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El Cacique / Dany Lescano

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A la plaza de Billinghurst te acerca un colectivo de andar cansino y de a ratos exasperante. Son 30 minutos desde el cruce de Constituyentes con General Paz en los que las casas, a medida que el ómnibus avanza alejándose de la Capital y adentrándose en el Conurbano, empiezan a perder altura. En ese barrio del noroeste del Gran Buenos Aires, que bien podría pertenecer a Lanús, La Matanza o Echeverría, vive Daniel Lescano una vida bastante corriente si se tiene en cuenta  que hablamos del hombre que encarnó el nacimiento de un género masivo y que es el eje de esta revista: la cumbia villera.

Fue a finales de los 90 cuando la vida le cambió… pero no tanto. Con La vanda más loca y Más duros que nunca, el hombre se vió como figura visible de ese movimiento que estuvo destinado a imponerse en todo el país. Tenía el pelo indicado, la ropa indicada, la cara indicada para ser el cantante de Flor de Piedra, la primera banda villera en expandirse hacia todo el país. La que registró, más que un sonido andino mezclado con acordeón y aggiornado para la guitarra y el wah wah, un lírica que se alejaba de la línea romántica y entraba en la droga, la cárcel, y la violencia; una marca de los tiempos que advertía sobre el final del milenio y la crudeza con la que iba a arrancar el próximo. El posible divismo que se puede esperar de una estrella de la música hace implosión cuando el hombre aparece en un VW Caddy modelo noventoso, segundo, quizá tercer dueño. La cabellera oscurísima de cacique ahora sorprende con un tinte rojizo, que hace juego con el ligero verdor que le asoma en los ojos, sobretodo en la parte inferior de las pupilas. Ya tiene 56 años y 20 en la movida pero te da la mano con inesperada fuerza, su andar es suelto y ligero y se maneja con los amigos como si tuviera alguna década menos. – Hola guachoooo, ya volví a la Argentina! Ese es Daniel Lescano, el que viralizó, para poner en términos de la nueva década, la cumbia villera gracias al éxito que imparable de dos discos plagados de hits innovadores, punta de lanza de un nuevo estilo. – Cuando vos pegás con un tema no hay nadie quien lo pare, por más que sea jodido, malo, que sea lo que sea, cuando pegás con un tema, al público, no lo parás con nada, y eso es lo que me pasó a mí. De esos años de bailes llenos y discos sonando en todos lados, una anécdota ligada a uno de los mayores hits de la banda. Patovicagón. – Me han amenazado y he estado a punto. Un día a un patovica le pegué con el micrófono en la cabeza. Desde arriba del escenario le largué el micrófono en la cabeza. Estábamos en Scombro, la gente enloquecida, me quería saludar, uno se subió a hombro de otro y me quiso saludar. El patovica lo empujó.La concha de tu madre, le dije, por qué lo empujás no vés que me vino a dar la mano yyyy plá le tiré el micrófono por la cabeza y la gente se volvió loca. Cuando fui afuera, vi como lo sacaban a un pibe y le pegaban. Uno lo sacaba, venía el otro y le pegaba, venía otro y le pegaba… y me peleé con ellos porque pensé mañana le pegas al pibe mío la concha de tu madre. Sacalo y dejalo que se vaya, ya está loco. ¿Qué querés arreglar pegándole, dejándolo así?. Pero para mediados del los 2000 la cosa era diferente. Flor de Piedra entró un silencio extraño. No volvió a sacar discos, y otros grupos ganaron la escena. Al final de la banda lo apresuraron dos razones: poca paga, mucho tiempo. – Mientras no estuve en la movida estaba tranquilo, miraba de costado todo, porque no tenía ganas de seguir…quería estar tranquilo, con mi familia, con mis hijos. Te chupa mucho el negocio. Hay días que estar sin tus hijos, sin tu mujer… estás mucho tiempo afuera. Detrás de Flor de Piedra empezaba a surgir la figura de Pablo Lescano, compositor de la mayoría de las canciones y el productor de la banda, el dueño de la marca. Los músicos, Dany incluido, eran empleados y su sueldo era magro . La misma razón que sacó a El Cacique de los escenarios, lo hizo volver: El sustento. – Volví porque tengo que trabajar de algo y no me gusta que me mande nadie. En el medo laburé de todo, remisero, vendí diarios, vendí frutas, fui albañil. La gente me reconocía, pero igual, no me importaba. Muchas veces la voz de Flor de Piedra va a remarcar no-me-gusta-que-me-mande-nadie. La mirada se le vuelve áspera, asoma la bronca acumulada por algún recuerdo de una autoridad alguna vez alguien lo mandó y bastante mal. También será recurrente la indiferencia, el gesto seco, maradoniano de levantar el labio inferior en una mueca de desinterés. La actitud casi rayana con el estereotípo rockero remite a un Liam Gallagher en pleno auge o quizá a esa mirada de Pappo cuando le tiró el Buscate un trabajo honesto, pibe por la cabeza a DJ Deró.

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– Tuviste que laburar para mantener a tu familia ¿Cómo ves la realidad de Argentina?

Pienso que está mejor el país, aunque mucho digan que estamos mal porque miramos los precios de las góndolas. Miro lo que hace la Presidenta por toda la gente. Antes Menem a los pibitos que tenía hambre no les daba ni un peso. Estoy de acuerdo con lo que hace el Estado. Por otro lado, para mi, Macri no existe. No sé si será garca o no, pero no existe. Quiere imponer cosas que para mi modo de ver las imponían solamente los militares. No me gustan las personas soberbias, que no tiene diálogo con otra gente. Cada uno que opine lo que quiera, pero para mi esto es así. Había que llenar la olla para los hijos más chicos de los seis. Flor de Piedra volvió al ruedo de nuevo, con más cerveza que nunca y con la leyenda ya desperdigada por la América del Sur. – Vengo de Colombia recién… no me gusta mucho viajar en avión, tengo miedo. Encima en el último viaje que tuve a Bogotá se movía el avión…pero, la puta madre…y no me podía dormir, me quería matar. También pasé por Bolivia, Salta, Jujuy y esta noche (por el sábdo 9 de marzo) estamos en Porto Soho y donde era Metrópolis, en Groove. Está claro. Ahora la cumbia es también de los chetos, está en los countries y a los grupos se los contrata en lugares caros porque hay otro público dispuesto a escuchar cumbia. Inclusive hay bandas que salen de los barrios de la clase alta, como la exitosa Agapornis, que sin ser ni remotamente cercano al ambiente de la cumbia, hacen covers tan variados como poco criteriosos y en un clave de cumbia flojísima de papeles, pero cumbia al fin. – ¿Agapornis? Prrrr, que feo, feísimo, pero bueno a la gente le gusta,  te digo que el público cambió, eh. A la gente le gusta el que canta mal, el que desafina. Vení y decime dentro de un año donde están. Ni se van a acordar. Esa expresión de rechazo, ojos cerrados, boca que prueba un sabor horrible, voz un par de tonos más arriba, se repite cuando el tema es el reggaeton o las bandas que le siguieron a los Wachiturros. – No son ni cumbia. A mi no me gusta, cada cual hace lo que le gusta. Pero a mi eso no me sirve porque ya los músicos quedaron a un costado; ponen máquinas. A mi no me gusta pero es lo que pega ahora por ahí porque el público cambió mucho, le gusta la gente que no canta bien…antes, por ejemplo, gustaban los lindos, esos la pegaban. Ahora el que no canta bien la pega. No entiendo. Eso sale de un productor que les va dando manija, va buscando, copiando, se cuelga del éxito de los demás… tiene suerte y la pegan, pero así están, duran dos minutos. El laburo de esas bandas es menos que el de los cumbieros de antes, nada que ver una cosa con la otra. Ahora prende una máquina y ya está y ni cantan, no saben cantar, no-saben-cantar. Y los culpables son los Serantoni que con tal de ganar plata ponen cualquier cosa. La música de ahora no me interesa, entonces no escucho nada. A los de Agapornis no los conozco no sé quienes son. Me saqué una foto el otro día ahí en Jujuy y le pregunté a mi señora ¿quiénes son estos? porque la piba me etiquetó en el facebook  y me dice mi señora ¡mirá, es la que canta en Agapornis! Yo me saco fotos con todo el mundo qué se yo quienes son.  Viene alguien de la movida de ahora, me saluda ‘hola!” en un escenario nos cruzamos…¿Quiénes son? tengo que preguntar. Que me disculpen. porque como no los veo… me indigna el programa de los Serantoni, lo detesto, porque no hay cumbia, no pasan cumbia. ¡Mataron a la cumbia los Serantoni!

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Fastidio es lo que brota cuando los Serantoni entran en la cuestión. Ellos son: – Lo peor son los que manejan el monopolio de la televisión. Que te dicen no vayas a tal lado porque son contras e involucran al artista en problemas de ellos. Y no te dejan ir… “no vayas que yo después te ayudo” y después no te dan un carajo. Los productores y los agrandados, los odio. Los que van encapuchados, que entran y no se sacan fotos con la gente, tratan mal a la gente… eso lo odio. Hay varios que viven de la gente y no se dan cuenta de que la gente es lo que los pone arriba o abajo. Lo que tienen que cambiar en la TV para que yo esté son los productores del negocio. O que haya otro canal donde pasen cumbia. Otro de los nombres que provoca que las facciones del cacique se contraigan en una mueca de disgusto es EL nombre del ambiente. Pablo Lescano. El destrate de Pablo para con Dany empezó en los días en las que el negocio de Flor de Piedra era muy bueno, pero el sueldo de los músicos muy escaso. La negativa de Pablo a cederle los derechos del nombre Flor de Piedra fue otro desaire, la lista puede que sea más larga. Más allá de los resquemores, no es envidia lo que transmite el Cacique, con trabajar y poder mantener a su famlia, le alcanza. – Mi hijo Matías, que está ahora con su banda, atreve-te-te , le hace música a Pablo Lescano. Pablo Lescano le ha robado un montón de cosas. El pibe mío grababa en el estudio de Pablo y después Pablo le saca la voz y le pone la de él. ¿Qué le va a pagar? No sé si no es tanto como se dice. Él hace la suya y a mí no me interesa. Decile a Pablo que venga a hacer una nota y fotos con vos… En la vida hay que ser agradecido amigo. A mi no me interesa si es más exitoso y tiene más que yo. Yo soy yo y soy único. El dueño de Flor de Piedra, del nombre es Pablo Lescano. Hoy uso Flor de Piedra, Dany Lescano, no sé si habrá un problema legal, nunca me hizo nada. No me importa tampoco ¿Quién es Flor de Piedra? – Vos . – Lo vivo todos los días, a cada rato. – Nunca se me subió la fama a la cabeza ni me va a subir porque no me interesa. Sigo cantando, sigo laburando, tengo familia que mantener. Odio que me manden…soy un tipo común y corriente, que vive gracias a dios de la gente y siempre comparto con ellos el tiempo que pueda. Soy un tipo normal,  voy al supermercado a comprar cosas, paseo, voy a todos lados solo…no voy a cambiar nunca. – ¿Qué es lo mejor de la movida? – Lo mejor que hay en la movida tropical es la gente, el contacto, a mi nunca me vas a ver encapuchado y que me saquen por atrás, no, yo quiero ir con el público. Preguntá donde quieras que vayas, si yo necesito un patovica, algo, un policía. No, déjenme solo. Vengan, pum pum, ¡hola! pum, fotos, todos. Siempre estoy con el público. Dios quiera que me de vida para estar con mis hijos, mis nietos, con la gente, lo que venga de ahora en adelante con Flor de Piedra se lo dejo a su criterio, no tengo pensando sacar un disco nuevo por ahora, canciones nuevas, no sé. A esa hora de la tarde mucha gente del barrio está en la plaza y se topa con a la vieja gloria de la cumbia villera cuando caminamos hasta donde dejó su auto. Recién llegado de su gira y con pocos días en el barrio, es primero sorpresa y luego alegría lo que transmiten las caras de las personas que reconocen al cantante. Él recibe y da afecto, se presta, va hacia la foto sin objeciones. No extraña entonces ese ¿Cómo se van? En tren? Los tiro hasta la estación, boludo que suelta antes de la despedida.

BURRA