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¡UNA CUMBIA PARA LLEVAR!

Para nuestro cumple 100 llegó este texto de Sara, una colombiana que cayó a la Argentina y se copó con nuestra interpretación del género cumbiambero.

Los pibes

De los colombianos dicen tantas cosas como de los argentinos, que nada los sorprenda, por favor. Para el mundo nosotros la producimos y ustedes la consumen. Hablo de fruta, obvio. Pero también me gustaría decir que la cumbia es nuestra, aunque esto sea prepotencia. Si bien Colombia es el principal representante de este género musical por su ascendencia afro, pocos conocen ese ritmo del caribe colombiano que hace vibrar los espíritus y Argentina no es ajena a ese celo estruendoso que se tiene por la música “de uno”.

Cuando llegué a Argentina por primera vez lo hice con varias ideas en la cabeza, entre todas esas sobresalía una que me decía “la cumbia argentina es basura”, incluso la negaba: “Los argentinos no tienen cumbia, son puro Cerati”, y para sorpresa de mis compatriotas la vida me cambió absolutamente cuando me estrellé con la verdad de sus ritmos populares. Otra idea que llevaba en la cabeza al dejar mi tierra caribeña era que no me iba a negar la posibilidad de ser parte de este país que por años soñé con conocer. No como una turista adinerada que solo va por Puerto Madero ¡NO! Así no funciona la vida. Detrás de la arrogancia argentina existe un pueblo cargado de memoria, de lucha, de resistencia y sabor, sabor argentino, popular, de la calle, de la villa, de su gente noble.

En esa idea de ser parte de este país me desligué de todo lo que podía impedirme disfrutar de los argentinos y sus tradiciones. Me faltó quitarme la ropa, chicos, pero casi. Fue cuando me encontré escuchando “con lo’ parlante en la vereda” a Damas Gratis, Mala Fama, Flor de Piedra y Yerba Brava, por nombrar solo algunos. Es por esa razón que yo necesitaba escribir sobre canciones que me cambiaron la vida. Temas que me llevaron a bailar en la mitad de una calle hasta las 7am con los brazos abiertos la cumbia argentina que alegra el corazón. Soy colombiana, pero argentina también, disculpen mi atrevimiento pero así lo creo.

Flor de Piedra fue lo primero que me aprendí: “No lo puedo creer vos ya no sos el vago, ya no sos el atorrante al que los pibes lo llamaban el picante, ahora te llaman botón” y a ellos les siguió Yerba Brava: “En los pasillos de la villa se comenta, que el pibe cantina se ganó la lotería. Ya no pasea con su bici despintada, no usa su gorra, ni zapatillas desatadas”. Pero lo que en definitiva no podía faltarme para vibrar era Damas Gratis ¡Que grande que es Pablito! y Laura con su tanga, esa que se le ve y el humo de ese fasito que lo hace llorar.

Ahora que no sos mala fama y cumbiero, usás ropa apretada y pelo corto bien gorrero”, con Mala Fama me di el lujo de aprender palabras importantes, decirlas, compartirlas y sentir como mía la cumbia villera.

Todo esto hace parte de la movida tropical de un país cuyos habitantes no tienen precisamente la fama de buenos bailarines, alguno argumentamos que les falta caribe, pero no por eso les falta sabor. Me hubiera gustado viajar en el tiempo a la fecha donde las bailantas argentina nacían. Tal vez tenía que hablar de una sola cumbia, pero me fue imposible. Mientras escuchaba a estos magníficos, no podía negarme un temita de Gilda ¡Ay Gilda! y hasta Ricky Maravilla.  Para hablar de la cumbia favorita de la gran Argentina es imposible no ver hacia el pasado y agradecer por el camino labrado con esfuerzo. El éxito popular vive en el pueblo, cuando la cumbia protestó y enamoró. Y lo sigue haciendo, no se crean.

Hoy estoy de nuevo en Colombia, por un tiempo, de mí no se han librado ¡Volveré! Y estando aquí me fue imposible no subirle volumen a la cumbia de la casa que durante un par de años me acogió. Mis amigos argentinos hicieron de mí una más en la familia, fue por eso que para despedirme pusieron a sonar: “Ha sido un día agitado me estoy muriendo de sed. En la esquina la vagancia tiene algo para beber”, y nos pusimos loquitos de alegría y nostalgia con Meta Guacha. La cumbia argentina evoluciona, crece, se recarga. Hay cumbia villera, hay cumbia pop (algunos la llamamos “cumbia cheta”) pero en su base es la cumbia nuestra. Mía por nacimiento y de ustedes por derecho. Dejémonos de tonterías la cumbia une y alegra corazones, por eso les pido ¡UNA CUMBIA PARA LLEVAR, POR FAVOR!

Sara Machado Duarte

BURRA