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Vivir Soñando / Rocío Quiroz

Rocio

Rocío te canta las cuarenta y lo hace en tu cara, perra. No le cabe una.

Cuando todo aburre por ser igual a lo demás, pero paradójicamente también aburre tratar de cambiar, aparece Rocío Quiroz. Te viaja desde el barrio, donde surgirán la mayoría de sus relatos, a las pistas de los boliches chetos en los que se corea el éxito de su primera placa “¿Quién la juna?”, así, de una, sin ninguna escala. Y cuando despierta minutos antes del amanecer, sabés que es muy tarde para seguir durmiendo y muy temprano para levantarse suena “Vivir soñando”, segundo álbum de Rocío.

Violas. Tordo de Massacre. Visualizás las salidas antes de entrar a cualquier lugar. La beldad de la  idea de que vos podés terminar con todo cuando vos quieras. La maravillosa omnipotencia. A Rocío la picotearon y volaron. Le hicieron “La de la paloma”. Le clavaron  dos palomas azules en el guasap. Canción con destino de paravalancha. Estribo catártico de alegría contradictoria, gedienta. Aguante.

A Rocío  no hay que darle la razón. Quiere seguir existiendo y sólo existe en el rebate, en el conflicto. Sólo existe mientras piensa en cómo contrarrestar tus argumentos.

“Se acabó de una vez el que se decía macho y se quedó tirado llorando en el suelo igual que lo hacía yo”. El macho no pega, ríen los ingeniosos jipis con sus pipas llenas de mota. Rocío te lo afirma en “Golpeadora”.

“Lávate la cara”. Te la agita entonando. “De sucias como vos, ya estoy cansada”. Suciedad. La inmundicia como elemento que, al menos, necesita ser procesado. A pesar de su aparente dureza, Rocío no es tan cruel. Dota de sentido, de existencia a su rival. La corporiza y le atribuye una característica, le dice sucia. ¿Podrá limpiarse? ¿O lo que parece perdido no merece ser salvado?

 “Vos no podés hablar, no podés discriminar si para llegar  a tu casa no te embarraste”. Barrio pride. Rocío te invita a su condado para que dejes tu huella de Vans y te lleves una parte suya. “La villa no es para cualquiera”. Preparate porque esto no es una lecturita de poesía en un living que es un centro cultural por la disposición municipal de tus mejores amigos y conocidos.

Vos quién te creés. Interpelación. Te vacila y te reza: “Pedazo de basura, embrollera, sos una calentona, una cualquiera, una putita más que me lo quería ganar”.  ¿Acaso el mejor estribillo del mundo después de “Dancing Kuin”?

En “Turra” aparece otra zorra. Parece que son plaga en el barrio, al igual que los  tatuajes con el símbolo de infinito en las calles de Palermo y los tatuajes calaqueros en los muslos de las wachas y los tatuajes de manga en los wachos.

Cierra el disco “No se mata”. Una declaración de principios como esto que hacemos que es el rock. Cumbia Quiroz anti aborto. Bajada de línea. El barrio es conservador por más que al progresismo de derpa no le guste ¿A quién creen representar las izquierdas? ¿Les re cabió? ¿Qué onda la impresión 3D? Y otras preguntas que no me importan responder en serio. “Me voy corriendo a mi casa, mi hijo se queda en mi panza, voy a criarlo yo sola, porque un hijo no se mata”.

Rocío no te la caretea. No te dora la píldora y te dice que va a estar todo bien. ¿Y sabés por qué? Porque no es así. Demasiado es para una mujer preocuparse porque le venga todos los meses como para también servir de consuelo universal ante una existencia incierta y, por momentos, despiadada. Salud Rocío.

 Iara Frías Campos

BURRA