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Gary, el ángel que canta

Las canciones nacen, no seamos tan necios de creer que desaparecen o mueren; una vez que una canción nació, es inmortal. Solamente los intérpretes morimos, las canciones siempre quedan vivas.

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Córdoba: en las vacaciones te encontrás con ecologistas fumadores de paragua, viejos esotéricos carentes de madurez para morir, familias tipo salidas de una publicidad de Peugeot, y adolescentes post Maxim. Por suerte todos los cerros en Córdoba son iguales (como sucede con la pánica llanura interminable), y existen freaks con ganas de ver OVNIS. Vos te contagiás y flashás con el cielo, porque la esperanza es contagiosa. Las mirás. Luces de materia muerta a un millón de años luz. Espíritus de las estrellas. Tronos. Ángeles que portan el don de la perseverancia. Gary pasó por todas las etapas que un hombre debe superar para llegar a ser reconocido como figura artística. Es un ángel, un constructor del orden universal, esa es la definición de artista popular.

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La historia de Gary no tiene mito de creación o un camino del héroe anacrónico y despiadado. Empezó a cantar a los 17, o un poco antes, quién sabe, la vigilancia de Wikipedia no era un beneficio para periodistas de efemérides en 1979. Se llamaba Edgar Efraín Fuentes en esa época. Cantaba folklore, por respeto a sus ancestros y porque era lo que tenía. Respecto a su debut profesional, las biografías son un poco confusas y van desde un  entusiasta grupo juvenil llamado Los Felinos (una clara referencia a la raza proveniente de Avyon que rancha en la ciudad intraterrena de Erks) a un dueto amiguero y buena onda de nombre desconocido, para finalizar en la vinculación verificable con el mítico Heraldo Bosio y la persistente Trulalá.

Trulalá fue un periodo de aprendizaje para Gary. Posibilitó una aprehensión de lo popular similar a la que cree tener cualquier boludo con internet en la actualidad. Incorporó conocimientos corporativos en clave tribal, relativos al negocio y a la administración de grupos.

Gary cantaba baladas. A pesar del cordobesismo fundamentalista de un grupo cuartetero, la testiculina de macho y esas cosas, se daba mejor con las baladas, con los lentos.

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Altoke de hacerse solista (1990) tiene un accidente automovilístico. Se sube a los escenarios en silla de ruedas. También en muletas. La sinergia discográfica tropical durmió en adjudicarle milagros mediocres, no obstante, una dimensión mística de superación new age estuvo presente a lo largo de su obra. Gary supo hablar con el lenguaje de la emoción, con un código que llegaba directamente al corazón, transmitiendo energía positiva.

Gary era un ninja de la interpretación, por teatralidad y efectividad. Basta escuchar “Dalila” y asustarse un poco, o “Luz de luna” y “no poder soportar el mundo si no estás”.

Sus primeros discos, Así lo siento y El alma que canta, tuvieron  a lo bailable en la vanguardia. Era lo que tenía. Pero Gary cantaba baladas, por eso llegó Ángel en 1991. El estrellato, los premios, los discos de oro, los shows multitudinarios, la devoción: “y me miras con tus ojos llenos de un amor eterno”.

Murió diez años después. Muerte súbita. Gary fue cremado, no lo enterraron vivo como señala una caprichosa creepypasta.

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Gary trascendió tanto fuera de Córdoba, que hoy existe un portal que le rinde homenaje con toda su discografía y videos inéditos con presentaciones del artista por ejemplo en shows de Audiovisión.

No sé que es “Audivisión”, espero que no sea literal. Quiero que sea el programa de cable del tío de alguien. Intenté ingresar a mundogary.com, pero el sitio no existe. Seguro colgaron con el pago del host. Puede pasar. La práctica del  homenaje como fantasma laico de la divinidad es muy exigente. A veces nos convertimos en Shiva, el destructor de mundos. 1998. Battle-Born State, Nevada. El juego, el turismo, las pruebas nucleares. En esa ciudad Gary recibe el Golden Award por parte de la Asociación de Cronistas del Espectáculo. Se convertía en el mejor cantante latino. La consagración de Gary, allí donde nadie sabe, nunca fuiste, y por ende no existe. En eso consiste la eternidad. Fabián Schultz no tiene perfil en Wikipedia.

Sebastián Caraballo 

BURRA