//Más allá de las estrellas / Jambao

Más allá de las estrellas / Jambao

Néstor Ameri Junior regresa después de cinco años. No para dialogar con el aficionado oportunista de la nueva entrega de Star Wars, ni por acción y efecto del asteroide bautizado “David Bowie”: Jambao vuelve para sonar en cada estéreo de cada remis de cada región metropolitana de cada nación latinoamericana.

Más allá de las estrellas

 

En 12 tracks viene a acompañar, a abrirle los ojos al cascoteado porque, así como La Muerte (inserte definición del Tarot de Marsella), los divorcios también son una versión de los nacimientos. Principalmente cuando el divorcio es unilateral.

El disco arranca haciendo honor a la esencia de la banda: la cumbia sonidera mexicana ¿Casualidad? El Chavo Sonidero es un cover de los mexicanos de Grupo Karos que hacen rancho con el fin de aprender “buenos pasos para la cumbia disfrutar”. Teclado constante, noventoso y conurbano. Sincretismo, relativización y voilá.

La Nube en que ando. Sin alusión aparente a la cultura cannábica ni a la World Wide Web, con las palabras de Jerónimo Sada, Néstor nos convence de disfrutar del amor presente por la que (asumimos) es una buena piba. “La vida es muy corta para no quererte”. Me conmovió.

Hasta acá la génesis y hasta acá la esperanza porque entramos en el abordaje de la idea principal.

Historia de un minuto. Ella le dio motivos para cantarle al amor hasta que lo cansó por pecho frío. “Esta noche no, no quiero ni mirarla otra vez”. Contundente, hombre de Aries.

Tu recuerdo divino aparenta ser el hit melancólico y popero con el que amenazaba Aleks Sintek, pero no. Néstor hizo la suya, convirtiéndolo con acordeón, timbales y circunstancia en una cumbia deliciosa.

El estribillo llena de esperanzas (o inocencia) a cualquier sufriente porque después del cachetazo, el bebu se queda con lo bueno. Pausa dramática, retoma para que cantemos abriendo los brazos, concertando los cuatro minutos.

Más allá de las estrellas, cantarle a ese amor que nos vuelve altruistas pero que nos deja durmiendo solos en la primera parada de manos. Es la canción que habría cantado a los gritos con mis compañeritas de séptimo A, tocándome el corazón.

Me sobrabas tú. No, no es un tema de Nene Malo ni del Retutu; el aletazo azteca nos rescata de toda confusión con un cover de Los Recoditos (sí, los bebus que tocaron para Pablo Escobar). El mensaje es contundente e hipodérmico porque I will survive es sólo para las chetas:

“Por darte gusto, como un tonto, me humillaba y tú de terca con que algo me faltaba.Y descubrí con tu actitud que, al fin de cuentas, a mi nada me faltaba: más bien, me sobrabas tú.”

Para vos, bobi. Andá yendo.

Dime. El karma existe porque existe la venganza, el resto es tocuen (“Tocuen es cuento”).

“Verdad que no se siente de igual forma cuando eres perdedor, verdad que se te quitan ya las ganas de creer en el amor. Así yo me sentí cuando tú clavaste el puñal de tu infame y cruel traición que ahora te tocó vivir.”

Touché.

Estás en el recuerdo. Otra vez el recurso de quedarse con lo bueno hasta que no. Como lo que se olvida se muere, los minutos fueron suficientes para la tregua hasta que engancha con un femicidio. “Malas mujeres no tienen corazón, mátala, mátala, mátala”.

Sabemos que habla desde el dolor, cálmense.

Tú y yo. Ya dije que era hombre de Aries, ergo insaciable. “Eres un pulpo en la cama del cual no puedo escapar”, frase delicadamente acompañada por el ritmo que sólo puede interpretarse pelvis contra pelvis.

Tú no vales la pena. De hecho, así empieza. Ella tiene todo maldito y él le adora todo porque corneta. Ídem, le miente y él le cree todo, pero lo importante no es nada de eso. Léase:

“Todo mi amor ya se fue a la basura con tu alma podrida. Tú no vales la pena, tú ya estabas perdida, mientras yo te esperaba, tú te revolcabas en la porquería.”

De ahí, la manda al chori. Potente.

Y te olvidas. No pudimos definir si la hizo Néstor papi o Néstor Junior. Cadencia y lágrimas en el epitafio a la que OBVIO no vuelve porque el divorcio es clarísimo. Con el nuevo Código Civil, la conciliación es para los bobos. No mereces todo lo que tengo para darte. Y olvidar esta historia entre tú y yo será mejor”.

Blanco y negro. La última se da al revés. Como bien lo dice el título, la piba es maradoniana: Le aplica la Ley del Hielo por abombado. Para consolarse, él teoriza con matices, pero no hay chance.

“Nuestro amor no es blanco y negro: Tiene millones de colores, como los pétalos de flores que hoy no se han abierto porque ahora viven prisioneros de tu orgullo y de mi miedo”. Pero no, bebé. Es presencia o ausencia, abierto o cerrado porque “gris no voy a ser en mi vida”.

Florencia García Alegre

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