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Patria Grande / La Pollera Colorá: Marxismo y Espíritu de la Historia

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La violencia es la partera de la Historia, escribía un Carlos Marx aún no tan barbudo, pero si muy enojado en una sala silenciosa de la biblioteca del Museo Británico. Cien años después, la historia le iba a dar la razón. Pero no en un sentido dialéctico: mientras la alternativa al sistema de producción capitalista empezaba lentamente a fantasmear, otra Violencia iba a dar a luz otra historia. Más concretamente, La Violencia colombiana, el período histórico (1946 – 1963) en el que la población rural de Colombia, forzada por la guerra civil, pasó a ser mano de obra industrial. Pero no todos terminaban como esclavos: al establecerse en la ciudad, fueron varios los músicos colombianos que tuvieron la oportunidad de incorporarse a orquestas y de grabar sus canciones. Juan Bautista Madera Castro fue uno de ellos. De peón rural pasó a ser clarinetista del maestro Pedro Salcero, que dirigía una de las orquestas sound system más importantes de toda Colombia. Fue durante su paso en esa orquesta cuando compuso La Pollera Colorá, que se iba a convertir en algo así como la partera de la Historia de la cumbia.

Acá vemos al clarinetista Juan Bautista Madera Castro, interpretando su magnus opus junto con la orquesta de Lucho Bermúdez. Cuenta la leyenda que la noche en que Napoleón entra en Jena, victorioso, a punto de vencer definitivamente a la familia real prusiana, Hegel le escribe a su amigo Niethammer: “He visto el Espíritu de la Historia pasar en caballo bajo mi ventana”. Quizás los trabajadores de Radio Nacional TV de Colombia hayan experimentado la misma sensación de totalidad cuando vieron como La Pollera Colorá se transmitía por primera vez por televisión cambiando para siempre la historia del mundo.

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Entre el ‘89 y el ‘91, debido a presiones internacionales, pero sobre todo a la inoperancia de los altos mandos soviéticos, sobre todo Gorbachov, se desploma lo que por casi un siglo había sido la alternativa al sistema de producción capitalista. El Muro de Berlín, la analogía perfecta de la división entre los dos sistemas económico políticos, cae, y el capitalismo extiende su hegemonía, quizás definitivamente, a todo el planeta Tierra. Unos pocos meses después de su desaparición, el 5 de diciembre de 1991, se estrena “Burns Verkaufen def Kraftwerk”, el episodio 46 de la tercera temporada de Los Simpson, en el cual el Señor Burns vende la planta nuclear a empresarios alemanes. En un momento, le propone a Smithers “mezclarse con los obreros”. Adentro de la taberna Bart canta. En la versión en inglés, Bart canta una cosa intrascendente. Pero con el doblaje aparece la magia: en la versión latina, Bart canta La Pollera Colorá. En el capítulo, los obreros de la taberna le hacen algo que hoy se llama escrache al señor Burns. Despechado, decide volver a comprar la planta nuclear y recontratar a los obreros, sólo para perpetuar su poder sobre ellos. Es una parábola perfecta de la dialéctica del amo y del esclavo, del sistema de lucha de clases que planteó Marx. Se me ocurren varias preguntas: ¿Sabían los dobladores la inmensa carga simbólica que tenía el trabajo que estaban haciendo? ¿Convertir a uno de los productos más representativos del sistema de cultura industrial en un mensaje subversivo, una descripción crítica del sistema que acababa de instaurarse como Amo del mundo? ¿Y si es así, quizás lo plantearon al revés, como un mensaje pesimista, en el sentido de que el obrero sólo puede lograr victorias parciales, minúsculas, y nunca un cambio estructural en el sistema opresor capitalista? ¿O tal vez quisieron mostrar que la dictadura del proletariado va a ser lograda por las generaciones jóvenes que canta y baila consignas subversivas mientras su padre, obrero fracasado, yace medio borracho con la cabeza apoyada en la barra? Nunca sabremos la respuesta.

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Hoy en día, a medio siglo de su composición original, pleno capitalismo de flujo financiero, La Pollera Colorá es un espectro, metáfora perfecta de la homogeneización y la mercantilización de la cultura. Este año se utilizó como banda sonora de la publicidad turística de Colombia, reproduciendo todos los clichés de lo que se entiende por caribeño. Sin embargo, hubo una última reapropiación que valió la pena. El cuarto disco de Los Charros, Imbatible, el último antes de la primera partida de Daniel Cardozo, tiene un cover de La Pollera… como primer track, una versión en la que se mantiene el aura tropical de la canción original, y además se le agrega esa cadencia particular que aparece desde el mismo nombre de la banda: Charros, esa africada postalveolar sorda que repica como un cencerro en el paladar; los primeros acordes potentes de una cumbia fonética y bucal que los convirtió primero en una commodity cumbiera con proyección internacional, y luego les permitió vivir del autohomenaje por los siglos de los siglos.

¿Es el cover de Los Charros la última manifestación del alcance revolucionario de La Pollera Colorá, antes de ser absorbido por un sistema que anula el valor subversivo de cualquier expresión artística?

Yo diría que sí.

Juan Ignacio Sapia

BURRA