Las Guerras de los Colores

La Guerra de los Colores

El día del milenio se acerca y es ahí cuando llega La Guerra de los Colores, de Red y Green. Comienza con una arenga y el mambo satánico que sacude las mechas de los bailanteros. Ritmo en la piel, despecho a camisa abierta con el vello al viento. “Dale dale Red / Red, Red, Red, Red”. Hay hinchada. Javito canta “yo de ti me enamoré”, y suena tan creíble como querible. Red mete su primer pase, con un lirismo propio de aquel que quiere lucirse en la cancha. Palmas, cantitos y polleras cortas. Sigue la movida, la fiesta, la jarana, la joda loca. Aterriza Green, cuidado con Chelo. El mayor de los hermanos Torres, posee una voz menos armoniosa que su compinche Javito, hay que decirlo. “Siempre que suena Green, la gente se descontrola”, se jacta el cantante, y lo dice con el aval de haber pagado derecho de piso durante tanto tiempo. La voz de la experiencia, con una prestancia propia de los sabios. Le tira su madurez por la cabeza al hermano, pero suena menos fresco que los pibes de Red. “Siempre te la pasas estudiando”: reproches. Parate. El carnaval de la “Onda verde” se pone en rojo. Al tercer tema, Red pega con un hit inapelable. Para bailar y chapar contra la pared con tu chica, chico, o marciano símil a Vanesa Show. Amor de pendejitos, maestro. La letra dicta: “Tú y yo somos dos adolescentes”. Javito delata su edad, un muchacho joven que no quiere pertenecer a la etapa de la adultez. La pachanga no termina, al contrario, la fórmula colorada suena renovadora. Finales de los ’90. Es el Carlos que levanta su mano derecha para despedirse, mientras su zurda abraza a un gato; llevándose lo mejor del amor en la “década enfiestada”.

A Chelo le cuesta arrancar, sin ofender. Está más anquilosado, como aplastado por los efectos electrónicos de la nueva era. Eso sí, el oficio que porta sobre su pecho, es innegable y produce admiración. Además, “Quiero amarte”, es su propio golazo del disco. En la misma vereda, y con el sello de (todos de pie) El Maestro Antonio Ríos. Más luego, en una canción que lleva a pasear a dos tortolitos encantados, Javito sigue sin resignar ese registro vocal de púber que lo caracteriza. Las groupies van a él, con una ayudita de sus compañeros músicos que le hacen la segunda. Al fin y al cabo, es el amor lo que va a revolucionar el mundo.

Atención con el sexto track, porque Chelo tira todo su poder de intérprete para conquistar tu corazón y pintarlo de verde. Allí subyace la expresión del sufrido, del perro que va detrás de esa hembra que soñó ver cuando jugaba a la bolita con sus amigos. Y casi al final del partido entre Red y Green, antes de los remixes 1 y 2, Chelo agarra la pelota y decreta el tanteador a su favor. Detrás, aparecen teclados que suenan a una incipiente pizca de cumbia villera. Es menos exquisita que las canciones anteriores, pero la temática es siempre la misma, y eso es lo que nos lleva a abrir nuestros sentimientos encontrados. Pasito para acá, pasito por allá. Red, Green, Red, Green. Nuestros boy band por excelencia, forever. Chaco.

El epílogo: Remixes del futuro, con ciertos guiños a la fenecida Gilda. Son como bonus tracks, bises de aquel que no quiere bajarse del escenario porque lo reclama la popular. Cuuuumbia.

 

La Guerra de los Colores II

El día del milenio ya fue y no descendieron del cielo ángeles vengativos del barrio Las Antenas para apropiarse de tus capturas de pantalla.

DJ Peggyn y su scratch control, 25 temas para cubrir el trayecto del 51. Esto no es solo una invitación a una guerra musical y cósmica, es también una reinterpretación del consenso de Washington, una solución al problema del poder político, una superación de la paz mundial, prescindiendo de asiáticos y africanos testimoniales: La Guerra de los Colores II es la unión de cuatro potencias; Green representa a la creación, Red a la energía, Blue a la expansión y Contagio al movimiento. “Los colores no son enemigos, sino aliados y esta es la última batalla ¿el enemigo? la hipocresía, la discriminación, la mentira y la careteada”, tira Chelo Torres en Der Spiegel. “En esta guerra no hay armas ni rencor ni violencia, pero si rebeldía  contra la injusticia”, agrega Javito mientras dispara un rifle de francotirador desde un tanque hacia Sarajevo. En la tapa del disco, Carlos, Chelo, Emiliano y Javito, lucen “auténticos Versace de 2800$” según Vogue y esto significa que estamos en presencia de una obra de arte ungida en el humo mismo de la pseudoconfrontación y la proyección de intenciones, vanguardia total que se adelanta a la manía actual de tirar estado y vender talleres literarios para solos y solas. La obra es el mensaje y este recado solo tiene cumbia.

Arranca con algo corte tocata y fuga en re menor de Bach y la voz de Magneto que nos anuncia la guerra total. La oscuridad se quiebra cuando se anuncian los contendientes, Chelo ya está listo para emprender su táctica kamikaze y emprender la carga desde un barranco al grito de “A GOZAAAAARRR”. Aparece el primer track: “Arco iris megamix 1”, compuesto por 15 temas clasificados de la letra A a la O – incluyendo la letra Ñ-, 7 minutos de un remix berreta que suena  más a fin de fiesta, quema de urnas y disolución del parlamento que a comienzo de álbum encorsetado para un mercado festivo y pasatista; en algún sentido recuerda a esa intención de Thom Yorke de comenzar In Rainbows con la suicida “Videotape”, pero eso solo fue un alarde para la gilada indie, Chelo construye y se anima, es la creación, es el creador, es un Dios de las tormentas. “Tú no cambiarás” y la energía toma la posta con “Déjame amarte”, “No sé por qué” responde el mayor de los Torres, Javito decide reclamar piedad con “No quieras condenarme”. Llega Contagio, el paciente cero, con su mix de “Ahora eres tú”, “Buena versión especial para el coche”, comenta 100% Cumbia Movil en youtube; se nota ese vaivén, esa polución nocturna, con el pop escandinavo de principios de los ochenta. Y ahora tu color es Blue, “Solo quiero amar”, la expansión vista desde la evangelización del amor hasta el “Arco iris megamix 2”, la bomba destructiva definitiva, la imposibilidad de cualquier proyecto humano narrado a través de la fiesta sin sentido, con esas letras envolventes acomodadas a la gesta sexual de una juventud eterna y desolada, una obra de arte presa de ningún contexto, música que no sonará en una sonda china rumbo a Europa. Se trata de la banda de sonido del fin del mundo.

El fantasma de Federico Durán – Sebastián Caraballo

 

 

BURRA