además del hitazo “Pollera blanca, camisa colorada” incluía el primer contacto de nuestro país con Xuxa. Posta.

Cuenta la historia que durante unas vacaciones en Brasil, Sebastián escuchó de casualidad “Ilarié” por la calle. Le gustó tanto que se compró el CD, se lo trajo a su discográfica (BMG) y pintó grabar una versión en español, dos años antes de que la Reina de los Bajitos hiciera caso omiso a la novia de Cristian U y firmara con Telefé.

La década del 90 fue absolutamente suya y de Menem. Todos los discos siguientes contendrían oro líquido: “Movidito, movidito”, “Arriba los corazones”, “Baila este pasito” y “Cómo, dónde y cuándo”, que por si no lo vieron combina a la perfección con el video de Jagger y Bowie.

En 33 años de carrera, Sebastián lanzó más de 30 discos. Tamaña capacidad hitera lo llevó de gira por toda Latinoamérica. Desde Chile, Perú, México, Bolivia, Colombia, Chile y Venezuela, llegando incluso a tocar en Estados Unidos.

ÚLTIMOS AÑOS TRÁGICOS

Como todos los cumbieros y cuarteteros que explotaron en los 90, Sebastián fue quedando relegado ante la llegada del nuevo milenio y, tras casi una década sin pasar por un estudio de grabación, volvieron las malas vivencias.

En mayo de 2010, volviendo de dar un recital, tuvo un accidente en la ruta 336 que lo afectó gravemente. Una moto chocó contra el Corsa en el que venía el cantante, dejando muerto al motociclista y heridos a quienes estaban en el auto, el cual terminó prendiéndose fuego.

Ese día vimos a Sebastián en su peor estado. De la imponente imagen de los rulos y las camisas coloridas con hombreras ahora sólo quedaba un hombre excedido de peso, desorientado, ensangrentado y con poco pelo.

Premonitoriamente, agobiado por el ritmo que implicaba ser un cumbiero de gira por el Gran Buenos Aires, años atrás se había parado al costado de esa misma ruta a plantearse a sí mismo: “No voy a cantar más”. Exactamente eso replicó tras el accidente, pero sus ansias por vibrar en el escenario prevalecieron siempre.

Al año siguiente, volvió a protagonizar un accidente automovilístico cuando chocó contra un poste de luz y le encontraron 14 gramos de cocaína que lo complicaron judicialmente, y aunque sólo fue imputado por “tenencia simple” fue un nuevo dolor de cabeza.

En 2014 fue internado de urgencia por el cáncer de colon que padecía y así iniciaba una larga lucha de Sebastián contra esta enfermedad. Estuvo fuera de los escenarios durante varios meses hasta ser operado y a fines de ese año tuvo un regreso triunfal y emotivo en el Súper Deportivo de Córdoba.

Pero el cáncer nunca terminó de irse. A mediados de enero, un fuerte dolor en el abdomen lo puso en alerta y estuvo varios días en terapia intensiva por una “patología maligna de colon”. En febrero parecía mostrar una leve mejoría pero volvió a recaer esta semana, presentando ahora una “infección a nivel de la vesícula con focos múltiples”. Falleció anoche en el Sanatorio Allende de Córdoba capital.

Sebastián era capaz de recordar que su madre le decía: “Cantá siempre, Daniel”. Y por más que Dios se haya cansado de complicarle el camino, el Monstruo nunca se cansó de cantarle a su fe y al amor.

Por eso es parte del Santísimo Cuarteto de las deidades cordobesas junto con La Mona, El Potro y Alcides; y por eso el staff de Burra esta noche se verá tomando whisky con soda y bailando el ritmo que está de moda en su honor. Arriba los corazones.

Pablo Sebastián Rojas

BURRA