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“Sueño cumplido”, La Banda De Lechuga

“No permitas que las mentes pequeñas te convenzan de que tus sueños son demasiado grandes”.

Anónimo.

Santiago “Lechuga” Torres tenía 14 años cuando debió decidir entre la música o su familia. Por más cruel que suene, sus padres no creían que el pequeño pudiera llegar lejos con su vocación. De este modo, acorralado por una encrucijada que lo ubicaba entre los afectos y su sueño, Lechuga optó por empezar su camino.

Con su bici playera amarilla, tras su trascendental elección, Santiago Torres fue parando por distintas casas. Se alejó lentamente de aquella infancia que lo vio jugar con los broches de su madre, de las peleas con su hermana porque él quería escuchar cumbia y ella música electrónica, y de los atardeceres melancólicos en su José C. Paz natal.

Según el propio protagonista de esta historia, vivió un año en cada localidad. A saber: San Martín, San Miguel, Maquinista Savio, López Camelo. En la casa de su amigo Balilo, por ejemplo, compuso lo que luego fue un éxito suyo llamado “Trampas”. Este lugar se convirtió en uno de los grandes refugios de su etapa nómade, ya que tanto su amigo como la madre de Balilo (Mabel), se encargaron de darle contención al joven Santiago. Es más, en aquel hogar humilde, ellos apostaban muchas fichas a las aspiraciones de artista del huésped de honor.

Cuando se fue a vivir solo, Lechuga padeció el hambre. Dato que no vas a encontrar en Wikipedia: al cuarto día de no alimentarse, sufrió alucinaciones. Rescató fideos de la alacena, y los comió crudos, uno por uno, mientras miraba el programa de Maru Botana. En dicho ciclo, ese día estaban cocinando pollo. Lechuga durmió la siesta y soñó que ese pollo que vio por la tele, lo había almorzado él. “El hambre es lo más feo que hay”, sentenció tiempo después en una nota.

Años sin ver a papá y mamá, fuera de casa en festividades varias. Todo cambió cuando conoció al Dami, un pibito que lo recibió con un cariño enorme junto a su familia. El que nunca tuvo en su propio rancho. “La Moni es como mi vieja”. Ella dice: “Se lo aceptó como era; sufrió, y la peleó mucho para llegar a donde está”. Lechuga tenía miedo de irse de ahí y volver a pasar hambre o sentirse huérfano de amor.

A mediados de 2006, luego de ser estafado por su manager, José Luis “Pepe” Gozalo lo apadrinó. Así, armó Agrupación Marilyn: una banda inspirada en el nombre de una nena asesinada en José C. Paz. De hecho, su triste deceso es narrado en el primer gran hit escrito por el propio Lechuga: “Su florcita”.

De la mano de Historias, con Juan Rivarola en voz, Agrupación Marilyn salió a la cancha y fue catapultado a la fama gracias a su debut en Pasión de Sábado. Cumbia testimonial para todos y todas, en el país de Convento Néstor Kirchner.

Cada una de las canciones firmadas por Lechuga, al estilo Omar Shané, dejaban tela para cortar. Temas comprometidos con la realidad, con lo cotidiano, con alegrías y tristezas que identifican a cualquier escucha. “Me enamoré”, “Te falta sufrir”, “Madre soltera”, y Nos dejó”, son algunas de las grandes rolas que integran la primera placa de Agrupación Marilyn.

En 2007, Testimonios y amores confirmó el gran momento del conjunto producido por Santiago Torres. Gemas como “Qué cobarde”, “El amor lo traicionó”, “Cómo duele”, o “En la mesa de un bar”, daban muestra de la prolífica capacidad compositiva de Lechuga. En un principio, Pepe Gozalo dudaba de su habilidad para escribir temas pegadizos en tan poco tiempo. Al verificar que su talento era cierto, agarró el teléfono y pidió una casa para él. Es más, el experimentado representante le había prometido a su nuevo pollo que cuando despegara Marilyn, llegaría su turno. Y así fue.

Sueño cumplido, el primer álbum de Lechuga y su banda. La banda de Lechuga. Nunca renuncies a tus sueños.

La_Banda_De_Lechuga-Sueno_Cumplido-Frontal
“15 días”. Un varón, voces lamentándose. El feto que habla. “No quiero un juguete, no quiero una cuna, lo único que quiero es el amor de mamá”. Impactante.

“Te vi”. Pianito bailanteril, se aproximan nuevas ondas por estos lares de amor. Es muy lindo este tema y la verdad que emociona. Aguante Lechuga, vieja.

“La placita”. Megahit, se va a hablar con la javie de ella para decirle que se enamoró de su wacha. Pasean en la plaza porque no tiene 5 pé para la Cindor. Ritmo adolescente, para fans revoleadoras de tangas con el dibujito de Pluto. Dulce.

“Mi chiquita”. Baladita emotiva, te parte el alma. Coros angelicales a tono con la situación de muerte joven e injusta. Historias reales que lamentablemente se repiten en los noticieros. #NiUnaMenos

“La fuerza del amor”. Sin solución de continuidad, pasa por un estado de enamoramiento que consiste en seguir agitando revoluciones sentimentales.

“El banco y un amor”. Reiterativo en el concepto, quizá. Igual, las historias son hermosas cuando las canta Lechu. Dami le hace la segunda como un campeón. La dejaron tirada a la pibita, embarazada. Niña que agradece a Lechu.

“Trampas”. Compuesta en la casa de su amigo Balilo. La canta el país, claro está.

“Se terminó”. El melodrama a flor de piel. Otra vez, la banda de lechuga. Punto final para una relación.

“Niña rica”. Canción de cuna, wachín. “Lo que se imaginaba lo que le iba a suceder…”. El manejo del suspenso por parte de Lechuga es letal. Secuestrada, sí.

“Cariño”. Ayayayayayayay. Pegadizo hasta la médula, la rompen hasta el final.

“Pa’ el baile”. Un poco de villerismo y reggaetón. Vagancia, sí señor.

“Lo dije yo”. Un poco de ska para amenizar tanto nudo en la garganta. ¿Lo tenías a Lechuga en su veta fiestera?

Federico Durán

BURRA