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El Pepo en lo de Susana

“Soy Rubén Darío Castiñeiras, pero el mundo me conoce como El Pepo”, dice una voz, la de El Pepo, a las once de la noche del domingo en la pantalla de Telefe. En un video corto, El Pepo da el ejemplo de cómo deberíamos presentarnos en la vida: “Lo tuve todo: fans, fama, llenaba teatros, boliches y estadios… Pero la droga me dejó sin nada. Me equivoqué y pagué con seis años de mi vida. Hasta que la música volvió a sonar. Hoy disfruto más que nunca de la familia que siempre soñé. Lucho y voy ganando la batalla. Por mí y por los que me quieren. Soy Rubén Darío Castiñeiras. Soy El Pepo de Buenos Aires”.

Tomá, Cacho Castaña.

Explota la tribuna peposa.

Se abre la pantalla gigante.

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Entra El Pepo al estudio de Telefe, al programa de Susana Giménez, a los televisores, a tu casa, a la mía. Tiene puesto un jean, unas llantas blancas ganadoras del desafío de la blancura, una chomba piqué roja, una gorrita celeste con el escudo de Racing en un costado y el hashtag #LND en el otro (La Noche Disco, boliche del hermano de Riquelme), y lleva algo que le cuelga del hombro izquierdo. Después sabremos que es un bolso matero.

 Olé, olé, olé olé, Pepo, Pepo, se escucha mientras Susana y su invitado caminan hacia los sillones. En la tribuna todo está ensayado: cuando entra Susana ustedes cantan, aplauden y repiten “Susana” hasta el hartazgo, después se levantan, después se sientan, cuando cante Ricky Martin los van a mostrar un poquito, así que bailen. Pero el coreógrafo de tribuna no dio directivas para cantarle a El Pepo. Este Olé no se ensayó. Acá no se ensayó: en los boliches de Panamericana se ensaya todos los fines de semana.

—No lo puedo creer, guau ―dice El Pepo y mira a la tribuna y mira a Susana y a la tribuna y a Susana.

―¿Qué no podés creer? ¿Este recibimiento?

―Y no, estar acá al lado tuyo.

Nosotros tampoco lo podemos creer. Y eso que sabemos quién sos, Pepo. Imaginate a los señores, las señoras, los adolescentes, las fanáticas de Lali que están en sus casas mirando el televisor y diciendo ¿Quién?

El Pepo, les decimos. Si no tenés idea, andás con tiempo y no te jode Luis Ventura, podés mirarte este programón de El Pepo en Secretos Verdaderos, lleno de anécdotas y voces en off que van a buscar conmoverte. Si no, Burra te lo cuenta en versión abreviada, debolsillo, que ni siquiera aparece en google: El Pepo tiene 42 años y es un referente lateral de la cumbia villera argentina. Lateral porque el centro siempre estuvo ocupado por Pablito Lescano, Hernán de Mala Fama y Ariel de los Pibes Chorros; los únicos que figuran en Wikipedia. En 2001, en la periferia de esta tríada, nació Los Gedientos del Rock, una banda de cumbia villera con toques de ska y reggae jeans, apadrinada, bendecida, producida, por Pablito Lescano. Su primer disco, Con Síndrome de Abstinencia, salió en 2002 y clavó hitazos villeros como “Berretines de Verduga” y “Soy un re gede”. ¿Tu mamá te pregunta qué significa “gede”? Decile que viene de “Gediento”. ¿Y qué significa gediento? Repreguntar es gede. Que lo busque en google. En 2004 Los Gedientos sacaron “Alta Gira”. Al toque se acortaron a Los Gedes y lanzaron Los Gedes no duermen, descansan… (2007), A Geder Que no Vale Nada!!! (2010) y en 2014, ya sin El Pepo, Contala como quieras. En medio de todo esto, El Pepo palpó la fama, la plata, la droga, se perdió en el Bajo Flores, desapareció, robó, entró al Penal de Ezeiza, salió, se rescató, volvió con Los Gedes, tocó con los Dancing Mood, se rompió de nuevo, volvió a Ezeiza, salió, se rescató, esta vez dice que para siempre, y clavó dos discos seguidos: Libre en 2015 y Cumbia peposa (Paco…gerlo) en este año.

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“Cumbia peposa”: El Pepo convertido en adjetivo, El Pepo copando el centro de la cumbia villera sin pedir permiso, el Pepo cantando con Cucho de los Auténticos Decadentes y con Supermerk2 en el mismo disco. Qué disco. Con Cucho se la pasa cinco minutos gediendo con las turras y la caravana en “El Tumbaturras”. “Quizás”, una balada peposa a dúo con Rocío Quiroz, conecta con los millennials que miran Pasión y que no saben quiénes fueron Los Gedes. En “El perro de Marta” con La Rumbadera, El Pepo hace alarde del taller de escritura creativa que nunca se animó a dar: El perro de Marta me ladra, a mitad de cuadra me alcanza, de la gamba izquierda me agarra y no es por jugar. Y ella en la vereda se ríe, se hace la que riega las plantas, con su minifalda cortita, yo he de soñar. Cuando el sol se va” mezcla Los Simpsons, publicidad de jugo tang y cerveza imperial. El disco cierra con Supermerk2 y “Culo Pa 2 Tangas”: una piba que tiene el culo grande, baila cumbia, toma vino, se pone peposa, se pone gede.

Ahora, recuperado, recién casado, con todos los dientes, se sienta en el sillón blanco glorioso de Susana, que lo hace destacar aún más, y charlan sobre:

El documental de El Pepo que se va a estrenar en Mar del Plata.

―¿Vos contaste tu vida o también la actuás? ―pregunta Su.

―No, también actúo

―Ah, también actuás

―De mi

―Ah, de vos

―No sé ―redondea El Pepo-, el que pensó la película se habrá equivocado.

Ríe.

Algún día la risa de El Pepo va a recuperar las Malvinas.

Risa

La adicción a la pasta base.

―¿Y qué se siente..? ―pregunta Su― Porque yo tengo una intriga con esto de las pasta base…

―Nada

―Pero ¿es felicidad?

―Es todo virtual

―¿Es todo virtual?

―Todo virtual, que vos te pensás que lo manejas, que lo necesitás para esquivar un problema, para solucionar un problema, y terminás teniendo otro problema más.

Susana pone sonrisa de compasión. Regalale una hectárea de La Mary, dale.

La cárcel.

―No hay políticas de reinserción social ―tira El Pepo. ¿Cuántos habrán dicho las palabras “reinserción social” en ese sillón?

El diente.

―Ahora tengo diente, para los que decían que no tenía diente ―dice El Pepo, haciendo gesto de burla a la tribuna―. Tengo el diente ―repite y se señala la jeta. Mira de quién te burlaste, Argentina.

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―¿Puedo preparar un mate? ―pregunta El Pepo, de repente.

―Ah, ¿eso que trajiste ahí? ―dice Su, y señala al bolso matero― Yo creí que era un instrumento.

Quizás estemos presenciando el primer encuentro entre Susana y un bolso matero. El Pepo se ríe con estruendo.

―Vamos a tomar unos amargos ―propone.

Susana lo esquiva con elegancia. Dice que no, que gracias pero una vez tomó mate y no durmió nunca más, real, nunca más, que mejor vayamos a ver un tape sobre el papá de El Pepo. Vamos. El Pepo no mira el video. Llama a un Susano y le da el termo porque el agua está fría. El agua del termo para cebarse unos amargos en el living impoluto de Susana está fría. Termina el video. Hablan de droga, de cárcel. Aparece el susano con el mate.

― ¿Qué? ¿Se te había enfriado? ―pregunta Su.

―Sí, estaba fría. Me hicieron el engaña pichanga.

Esta vez la risa peposa rompe todos los parlantes. Susana se ríe. El Pepo se ceba un mate. Después llaman a Josefina, la ahora esposa de El Pepo. Charlan. Llega el momento de los regalos. Aparece una bolsa de papel madera en manos de un susano. El Pepo saca un güiro y se lo da a Susana.

―Ah, ¡mirá! Un rallador. Ay, mirá, de racing. Qué bien me viene porque el queso…

―Noo, pero no es un rallador -dice El Pepo, y le enseña a Susana a tocar el instrumento fetiche de la cumbia.

Son las once y media de la noche del domingo, Susana pasa un palo por un rallador y clava veinte puntos de rating.

Al toque El Pepo le regala una remera de su banda. Susana, con alma de maestra, lee en voz alta lo que dice la remera:

―A ver, ah, mirá: La súper banda sedienta.

Gol de Susana.

La risa de El Pepo esta vez se mezcla con la de la tribuna, los susanos, los twitteros, los que revuelven los cupones.

―Gedienta ―corrige El Pepo―. Sí, sedienta también.

Gol de El Pepo.

Minutos después los asistentes de producción harán rodar unos tachos pintados y los pondrán así medio random en el piso para decorar el momento esperado de la noche: El Pepo abre su show con “Yo te voy a hacer feliz”. Antes de empezar a cantar, alcanza a tirar un: “Feliz cumpleaños, Diego. Saludos, Rocío”. El Diego es Maradona y Rocío es la Oliva. Desde hace un año, los dos son la pareja emblema de esta cumbia peposa que jamás va a tener un videoclip mejor que este con el Diez y la Rocha en ojotas tirándose unos pasos entre la maquinaria gimnástica de Dubai:

Sigue, El Pepo, con “Hoy acá en el baile”, así, con las mayúsculas puestas ahí. Y El Pepo nunca defrauda. Entró y salió de la cárcel noventa y cuatro veces, mirá si no se va a animar a sacar a bailar a la número uno de la televisión argentina. Rodea el escritorio, le canta y le extiende la mano. Susana, regia, mira a su producción, ya no se puede negar, ya le dijo que no al mate. Además la mano está ahí, saliendo en vivo un domingo a la noche. La diva, sin permitirse dudar, acepta la invitación del referente más reventado y rescatado de la cumbia villera, ahora con todos los dientes y dueño absoluto del prime time. Asistimos a un lapsus villero de Susana Giménez. La cumbia, invitada a charlar y a emocionarse durante un rato en el living, se expande como los Farmacity, mete la palabra “Gede” en todas las pantallas, compromete a la conductora más rubia y pulcra de la televisión y la hace bailar. No cumbia pop, no cumbia colombiana, no cumbia uruguaya, no Agapornis. Susana baila cumbia villera de esa que suena en La Mónica, en el Tropi:

Hoy acá en Susana
todos los villeros
vamos a quedar
súper gedientos

Baila, Susana, con todos los villeros, agarrada, sostenida por la mano de El Pepo, ese que para la diva era un completo desconocido hasta que alguien entró al camarín, le pasó la hoja con las preguntas y le contó brevemente quién es El Pepo, quién fue El Pepo, qué era lo importante de la entrevista a El Pepo: cárcel, droga, casamiento, cárcel. Baila, Susana, y los susanos revolotean a su alrededor porque no vaya a ser cosa que un pasito en falso, un taco que tambalea, un exceso de cumbia peposa, y el papelón. Pero no: exhala elegancia, Susana, con sus pasos a ritmo, sus brazos elevados, su cuerpo erguido -muy erguido para la cumbia peposa-, el cuello estirado, el mentón siempre en alto. Hasta hace “palmas arriba”. Un minuto y cuarenta segundos es el tiempo que comparten en pantalla Susana, El Pepo, su diente, la cumbia y la villa. “El que no hace palmas tiene roto el sonajero”, canta El Pepo. Susana hace palmas y vuelve, bailando, a su escritorio, preguntándose qué será el sonajero. El Pepo, con sus movimientos enfáticos nos prepara para el meneo. Es para Ricky Martin que lo mira vía skype. Es para Las Extinguidas de Muscari que lo miran atrás de las cámaras con los vestidos y los tacos puestos, que van a tener que meterse en el remis y volver el domingo que viene porque hoy no hay tiempo para ellas, porque El Pepo está gediendo, está midiendo, está siendo validado en una pantalla más grande que la de Pasión de Sábado, está jugando en primera, está siendo consumido irónicamente, está siendo twitteado, está siendo gugleado. El Pepo está sediento y la tele siempre tiene buen sabor.

Luciana Ruarte

BURRA