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Tremor, sentir indiano.

En las arenas bailan los remolinos y en Dinamarca se bailan Los Jaivas: Tremor o cómo llevar los ritmos autóctonos americanos a  las capitales de Europa.

Tremor

Hace quince años, en esos boliches donde por primera vez te miraste en los ojos frescos del deseo adolescente, vos y tus primos bailaban (y se referían a la música electrónica como) marcha. Para desmontar aquel umbral de berretismo jurásico y alcanzar este presente de productores, djs y músicos mixtos que desarrollaron sonoridades radicalmente diversas -pero con el común denominador de un criterio estético definido- no fue necesario tanto tiempo: sólo un par de lustros y las dinastías que reinaban sobre el baile de brazos enredados y collares flúo abdicaron a favor de pulsos cuyo linaje de influencias produjo un talento heredero de la tradición del pasado y fundador del trance digital de hoy.

Amén de sonidos esteños y descapotables blancos con equipos de audio grandes como parillas que funcionan como vectores de ese paradigma atascado aún en ciertas discos y programas de trasnoche de C5N, Argentina crece como exportador de mixturas entre el folklore y lo digital, y parte de esa conquista se debe al trabajo que ha realizado desde comienzos de milenio un grupo que va por el mundo como por tu cuerpo: Tremor.

El trío que recientemente lanzó los remixes de su último disco, Proa, hoy puede compartir grilla con The Strokes, Arctic Monkeys en un festival como Roskilde y tener sus discos editados en labels europeos y latinoamericanos, pero, en palabras del fundador del grupo- el multi-instrumentalista Leonardo Martinelli- “todo fluyó despacio a lo largo de los años, cuando empezó el proyecto, los sonidos que nos gustaban parecían incombinables”.

Era el final de los 90’s. Iván Noble era parangonado con John Cale  y en las playas de la cultura popular florecían los líquenes rolingas que la marea menemista supo arrastrar desde el fondo del Oceáno Hadad; que a unos pibes se les ocurriera mezclar a Los Jaivas con Kraftwerk y John Cage y además quisieran generar algo de reconocimiento en base a esa fusión era imposible. Tuvo que haber un cataclismo económico (o un lento pero constante recambio de generación y sensibilidad en el público) para que la música de Tremor, la orgía de dimensiones que nunca se cruzarían en un mundo donde Mario Ishii propone el servicio militar obligatorio para todos los fanáticos de Lucas Martí, pudiera afianzarse y crecer. “Las influencias son muchísimas: puedo citar heterogéneamente a los Jaivas, Domingo Cura, John Cage, Kraftwerk, Aphex twin, Tom Zé, Matmos, Waldo de los Ríos, Os Mutantes, Luzmila Carpio, NIN, y un larguísimo etcétera” le apunta Martinelli a BURRA. “En distintas oportunidades –indica- el eje era la música andina, la música concreta (hecha a partir del sonido producido por objetos) y la electrónica. Con los años eso fue teniendo distintos momentos, más electrónico, más progresivo, más acústico, y fuimos probando distintos prismas”.

TREMOR V

A medida que se sucedían las perspectivas sonoras, los discos y el reconocimiento local (Landing, 2005; Viajante 2008, Para Armar 2010), también germinaban los exponentes argentinos de algo que luego se conocería como cumbia digital, muchos de los cuales se nuclearían en el colectivo ZZK, uno de los sellos emblemas del género y en parte responsable de que el trío que hoy se completa con Camilo Carabajal y Gerardo Farez comience su prolífico derrotero por el exterior.

“Aunque yo había viajado a hacer unos shows en formato “solo Set” a Mexico en 2007 y en la primera gira que organizó el colectivo Zizek por USA en 2008 –recuerda Martinelli-  el primer show que nos habilitó la posibilidad de viajar a los tres fue en el año 2009, en el marco del festival Worldtronics en la Casa de las culturas del Mundo, en Berlín. En esa primera gira Europea también nos presentamos en el Global CPH en Copenhagen, en el Social Club Parisino e hicimos un featuring en el show de Fauna en Les Transmusicales de Rennes, en Madrid, Huesca, Munich y Estocolmo. A partir de ahí volvimos a Europa casi todos los años. También nos hemos presentado en USA, Canadá, Brasil y Colombia”.
“En cuanto a masividad –considera-, creo que el festival Roskilde en Dinamarca, con un line up encabezado por Artic Monkeys, The Strokes, M.I.A, King of Lion, Iron Maiden, The Battles, y muchos más. Otros festivales importantes en los que participamos, fueron el Fusion Festival (Alemania), el MusicMeeting (Holanda), C/O Pop, (Alemania) Transmusicales de Rennes (Francia) y, aunque no es un festival, haber sido seleccionados para el World Music Expo de 2010, en Berlín, nos abrió muchas puertas.”

Con un CV como el reseñado es fácil entender que, además de su edición local, Proa haya sido  lanzado en USA por el sello neoyorquino Wonderwheel Recordings. “Hay temas nuestros y remixes que han sido editados en otros sellos como el parisino Ya Basta! (propiedad de uno de los Gotan Project), el británico Kartel, Island Records, Crosstalk y Nacional Records”, completa Leonardo, egresado del Conservatorio Manuel de Falla. Para él “definitivamente hay mucha más apertura que a hace 10 años. Como contrapartida a ese efecto de la ‘globalización’ del que tanto se hablaba en aquella época, con los años sobrevino el gusto por descubrir las diferencias culturales. Lo exótico, lo diferente a nuestra cotidianeidad se jerarquizó”.

Además, en relación a esa afinidad conquistada por Tremor en tierras extrañas al los ritmos originarios de Argentina y el continente, Martinelli remarca: “Tengo claro que si hemos tenido la suerte de poder llevar nuestra música a otros 15 países, en parte es porque nuestra propuesta tenía un margen de exoticidad, sea en el sonido como en el formato en vivo, que no es precisamente guitarra, bajo y batería, ni tampoco el típico proyecto de música electrónica.

Con una puesta que combina sintetizadores, bombo legüero, teclados y sachaguitarra –entre otros infinitos instrumentos- Leonardo concluye en que un milenario hilo que hilvana las culturas y le permite a un sonido como el de Tremor poder llegar a cualquier lugar del mundo: “Me parece que aunque no se entienda al detalle la diferencia entre una chacarera y un gato, se puede percibir lo que tiene que ver con algo ancestral, con algo que tiene tiempo, espacio y “sabor a tierra”. Creo que esto se percibe y es emotivo, poderoso”.

Juan Relmucao

BURRA