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Los Chicos de la Vía

Si hoy no estás, 
tal vez me vuelva a conectar igual. 
Estoy seguro que más tarde entrás, 
y que nos vamos a encontrar.
Tal vez, no sé,
tu estado ausente es por mí esta vez.
Preferiría no poder saber,
la paranoia me hace mal.

Ahora, “Mandame un e-mail”. (2005)

 

El otro día estaba viendo el segundo capítulo del reality de Chano Carpentier, el artista más bullyneado de esta época porque mejor que hacer es decir. Wee, re Joe Stefanolo. Cuestión que el cantante de Tan Biónica, perdido cual Osama Bin Laden en la Fundación PUPI, quería crear una canción nueva inspirándose en la gente de a pie. Para ello, el tipo se subía a un colectivo para buscar una frase, una musa, un momento epifánico que le permitiera arrancar con la composición del tema. (Iba a escribir “poner primera”, pero quedaba muy zócalo de Crónica TV).

No sé cómo terminó toda esta historia, pero flasheo que Chano se cruzó a Mick Jagger en Barracas, y que éste lo invitó a participar del video de “Let’s work”.

Continuando con lo antropológico, e ingresando al innecesario mundo de la autorreferencialidad, a veces me pregunto qué problemáticas transitan los adolescentes de hoy. Importante: juro que no soy Silvina Chediek.

Sin embargo, al escuchar conversaciones sueltas de estudiantes secundarios en calles suburbanas, encuentro algunas respuestas que no logran alterar mis suposiciones establecidas. Esto es: viaje de egresados, aprobar una materia dictada por una vieja de mierda, el chico o chica que te gusta está con otro u otra, ‘cuando llegue a casa te wasapeo la foto de X en pelotas’, y la nostalgia anticipada del adiós escolar que a futuro no será más que abandonar el penal de Sierra Chica.

Y los jóvenes de ayer, ¿qué ondis? ¿Ya sabían que entregarse a la sociedad de consumo era más fácil que cambiar el mundo? He aquí tan solo una parcela, pero significativa, de la Generación Messenger (2005/2007): Los Chicos de la Vía. 

Conocidos popularmente como los Backstreet Boys o ‘N Sync criollos, este grupo Sub-17 se generó como un hecho evolutivo de lo que antes se conocía como La Vía Loca. El productor Claudio Blanco, con ganas de darle una vuelta de rosca a una mercancía que no terminaba de explotar, se encargó del casting para formar el nuevo conjunto. De este modo, surgieron ellos: Coco, Brian, Nego, Gaby y Fer. Los únicos e irrepetibles, los pop stars de la movida tropical.

Los Chicos de la Vía hicieron su debut en el 2005, con sucesivas apariciones en Pasión de Sábado, y el pueblo los amó para siempre. Canciones pegadizas, letras ATP, coreografías copadas, rostros bonitos, y demasiada juventud. Combo perfecto para conquistar el mundo.

Por la vía rápida

Por la vía rápida, primer disco de la banda. El mismo abre con “Te llevas todo”, una cumbita que combina cadencia santafesina y tropicalismo made in Ráfaga. Sí, así como suena. De otro modo no se puede explicar esa extraña fusión entre acordeones e instrumentos de viento como el trombón; logrando así una marca registrada que resulta una constante a lo largo del álbum.

Allí, las canciones pueden recorrer historias de corazones abandonados (“Tiempo para tí”, “Me equivoqué”, “Vivo triste”, “Pensar en tí”), o simplemente incitar a pachanguearla toda la noche (“Pasito tun tun”). En el medio, claro, vale destacar especialidades de la casa como el tono intimista de “Ese soy yo”, la ranchera mexicana en “Te demostraré”, el fogoso ritmo explícito de “No voy a dejarte”, y el volantazo reguetonero y cumbiavilleril en “Sonido trombón”.

“Qué recuerdo, loco. Otra vida, otro bailar, otras miradas, otros decir. En sí, OTRA VIDA”, sentencia un tal Migiel Mprlivo en el full álbum de Por la vía rápida subido a Youtube. Representa uno de los tantos testimonios emotivos que van dejando los que fueron pendejos hace 10 años; nombres anónimos que en tres líneas se convierten en narradores implacables de su generación.

Entre tú y yo

En el 2006, Los Chicos de la Vía fueron por más de la mano de su segundo álbum, Entre tú y yo. En dicha placa, el grupo liderado por Coco Flores profundiza sus influencias de fines de los ’90, firmando nuevos clásicos que se suman al repertorio de la banda. La fórmula es: música vieja que suena a próceres de la movida, pero hecha por jóvenes. Algo así como los Strokes o Arctic Monkeys de la cumbia.

Ejemplo: “Quizás sí, quizás no”, el tema que inicia el disco. Todo muy Tambó Tambó, interpretación por parte de Coquito que se asemeja a Leo Mattioli. Más: “Él soy yo”, “Estar tan solo”, “El pio pio”, “Dulce niña”, “Lávate la cara”. Una fila de canciones festivas, impolutas, las cuales ni siquiera rozan las palabras más soeces que supieron utilizar los grupos emergentes de aquel entonces.

El lado B de Entre tú y yo tiene guardado un sentido melodramático que va recorriendo las líricas de “Se fue el amor”, “Puedo morir”, “No me perdonarás”, “Si me amaras”, y “Corre y dile”. Desamores, cuernos, y otros cuentos.

La excepción de este segmento es “Tú mi fan”, una linda rola que nos entrega un color distinto entre tanto enredo sentimental.

2007. Tras cuatro años de exitoso mandato santacruceño, sólo resta dilucidar si la banda presidencial será para Él o para Ella. Los Chicos de la Vía, por su parte, editan Capítulo III. Gaby ya se fue de la banda, y los niños mimados de la cumbia pasan a ser un cuarteto. Al año siguiente, Coco abandonará el grupo. Volverá tiempo después, sí, pero la Generación Messenger ya no estará para recibirlo. Con la manito bien arriba las wachas y los wachos de Snapchat.

Federico Durán

BURRA