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Revolución / La Liga

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La mañana del 9 de abril de 1865, cuando el general Robert Edward Lee llegaba a Appomattox para rendir al ejército Confederado frente a las fuerzas de la Unión, el orondo militar sureño no se imaginaba que esa decisión, bisagra para la derrota militar de los anquilosados estados de la Norteamérica profunda, sería el primer paso dentro de una serie de hechos que, en su concatenación geopolítica y económica, derivarían en la guerra de la Triple Alianza, la sangría brutal de la nación Paraguaya y la consolidación del ideario mitrista de la Argentina. No, no podía saberlo. No tenía cómo.

Tampoco podía intuir que en esa misma fecha, pero  47 años, hacia ese animal mitológico jamás domesticado por ser humano alguno denominado  futuro, se crearía el partido de Esteban Echeverría; ni que en ese condado extranjero caería, más de 150 años después de su renuncia a las armas, un ovni que la NASA, la CIA y la DEA –en connivencia con el temible y tuberculoso equipo de prensa de la municipalidad echeverriana- intentarían disimular con el argumento de que se trataba de un “meteorito”. Pero esa es otra historia de la que este grupo editorial se ocupará cuando salga del Veraz. Así como Lee nunca podría haber imaginado las consecuencias que depararía el ocaso de sus días como militar, otro habitante de una cultura opresora y cerrada –Robert Nesta Marley- no pudo vislumbrar la dimensión del delta que su sonido iría abriendo a lo largo de los años.
Las aguas que  Bob Marley and the Wailers supieron navegar quizás como ningún otro representante del sonido reggae llegaron a las orillas de Laferrere, hogar de La Liga, grupo insignia del Oeste bonaerense conducido por uno de los últimos frontman que la movida supo conseguir: Roberto Omar Alí, Tito.

Las aguas de Jah se demoraron en erosionar a una banda cuyos primeros discos se titularon “La era del vago” y “Peor es trabajar”, quizás se trató de un arduo  trabajo de socavación, un delicado proceso de hibridación acentuado por la popularidad que el reggae –en versiones más  y menos dignas- comenzó a tomar en los barrios de un tiempo a esta parte. Quizás un directivo de Magenta flashó viendo la que se llevaba Dread Mar I cantándole a tu prima, agarró el teléfono, le pegó un levante al Tito, lo rodeó de músicos versátiles y lo metió a grabar “Revolución”, un disco en el que la Liga cambia de trópico de una manera tan natural como acertada, una obra que arriesga y gana; así como Vicentico cayó en la cuenta de que lo suyo era hacer canciones para el sindicato de empleados de comercio –en especial esos lugares de ropa que se llaman “pienso en ti” y símiles-. Alguien – no importa quién: alguien- se iluminó y le cambió los compases a la banda. Y lo hizo bien.

Porque hay reggae, pero también hay vientos que remiten a un sonido más azteca, un narcocorrido que no habla de drogas sino de amor, porque en el disco prácticamente todo es amor, porque suena como si los pibes pegaron un laburo en blanco y dejaron la villa para vivir con cable pagado, porque hay algo que suena como calle 13 pero sin ese compromiso político que vence como fiambre de supermercado, porque a un genio se le ocurrió hacer un cover de un cover de Onda Vaga sin ese sonido a obra social cara, porque Tito demuestra una variedad de registros vocales inesperada,  porque el trabajo de guitarras es delicado, porque, como dijo el  Coco Basile sobre Ortega en el 94, “Revolución va a ser grande porque tiene una inconsciencia divina” porque cuando provocás reacciones como la de Alan Alivera en You Tube, lo demás es gilada. Tito mejustas tus cancione y a miprimo por fabor en marzo el 29 al cumpleaño de miprimo a cantar todas tus canciones sibeni a medanos a esta direscion pochelu 774”. 

Juan Relmucao

BURRA