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El año del Polaco

2016. Un año de mierda. Sí, de mierda. Aunque para El Polaco venía bien, antes de que la sinergia cheta internacional valiéndose de call centers ubicados en ocultas ciudades chinas le quitaran la final del bailando.

Ezequiel Iván Cwirkaluk tiene 29 años y es de Zona Sur. Es hincha de Temperley, fana de Rodrigo y tiene dos hijas (una con Karina). Es amigo (¿amigo?) de Giannina Maradona y dueño del hit “Deja de llorar”. Todas estas cosas las saben hoy muchas más personas que en 2015 ¿Por qué? ¿Qué pasó con El Polaco este año? La respuesta está en la tele.

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Cómo abrirse camino

El Polaco siempre fue más aceptado que otros en la movida. Quizás por su estilo, por sus canciones de amor, por sus letras que no incomodan o por el público al que apunta. Posterior a 1 d kal (me pongo de pie como La Chiqui Legrand) supo virar de “pibito que hace cumbia base” a latin lover del conurbano.  Con Karina supieron ser nuestros Brad y Angelina. Ambos rompieron muchas barreras que los encerraban en el ambiente de la cumbia. Seguramente el precio fue alto. Para ganar popularidad expusieron sus miserias, una separación tormentosa, amantes y reclamos de paternidad. Esta modalidad sentó un precedente, con una carrera que te respalde y yendo a los programas de chimentos podías llegar a otro público. Daniel Agostini había allanado este camino, nadie puede negar que su matrimonio con Nazarena Vélez lo ayudó en su popularidad y gracias a eso llegó a lugares donde, desgraciadamente, si te manejás solo en el círculo cumbiero no te acercás.

Hay que reconocerle al Polaco que sobrevivió, ¡y cómo!, a su separación con Karina. No volvió para atrás. Ya se había instalado en el mundo mediático y trató de mantenerse. Participó en programas de juegos o en los cocainómanos magazines de la mañana. Un día para hablar de Karina, un día para hablar de Giannina Maradona, todo servía para promocionar sus bailes o sus canciones.

Ese camino lo llevó a ser convocado a Bailando por un Sueño. Y acá quiero detenerme. Conozco muchos cumbieros que reniegan cuando a sus artistas les llega la masividad, se sienten traicionados, comentan “míralo a este, se re vendió” o quisieran cantarles “Ya no sos igual” de 2 Minutos. Esta actitud caprichosa es muchas veces la que tienen los mismos productores de la movida a los que les conviene que el artista solo tenga una opción, la opción que ellos les ofrecen.

Las grandes ligas

El Pola, acompañado por Barbi Silenzi, cumplió con el objetivo que se planteó en mayo pasado: llegar a la gran final. Estuvo sentenciado en once ocasiones, tres de esas veces no fue salvado por el jurado y fue al teléfono. El público lo eligió y siguió en carrera: en el camino dejó a Carla Conte, a Charlotte Caniggia y a Nicole Neumann. El miércoles pasado jugó la semifinal ante Federico Bal, el último campeón, y le ganó el duelo telefónico. Anoche disputó la esperada final ante Pedro Alfonso y Flor Vigna, con todos los fans de Combate en contra y con los rumores de acomodo que le caían encima al productor de Showmatch, contra todo. Que dolor que siente mi corazón. El Polaco luchó con lo que le pusieron enfrente y se mostró transparente, humilde y respetuoso, porque estas actitudes también van de la mano con ser cumbiero.

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¿Qué pasa cuando el mainstream abraza la movida tropical?

Se llega a un público no consumidor de cumbia que solo la conoce por bailarla con vergüenza o excusándose borracho en algún casamiento. Un público que muchas veces prefiere denigrarla. Un público que compra la imagen del “cumbiero promedio” que los medios eligieron vender: el delincuente, el vago, el borracho, el drogadicto. Será por eso que se asombran cuando lo ven al Polaco cortés, agradecido; entonces se morbosean con su historia de vida y la enaltecen con un poco de culpa de clase. El Polaco no es un héroe ni es un ejemplo, tampoco es diferente, ni es mejor ni peor. Es un pibe normal con problemas normales y con historias difíciles como casi todos nosotros. Así eligió mostrarse. Y así abrió una puerta muy útil para todo el mundo cumbiero.

Este año el éxito del Polaco se reflejó en una nueva apertura para la cumbia hacia los grandes medios. Secretos Verdaderos, el programa de Luis Ventura en América, que contó con informes para El Pepo y Ángela Leiva. El Pepo cantando y contando su historia en Susana Giménez. Ángela siendo producida por Pimpinela. Y también pensemos en los oportunistas de siempre que vieron en este “renacer cumbiero” una ventaja política. Sí, la foto de Macri y Lombardi con Hernán de Mala Fama. Foto que jodió a muchos. Sin embargo, todo esto es pura ventaja para la cumbia. La visibilidad que le dan programas como el Bailando es legitimarla. Es que no la marginen. Es que no nos marginen. Que no existan más funcionarios, como en aquel 2004, diciendo: “La cumbia villera nos permite ver, hablar de un imaginario y hay un imaginario en las clases populares argentinas que no condena enfáticamente el delito, sino que en algunos casos lo justifica”.

“Solo los fuertes saben esperar”

Nos bancamos prohibiciones,  discriminación y estigmatización. Así que ahora solo nos queda disfrutar. Que aquel que nunca escuchó cumbia hoy piense “qué buen pibe parece El Polaco” o aquella abuela medio gorila hoy diga “miralo al Pepo cómo salió adelante” porque lo vio con Susana y Mirtha, no nos cambia la vida a nosotros que ya sabemos cómo es esto, pero sí es un paso adelante para la integración de este movimiento. No porque necesitemos la aprobación del de enfrente sino porque necesitamos convivir como iguales con él. No ser víctimas ni victimarios. Y si esta victoria del Polaco es un paso para llegar a eso, entonces la victoria es de todos.

Por más nosotros en la tele, por más nosotros en todos lados. Ya lo dice el nuevo CD de Pablito: somos nosotros los buenos.

Agustina Alonso

BURRA