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No Lo Compren / El Dipy

El_Dipy-No_Lo_Compren-Frontal

En las entrañas de la máquina, los engranes sangran aceite y lo que cruje es un híbrido sin ser: ¿reggaetón o cumbia? Ninguno. En base a ese ritmo vacuo se amasan las fortunas de hombres velludos que apenas conocen el sol y sueñan junto  a mujeres sin nombre.

Antes de que esa radiación volviera muerte las aguas que el trópico alumbró y los géneros puros se vieran obligados a una diáspora aún en curso, hubo un disco que entendió su época y la plasmó en los cinco elementos: güiro, teclado, guitarra, bajo, batería.

Con No lo Compren, David Adrián Martínez termina de definir un sabor ensayado durante sus trabajos anteriores en solitario o en grupo, una música pensada para sonar hasta que de los árboles florezcan pro tools y lo artesanal sea sepultado en el pozo profundo del olvido.

Tal objetivo se cumple con creces gracias a dos hits obligados de cualquier pista nacional: “Soy Soltero” y “Dale Zorrita”, piezas que deberían ser mandadas al espacio en lugar de alguna versión kelper de Yesterday, tocada por un nostálgico cualunque.

A la fiesta popular nos conducen bases cumbieras a las que es inútil oponer resistencia, punteos de teclados en un timbre patentado por la banda y la emblemática voz de un frontman capaz de desatar el Eros de las masas hacia un frenesí sin retorno: quien cruce esta puerta deje atrás toda amargura.

De esta manera se encienden las celebraciones y explotan los bailes del país cuando David Adrián Martínez sube al escenario y muere delante de su público para dar vida a El Dipy, golem de La Tablada, monstruo de las tablas que hace una década trajina selva y desierto, pampa y estepa.

Su ritmo dirige la travesía nacida en el Conurbano hacia todos los puntos cardinales y hasta que se apague la sed habrá música como mantra lunar: cumbia para bailar hasta que salga el sol. Será en las bailantas masivas o en selectos clubes sociales pero será; lo trascendental no conoce de barreras del hombre.

No lo Compren se ocupa de recuperar el género e inmortalizarlo frente al avance insidioso del remix y de los argentinos que quieren ser panameños que quieren ser yankees. Once canciones que proclaman: “aquí está lo que algún día fue y ya no es”. Hasta que las velas sean arriadas hacia otros vientos y baje nuevamente el rumor andino para mezclarse con la urbe criolla, existirá un álbum al que siempre se podrá volver para danzar como lo hicieron quienes supieron cristalizar la esencia de un continente, el vivir de un pueblo.

BURRA