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Patria Grande / Cómo te voy a olvidar, Los Ángeles Azules

Los_Angeles_Azules-Como_Te_Voy_A_Olvidar-Frontal

Los más ilustrados dirán que alcanzaron el éxito por regla de tres simple:

  1. Videos de bajo presupuesto con:
    A. Coreografía tan simple como sincronizada;
    B. Vestuario que oscila entre Thalía y nuestras boy bands bonaerenses;
    C. Empleadas domésticas o millonarios melancólicos como protagonistas (inserte denuncia por discriminación sexista y/o clasista).
  2. Un cóctel de odas cumbieras: “Cómo te voy a olvidar”, “Mi niña mujer”, “20 Rosas”, “El listón de tu pelo”, etc, etc, etc que pegaron como (inserte nombre de droga) a quien recién se despierta para ir a laburar al Puerto.
  3. Un contexto socio político que habilitaba que cualquiera se rebelase en contra de cualquier cosa porque se podía.

(Leader Music vende a lo largo y a lo ancho de la R.A más de 100 mil copias, convirtiéndolo en disco de oro)

No. Lamento informarle al puaner y/o académico de la EMPA que los ángeles triunfaron por mucho más que eso.

Para escandalizar a cualquier psicoanalizado, acá hubo un papá que laburó horas extra de colectivero y una mamá que lavó ropa ajena para comprarle buenos instrumentos al guacherío. Sin formación musical, con el cráneo de Jorge Mejía Avante como jefe de gabinete, Los Ángeles Azules más que una banda diez integrantes o que el subgénero “grupero”, son un estilo musical detectable por cualquier recién llegado, que no deja de parir corazones. Son la mezcla que, en justa medida, combina cumbia –obvio-, bolero, ranchera, vallenato, rocksteady, música mexicana norteña y de la costa del Pacífico delicadamente expresada por la dotación total del grupo similar (y con Justicia) a la dotación de banda de rock progresivo: batería, bajo y guitarra eléctrica a los que se le suman teclados (piano, órgano y sintetizadores después), acordeón, vientos y percusiones de lo más cosmopolitas tocadas por bellas mujeres.

Lo importante (si los primeros treinta segundos no te dan ganas de sacarte la ropa es porque naciste muerto, papi). “Cómo te voy a olvidar” abre el disco. Todos llegamos a Los Ángeles Azules a través del dolor, a través de este tema. Ya con la introducción sabés en dónde te estás metiendo. Es la canción que habla del que se fue y que bien sabés que no va a volver, pero que aun así pretendés que sus ojos te vuelvan a mirar así como volver a besar.

“Si todo me recuerda a ti y en todas partes estás tú… Ven conmigo”.

Me derretí.

Hasta ahí el mal viaje. Viene “Mi Cantar”, calculada con justicia para que el track anterior no te deje por el piso. Arenga para que te acompañen a “bailar una buena cumbia y así conocer a una linda mulata”. Todo bien con la nostalgia, pero la gira te rescata de cualquier pena con cuatro minutos para bailar contra el abdomen del que se preste.

De ahí, un impass porque hay un tropi que la está pasando mal y está bien compadecerse un poco. “Creí en Ti”,  grave. Proyecto de matrimonio que fracasa porque la piba desaparece. “Sabía que estabas muy lejos, no tenía tu dirección”. Un lloraconcha de manual que no terminamos de entender porque un acordeón impecable no colabora en la negociación con la melancolía.

“Un Tecito” (no se trata de un miorrelajante). Es otro claro ejemplo del choreo de la secta afrobeat. En menos de tres minutos, conocemos a un pibe que re pasado le pide a la amiga que, de gamba, le prepare una mezcla para “embrujar a la negra Josefina”. Amarre definitivo. Impecable. 

“A la Cumbiamba”. A la cumbia se la llama por nombre, apellido y se le compone un tema, delicia. Sabor que retoma y termina de explotar lo lisérgico del track anterior. ¿Tenías ganas de flashar? Sumate a esta, papu.

“Mi Niña Mujer”

(Ojo, en el video oficial, las chicas están de pantalones. Paisaje natural, selvático. La protagonista es una versión de Isabel Sarli y Santa Gilda que podría interesarnos mucho para un análisis posterior)

No queda claro si le canta a la mamá, a la hija o a la compañerita de la primaria que era gorda y se transformó en un minón. Reminiscencia a “20 Rosas” que nos da el placer necesario para escucharlo de principio a fin.

“Amor de mis Amores”, para la vieja que lavó ropa ajena para que los pibes alcancen el disco de Diamante. Una relativización del hic et nunc perfecta para el que se deprime porque pintó porque la mami no lo apoyó cuando quiso hacerse otaku.

“Cumbia más Tropical”, el piano se luce demostrando cómo Fito Páez siempre fue un pelotudo. Transición, las trompetas recuerdan que el sólo el calor inspira esto. “Pínchame, que pínchame,  que pínchame pulguita al ritmo tropical de esta cumbia más bonita”, el loop tan pegadizo como mexicano y brillante.

Nos alejamos del agite para retomar al melancólico que desea y se frustra, que flashea y se arrepiente. “Perdón”, los vientos colaboran en que el bobi “malacopa” no le cague la noche a nadie (los Ángeles negocian el dolor por si no se dieron cuenta). “Cuando él se enamore, dile por piedad que sea fiel a su amor”, aconseja, Lancelot, a las próximos finados aunque sepamos que no se la va a bancar y mamado le va a hacer bondi a la chica.

Otro lloraconcha al que dejamos en banda para flashar demencia con “Los Ángeles locos”. No hay letra: está tan bien medido que, si termina y vuelve a empezar, no sólo no lo notás sino que te salva la noche. Imaginá y transpirá, bebé.

Florencia García Alegre

BURRA